<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340</id><updated>2011-11-11T07:16:53.720-03:00</updated><title type='text'>Cochero</title><subtitle type='html'>© Luís Adrián Betancourt.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>32</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-8276500956829419893</id><published>2007-11-19T07:46:00.001-03:00</published><updated>2011-01-06T10:50:16.694-03:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/R0Fpsu9ROJI/AAAAAAAAAvw/oa9qKmGlzkA/s1600-h/Cochero.JPG"&gt;&lt;img alt="" border="0" height="640" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5134501267419248786" src="http://3.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/R0Fpsu9ROJI/AAAAAAAAAvw/oa9qKmGlzkA/s640/Cochero.JPG" style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center;" width="468" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;© Luís Adrián Betancourt.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-8276500956829419893?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/8276500956829419893/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=8276500956829419893' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/8276500956829419893'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/8276500956829419893'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/blog-post.html' title=''/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/R0Fpsu9ROJI/AAAAAAAAAvw/oa9qKmGlzkA/s72-c/Cochero.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7205813588977825294</id><published>2007-11-18T11:38:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T11:58:35.301-03:00</updated><title type='text'>Macho</title><content type='html'>A mi madre le encantaba el café. Vivía pendiente de que no le faltara, primero dejaba de comer. Cuando le quedaba poco me llamaba para el encargo:&lt;br /&gt;-Oye Macho, vete pronto a la casa de Manuel y cómprale dos libras de Caracolillo.&lt;br /&gt;Ese Manuel vivía en Valle 21, casi esquina a San Francisco. Vendía un café aromático, acabado de tostar. Todavía hoy tengo el espíritu de esos granos metidos en la nariz. Todavía oigo los ruidos de mi madre al molerlos.&lt;br /&gt;Ella sujetaba la cajita entre sus piernas y daba vueltas y vueltas al molinito; y el polvo a caer y caer, y ella a cantar y cantar, con una voz tan suave. Cantaba para entretenerse. La música era otro vicio suyo, por eso llegamos a tener una vitrola en la finca. Se sabía la mar de canciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que Murga se ha muerto,&lt;br /&gt;yo digo que no, que no...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La letra contaba que el tal Murga merodeaba por las ciudades, y así fue juntando la fama que dio pie al canto con el que mi madre alegraba la faena.&lt;br /&gt;Cuando venía a ver, el polvo llegaba al tope de la cajita, y si la agarraba entretenida se le derramaba encima. Mi padre se reía de que ella le echara la culpa al molino. Con el tiempo le compró uno nuevo. Mi padre lo colgó en la pared y dijo:&lt;br /&gt;-Este sí es un molino.&lt;br /&gt;-Que ojalá y nunca le falte el grano-respondió mi madre.&lt;br /&gt;Y no estaba de más su deseo, porque rachas tuvimos buenas y malas; y a falta de café tomábamos cocimiento de naranja agria. Con eso se conformaba mi madre, pero no le daba por cantar.&lt;br /&gt;Era bonito ese molino, galvanizado, pintadito de verde. Colgado en la pared parecía un adorno.&lt;br /&gt;Mi madre se llamaba Juana Hernández, era natural de Las Palmas, Islas Canarias, y llegó a Cuba cuando tenía doce años. Aquí tuvo la suerte de enamorarse de un hombre tan bueno como mi padre, compatriota suyo que había venido por el 1800, con catorce años pero ya preparado para la vida.&lt;br /&gt;Mi padre se llamaba Ramón Fernández, era de San Román de la Llanilla, Santander. Todo el mundo le llamaba el Montañés, así firmaba sus papeles y así le gustaba que le nombraran.&lt;br /&gt;Es caprichoso el destino, porque siendo los dos españoles de cuna, vinieron a encontrarse a este lado del mar, en el barrio habanero El Vedado, que él conocía cuadra por cuadra. Primero por haber manejado los tranvías de a caballo, y luego como chofer de las guaguas La Unión, propiedad de don Pedro Antonio Estanillo, en la ruta Vedado-Habana. Mi madre montaba esa misma ruta para ir a su trabajo, que era la casa de una señora francesa muy adinerada.&lt;br /&gt;Por esos días de lo que más se hablaba era de la guerra. Se decía que por su culpa la miseria y el hambre acababa con la gente. Lo peor era que nadie sabía ni cómo iba a terminar aquella tragedia. Los españoles que por sus cojones, los cubanos que por los suyos, y todos a padecer.&lt;br /&gt;Ya mi padre sabía lo que era pasar trabajo y no se asustó. Lo sabía de cuando llegó a La Habana sin dinero, sin una buena recomendación, lo que se dice con una mano atrás y otra alante.&lt;br /&gt;Pasó cincuenta días enfermo, sin medicina, y luego quince días más buscando colocación, sufriendo calamidades y desprecios, hasta que se encontró con uno&lt;br /&gt;de Barcenilla que se lo llevó a trabajar a su fábrica de gaseosa cuando no había cumplido los quince. El estaba curado de espanto, pero la guerra metía miedo.&lt;br /&gt;La familia francesa a la que servía mi madre se asustó al saber que los mambises cogían fuerza, que los españoles ya no podían con aquello y que los americanos querían pescar en río revuelto.&lt;br /&gt;¿La guerra? Decir Martí, Maceo, era mala palabra en aquella casa. Le tenían terror sobre todo a los negros, que si eran medio salvajes, que si venían en cueros montando las bestias al pelo, que si eran vengativos, que no dejarían “títeres con cabeza”.&lt;br /&gt;Ni los españoles se amedrentaron tanto como aquellos franceses que de solo mencionarles la guerra caían en una tremenda pasión de ánimo.&lt;br /&gt;Como mi madre los había servido bien, quisieron hacer algo por ella antes de regresar a su país. No es por desdorar el gesto, pero a la francesa le sobraba dinero para hacer caridad. Tenía de todo. Su marido era dueño de varias joyerías, una de ellas muy nombrada, en la calle de Obispo. Así que un día la llamó y le dijo:&lt;br /&gt;-Mira, Juana, nosotros regresamos a Francia, que con un Haití ya tuvimos bastante; pero le hemos tomado aprecio y no queremos dejarla desprovista.&lt;br /&gt;Dígale a Ramón que le vendo una media manzana de terreno en doscientos pesos. Ahora apenas vale para nada, pero mañana le van a ofrecer muchísimo dinero por ese lugar. Es una inversión segura, porque La Habana viene creciendo en esa dirección, y cuando pase la guerra, el que sea dueño de esa esquina se hace rico.&lt;br /&gt;Pero mi madre desconfió. Si los franceses vendían ese pedazo del Vedado, era porque no podían llevárselo a París, porque todo lo demás lo estaban metiendo en baúles.&lt;br /&gt;Si no llega a ser por la guerra, ellos se mueren aquí de viejos, porque sol como el de La Habana no iban a encontrarlo en ninguna parte.&lt;br /&gt;Mi padre perdió esa buena ocasión de levantar cabeza. Le dio de lado a aquella esquina baracutey y lo que hizo fue meterse en el negocio de los coches, que de riendas sí sabía, por haber manejado tranvías y guaguas haladas por mulas.&lt;br /&gt;No le critico la decisión que tomó. ¿Quién iba a adivinar que el Vedado llegaría hasta donde llegó? El solar que los franceses le metieron por los ojos a mis padres estaba en Línea y 12, cuando aquello era pura manígua. Y no es exagerar que en la esquina de 11 y C había cuando aquello un ingenio ¡moliendo cañas en el medio del Vedado!&lt;br /&gt;El mejor reglo que esos franceses le hicieron a mis padres fue el de ponerse a vivir en la ruta del tranvía y propiciar que se encontraran, se enamoraran y llegaran a casarse en 1894.&lt;br /&gt;En el año de Baire tuvieron el primer hijo, Pascasio; en el 97, el segundo, Gerónimo, que nació en San Román de la Llanilla cuando mi padre viajó a España a capear la tempestad. Y yo fui el tercero.&lt;br /&gt;A las nueve de la noche del 19 de septiembre de 1899 nací, habanero de sangre canaria y montañesa; todo eso a mucha honra.&lt;br /&gt;Nací en la calle Buenos aires número 6, esquina a San Francisco de Paula. Me recibió en este mundo María Regla Moliné, partera de buena mano, graduada con alta calificación y amiga de la familia. Otra mulata vecina me puso el sobrenombre de Macho. Me bautizó un matrimonio de Santander, Modesto y Donata, que no tenían hijos y les sobraba el tiempo para los ajenos.&lt;br /&gt;El primer establo de coches lo tuvo mi padre en el 1905. Por ahí andaba todavía un cuño gomígrafo de Carrillo número 3, que era su dirección cuando el barrio estaba lleno de marabuzales y potreros.&lt;br /&gt;Carrillo es la calle Omoa, en la quinta Dependiente. Esa finca era tan grande, que abarcaba desde Agua Dulce hasta Alejandro Ramos. Como la quinta se estaba ensanchando, compraron la finca El Conde y fabricaron en sus terrenos el pabellón Gómez y otro para los locos.&lt;br /&gt;Cuando echaron las cercas para lindar sus nuevas propiedades, la calle Carrillo quedó dentro del hospital. La dejaron conforme estaba, no fuera a ser que el gobierno les reclamara .&lt;br /&gt;Si sucedía eso, no había más que derrumbar los muros nuevos. La calle volvía a ser calle y a salir a Agua Dulce como si nada. Pero nadie protestó, o sería que los dueños de la quinta soltaron dinero para que no pasara nada. El caso fue que la Dependiente se tragó esa calle.&lt;br /&gt;El dueño anterior de esos terrenos fue un señor de sangre azul, un conde que murió loco. El recuerdo que guardo de él es un susto. En su propiedad había matas de pitaya, esa fruta rosada muy dulce, de muchas semillas. Los niños siempre sabíamos dónde estaban las pitayas más dulces y maduras; y no importaba si había lomas o cercas o ríos de por medio, siempre sabíamos llegar a ellas. Ese día se nos ocurrió ir a comerlas a la finca del conde. Ya estábamos en lo mejor del banquete, cuando se apareció aquel hombre desaforado disparando su escopeta. Esa cerca no volví a saltarla.&lt;br /&gt;De cuando niño recuerdo cosas malas y buenas. Algo que nunca se olvida son los juegos. Con ellos también se aprende lo que es la vida. Mirar lo que hacen los gatos. Jugando la madre los enseña a cazar. También los entrena en la pelea. Mucha maldad de la vida se aprende en los juegos. Los padres y los maestros debían imitar más a los gatos. El adulto que juega con un niño no está perdiendo el tiempo.&lt;br /&gt;La quimbumbia se hizo popular porque era sencilla y barata, un entretenimiento de la calle que no se vendía en ninguna tienda, sino que podía sacarse de una escoba mocha.&lt;br /&gt;Nada más era golpear un palito, hacerlo saltar y en el aire meterle un fuacatazo. Algunos creen que es un juego de bobos. Todavía queda gente que si te ve en una tontería pregunta: ¿qué pasa, compadre, tú juegas quimbumbia, o empinas chiringa con hilo negro de noche?&lt;br /&gt;Existía el piquiniquén pisado, que tú recogías una lata vacía, la achatabas a golpe de piedra, y, cuando ya estaba bien plana, la tirabas lejos, para cualquier parte. El primero que la pisaba, ese ganaba.&lt;br /&gt;Estaba el trompo, de madera y con punta e hierro, afilada como las espuelas de los gallos, hecha para romper al contrario, para partir en dos al trompo del otro. Se bailaba con una pita, se tiraba con fuerza. Los muchacho nos poníamos furiosos, porque el juego no era ver lo lindo que bailaba el trompo, sino joder al otro, y hasta ojos sacados y cabezas rotas hubo con esa diversión.&lt;br /&gt;El chicote escondido era hacer un nudo con un trapo y desaparecerlo, y la gente a buscar. Si andaban despistados, el cántico era “frío, bien frío”, pero si le pasaba cerca: “¡que te quemas!”. Había el juego de la pesa. Le decía a uno: “ven, que te voy a pesar”. Te lo encaramabas encima y venían los otros con tablas a tumbarlo.&lt;br /&gt;La lunita era como el de los escondidos. Había una base y tenías que llegar a ella y tocarla antes de que te descubrieran y te gritaran: “¡te vi!”.&lt;br /&gt;Siempre se armaban discusiones, porque nadie quería perder, y salían con que tú no me viste; y el juego se acababa a tortazos.&lt;br /&gt;Esos juegos llegaban como las frutas, por temporadas, uno detrás del otro.&lt;br /&gt;Nadie sabía quién los empezaba o quién los terminaba. Llegaban y se iban lo mismo que las modas. Un día cualquiera amanecíamos con la pasión por las bolas, alborotados los muchachos del barrio, cada uno buscando las suyas.&lt;br /&gt;Luego venía la época de los trompos o la de los papalotes, que sí tenía que ver con el tiempo y de donde soplaran los aires.&lt;br /&gt;Yo tenía un saco lleno de bolas, y eso era como un tesoro. Cuando pasaba la temporada, las guardaba hasta la próxima después de contarlas.&lt;br /&gt;Había muchachos ambiciosos, querían tener más que los demás; eran como esas personas mayores que viven con el afán de ser más ricos. Entonces ellos hacían trampas, y hasta robaban por tener más bolas que los demás.&lt;br /&gt;Con las bolas se jugó al chocolongo, que era hacer un hueco en la tierra y meterle adentro las bolas. Por ahí hay muchachos que todavía cogen un palito, dibujan un redondel en la tierra y juegan al role.&lt;br /&gt;También se jugaba a la puntería. Para eso se guardaban las mejores bolas, los tiritos, y era un duelo a ver quién quemaba al otro. Ganaba el que tuviera más quimbe, así llegó a llamarse la puntería.&lt;br /&gt;Y no había otros tiritos como los que traía la gaseosa Chichipó. Esa fábrica de refrescos la abrieron por el 1906. Tapaban las botellas con bolas.&lt;br /&gt;Yo no sé cómo se las arreglaban para hacerlo; pero cuando la botella se llenaba, la bola subía y la tapaba.&lt;br /&gt;La gaseosa Chichipó se vendía a tres centavos. Había una bodega en la esquina de Jesús del Monte y Alejandro Ramírez, una casa viejísima de tablas y tejas.&lt;br /&gt;El dueño era un miserable, la tenía cogida conmigo. Yo iba a comprarle:&lt;br /&gt;-Dame una gaseosa Chichipó con sirope.&lt;br /&gt;-Para eso tiene que traerme la botella o un jarro.&lt;br /&gt;-¿Y por qué no me das la botella como a todo el mundo?&lt;br /&gt;-A todo el mundo sí, pero a ti no, Macho, que ya el año pasado los carreteros no querían dejarme la gaseosa, y, ¿tú sabes por qué? Pues porque las botellas iban a parar a la piedra china del Montañés.&lt;br /&gt;La piedra mentada era una que se procuró mi padre, porque todos los cocheros que doblaban en el pabellón Segundo Alvarez, para coger por Jesús del Monte, rompían los guardafangos al rozarlos contra las paredes del hospital. Para evitar eso, mi padre le encargó a un carretero –de nombre Adolfino Morales- que le buscara un buen pedruzco para ponerlo allí de guardaesquinas y obligar a los cocheros a separarse.&lt;br /&gt;Adolfino se apareció con aquella roca, una bola que medía como un metro. Mi padre dijo: “esa piedra va a ser ley, se acabaron los choques en la esquina”. Y allí íbamos nosotros a romper las botellas vacías de Chichipó y sacarle los tiritos. Hasta que ese ruin bodeguero se enteró y nos suspendió la venta.&lt;br /&gt;La culpa no era de nosotros, sino del que se le ocurrió tapar con bolas los refrescos.&lt;br /&gt;Las gaseosas venían del otro siglo. En tiempos de España, en la calle Figuras, se vendió gaseosa Pío Pío, que de tapa tenía como un patico y una goma blanca grande. No sé cómo cerraban esas botellas, con unas chapas jorobadas, extrañas; y dicen, porque no las vi, que con ese sistema salieron las primeras Coca Colas.&lt;br /&gt;La Coca Cola llegó a La Habana por el 1906. La había inventado, según razones, un boticario americano que después vendió la receta.&lt;br /&gt;Al principio la sacaron a granel y luego la embotellaron. Enseguida cogió tremenda popularidad por cuenta de una intriga que empezó a correr, acerca de un secreto que nada más sabían dos y no podían viajar juntos por si se mataban en un accidente.&lt;br /&gt;El misterio era un jarabe estimulante, a base de coca y de cola, una medicina que servía para los dolores de cabeza, la jaqueca, la neurastenia.&lt;br /&gt;La cola te levantaba el espíritu, lo malo era que enviciaba; no digo yo si tenía coca. Por eso tumbó a los demás refrescos, porque el que sentía sed pedía Coca&lt;br /&gt;Cola; menos yo, que prefería Chichipó.&lt;br /&gt;También pasábamos el tiempo con los juegos de tablero, y en una noche de frío, de lluvia, lo que se hacían eran cuentos o adivinanzas:&lt;br /&gt;-Tiene rabo y no es caballo, tiene corona y no es rey, tiene dientes y no muerde, adivina lo que es.&lt;br /&gt;-¡Lacabeza de ajo!&lt;br /&gt;-Entre pared y pared está el negrito José.&lt;br /&gt;-¡El clavo!&lt;br /&gt;-Oro parece, plata no es...&lt;br /&gt;-¡El plátano!&lt;br /&gt;Y los cantos qué lindos eran, qué bien sonaban cantados por las niñas, aquello de Dónde va la Cojita, o el Matarile, o la Pájara pinta, o el Señor Don Gato.&lt;br /&gt;Muchos de esos juegos y cantos los trajeron mis padres de las islas y las montañas donde nacieron y jugaron.&lt;br /&gt;Un recuerdo muy bonito que yo guardo de aquellos tiempos es la ilusión del Día de Reyes Magos. La noche del cinco de enero hacías tu lista de peticiones y la dejabas en el arbolito de Navidad o en el nacimiento del niño Jesús, y, a la mañana siguiente, ellos te dejaban los regalos debajo de la cama, cerca de tus zapatos. Muy temprano los niños alborotaban el barrio, era una gran fiesta, aunque dispareja, porque a todas las casas no llegaban los reyes.&lt;br /&gt;De dondequiera se sacaba diversión, de una soga, de un leño, las chatas –que eran latas aplastadas-, semillas, toneles vacíos, un charco, una cañada.&lt;br /&gt;Con las yaguas que caían de las palmas, inventamos trineos; y con ellos nos tirábamos por los barrancos. Por el 1906 vivíamos en una de esas casas con ruedas; y yo estaba pasándola muy bien, porque con el bautizo de mi hermano Agapito nadie se acordaba de mí y me dejaban hacer.&lt;br /&gt;Estábamos jugando un grupo de niños, todos varones, cada uno con su yagua; resbalábamos por el barranco mientras en la casa la familia entera se dedicaba a la celebración. Ese pedazo de tierra, donde caía el barranco, mi padre lo tenía arrendado a un mulato que acarreaba yaguas y palitos de tabaco. Por esos días le estaba vendiendo las yaguas a unos chinos que armaban cerca sus bajareques. Los chinos escogían las mejores yaguas y nos regalaban las malas, que nosotros amoldábamos para mandarnos loma abajo. Hoy recuerdo un lugar altísimo, pero tal vez no lo era tanto, porque la mirada del niño exagera los tamaños.&lt;br /&gt;Pues ese dichoso día, cuando más nos divertíamos, se apareció aquella cabrona mulatica, la hija de Mayito Valdespino, un cochero de mi padre –cubano que mordía de patriota- que cuando empezó la guerrita de agosto soltó los arreos de su coche y se fue a caballo a los tiros, con patriotismo suyo, pero caballo ajeno.&lt;br /&gt;Mayito era más mambí por dentro que por fuera, eso sí tengo que reconocerlo.&lt;br /&gt;Porque los veteranos se dividían en dos bandos: uno de ricos, negociantes, políticos, acomodados al buen vivir, que ya habían llegado a donde querían; y otro, el de los desarbolados, estancados a medio camino, a un paso de la miseria si no en ella.&lt;br /&gt;Aunque mi padre era español, quiso ayudar a Mayito, porque por encima de los bandos de la guerra, consideraba que era un hombre honrado y trabajador.&lt;br /&gt;Mi padre no le daba las riendas a cualquiera, primero lo pensaba diez veces, y aún así se equivocaba. Mayito era buen cochero, persona decente, y pacífico mientras no oyera un clarín.&lt;br /&gt;Mayito era un mambí sin bandera. Las había de oro, a cinco pesos, de plata a tres; pero él, sin usar ninguna, tenía todavía el pie en el estribo. Todo esto lo cuento para que se sepa qué clase de padre tenía aquella chiquilla que llegó al barranco tan arregladita, tan vestidita de blanco, tan pretenciosa para ser hembra.&lt;br /&gt;-Oye, Machito –me dijo- déjame montar, mira que yo nunca me he tirado encima de unas yaguas.&lt;br /&gt;-¡Váyase de aquí que este juego no es para niñas!&lt;br /&gt;-No seas malo, Machito, una sola vez y me voy.&lt;br /&gt;-¡Pues dije no, señora! Este juego no se inventó para mujeres, mejor váyase a hacer cocinaítos.&lt;br /&gt;Entonces ella empezó a llorar y saltar, metió una perreta para ablandarme; pero no le hice caso, hasta que se fue loma abajo, sin yagua, y, de ahí, a correr a decirle a su padre que yo la había empujado. ¡Para qué fue aquello! Mayito echaba candela. Eché a correr por el barranco. Tuve tan mala suerte que me enredé con un fondo de botella que me abrió en dos la espalda. Era una herida que metía miedo, hubo quien pensó que me moría. Tuvieron que darme 14 puntos en la Quinta Dependientes. Ese día, que empezó con fiesta y bautizo, por poco termina en tragedia y cementerio. Ni olvidarlo puedo, porque todavía cargo con la cicatriz.&lt;br /&gt;Ese fue un año malo para mí, poco después tuve que volver al hospital. Yo nada más tenía siete años cuando vi pasar la muerte tan cerquita. Me había comido una tanda de plátanos burros, y estaba completo, cuando llegó un tío mío que era tremendo borrachín, sacó su caneca de ginebra aromática y tuvo la ocurrencia de brindarme. Yo no quise hacerle un desaire, además, me gustó la fiesta, y le vacié la caneca.&lt;br /&gt;Al principio me sentí de lo más bien; pero después, tuvieron que correr conmigo para el médico. No tuvieron que llevarme, porque de la quinta lo mandaron. Unos vecinos les dijeron:&lt;br /&gt;-Vengan enseguida, que al Montañes se le está muriendo un hijo.&lt;br /&gt;Y volaron. Me vieron, me tocaron la barriga, a ver, saca la lengua, se viraron para mi padre:&lt;br /&gt;-Esto es un cólico miserere, no le garantizamos nada.&lt;br /&gt;Ya no contaban conmigo. Qué manera de dolerme la barriga. Pero no era mi día, sané, volví a los juegos y nunca más volví a tomar ginebra, ni de grande.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7205813588977825294?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7205813588977825294/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7205813588977825294' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7205813588977825294'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7205813588977825294'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/macho.html' title='Macho'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-5371431072916938844</id><published>2007-11-18T11:32:00.002-03:00</published><updated>2007-11-18T11:38:22.902-03:00</updated><title type='text'>La vida es como un vuelo de papalotes</title><content type='html'>Al recordar los juegos no se me podían olvidar los papalotes. Vienen del siglo pasado y todavía se les ve volar. El cielo se llenaba de colores en la temporada de los aires propicios, que empezaba con unos cuantos papalotes y a los pocos días había millones abejeando entre las nubes. A los grandes les llamaban coroneles. Había que amarrarlos a un poste para que la fuerza del viento no se llevara al muchacho. Se empinaban con hilo de carreta, porque otro no resistía.&lt;br /&gt;Los chinos eran buenos haciendo papalotes. Armaban obras de arte con flecos, dibujos, dragones, faroles, gusanos, mariposas con alas muy grandes.&lt;br /&gt;Se han inventado muchos juguetes, pero ninguno tan emocionante como ese de manejar un papalote por los aires. Un juego sano y bonito. Lástima que vino a afearlo la cabrona costumbre de querer joderse unos a otros.&lt;br /&gt;Sacaban medias lunas, lascas de los cubos de botella, las amarraban a las colas de sus papalotes, y a volar, a pegarse a los otros con la mala intención de pasarles la cuchilla, y a gritar: “¡a bolina!”&lt;br /&gt;Como si el cielo fuera tan chiquito que no cupieran en él todos los papalotes del mundo. Papalote que se iba a bolina, ya no tenía dueño, era del que lo alcanzara.&lt;br /&gt;Papalote ido, papalote perdido. Era la ley. Lo mismo que en la vida; de ahí debió salir aquello de tener la vida en un hilo, y cuando alguien se muere se fue a bolina.&lt;br /&gt;Se me hace la idea de que esa manía no la inventaron los niños, sino los mayores que, bajo el pretexto de cuidarlos y enseñarlos, entraron en el juego.&lt;br /&gt;La verdad es que nosotros nos metíamos en los suyos; en la lotería, por ejemplo, que servía para reunir a la familia y a los vecinos en las noches, cuando no se había inventado la televisión, la radio todavía era un lujo y ya estaba gastado el repertorio de cuentos de brujas y fantasmas.&lt;br /&gt;Jugar a la lotería era irse la noche sin darte cuenta. Uno sacaba la ficha de la bolsa y cantaba el número; y el que lo tenía marcaba el cartón con un frijol, con un maíz. Y venga el otro, y el otro, hasta que alguien completara una línea. Luego la cogieron con no mencionar los números. Si salía el 15, cantaban niña bonita; el 9 elefante; el 12 mujer mala; 13, tocar madera; el 44, cuácara con cuácara; y así.&lt;br /&gt;Hacíamos apuestas de a centavo y más aspaventaba el ganador de doce o trece quilitos, que el jugador que ganaba en un casino miles de pesos en la ruleta.&lt;br /&gt;A mí no me gustaban tanto los juegos como los caballos. Yo halaba para los establos, soñaba con tener unas riendas en la mano. A veces me pasaba toda la noche sobre el lomo de una bestia, o en el pescante de un carruaje o domando algún potro difícil, y cuando me despertaba, me parecía que era verdad.&lt;br /&gt;Tampoco tuve mucha vocación para el colegio, nada más llegué hasta el cuarto grado. El primer colegio al que asistí, en 1906, estaba en Correos y Redención.&lt;br /&gt;De ahí me pasaron para la Quinta de los Molinos, pero al presidente José Miguel Gómez se le ocurrió abrir una exposición lindísima por el año 12, y mudaron la escuela para Cerro y Tulipán donde hoy hay una capilla.&lt;br /&gt;En la calle Santa Rosa estaba el colegio de las hembras, y a una cuadra, el de los varones. Mi maestra era la señora del director, y con una barriga de este tamaño, ya casi para parir, había que decirle señorita. ¿Señorita de dónde, señor? Pero era la disciplina.&lt;br /&gt;Mi padre también me daba enseñanza, pero a su manera. Tenía muchas leyes acerca de cómo se debía tratar a las personas, agradecer un favor, ayudar a los necesitados, cumplir la palabra que se daba o el juramento que se hacía, y también acerca del no dejarme engañar.&lt;br /&gt;Cuando le cumplíamos, nos llevaba a pasear, a una fiesta, a visitar a unos amigos, a un buen cliente. Un lugar que me gustaba mucho era el canal de Vento. Hoy está ahí mismo, pero ir a paso de caballo era como ir al fin del mundo.&lt;br /&gt;Pero más que los paseos y los juegos a mí me llamaba la atención la vida del establo. Tenía apuro en crecer nada más por verme con las riendas de un coche en las manos.&lt;br /&gt;El primer animal que tuve fue un burrito que se llamaba Perico.¡Qué animalito más bueno! Me llevaba a todas partes. Nada más se daba conmigo. Si venía otro a montarlo se agachaba y lo botaba por encima. Después rebuznaba como diciéndole: “para que no te vuelvas a equivocar conmigo”&lt;br /&gt;Yo no soltaba a Perico y tanto di con el burro para allá y para acá, que mi padre se encabronó y lo vendió al primero que lo quiso, y en lo primero que le ofrecieron, que fueron ocho tristes pesos.&lt;br /&gt;Después aprendí a montar caballo. Nadie me enseñó, eso fue cosa mía, de meterme en el establo y darme cabezazos hasta que por fin lo hice. No fue tan fácil como lo del burro Perico, pero le puse mucho empeño. Lo que no logre el hombre es lo que no se lo propone.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-5371431072916938844?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/5371431072916938844/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=5371431072916938844' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/5371431072916938844'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/5371431072916938844'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/la-vida-es-como-un-vuelo-de-papalotes.html' title='La vida es como un vuelo de papalotes'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7143746816313459031</id><published>2007-11-18T11:32:00.001-03:00</published><updated>2007-11-18T11:32:44.662-03:00</updated><title type='text'>Ese caballo me mandó al Hospital</title><content type='html'>Me confié porque el caballo parecía noble y por creer que sentarme encima de una montura era ya ser jinete. Al final los golpes son los que enseñan. Se me fue la mano de las riendas, que no es como dicen unos, las riendas de la mano. Y el caballo me mandó al hospital.&lt;br /&gt;Hospital es un decir, porque los españoles y sus parientes siempre íbamos a parar a las quintas. Mi padre me llevó a la Dependiente, al pabellón Gómez, que entonces estaba acabado de hacer, de dos plantas.&lt;br /&gt;En mala hora me llevaron allí, porque acabando de oír el médico la historia de la caída, se paró y dijo:&lt;br /&gt;-Este se reventó.&lt;br /&gt;Me pusieron a dieta, no me dejaban probar bocado. Nada más me traían un vaso lleno de una cosa blanca y unos dulces de engaño, que lo que llevaban por dentro era candela.&lt;br /&gt;Y en esa pena llevaba ya como cuatro días, sin que me dieran nada de comer, cuando me di cuenta de que el remedio iba a ser peor que la enfermedad.&lt;br /&gt;Qué manera de sufrir mirando hartarse a los demás. Llegaba el enfermero con una libreta grande donde apuntaba los gustos de los pacientes. El enfermo pedía tal plato, y ese era el que le traían; como si estuviera en un hotel. Cuando me tocaba a mí, cerraba de un tirón la libreta.&lt;br /&gt;-A usted ni le pregunto.&lt;br /&gt;Lo mío era el vaso blanco y los dulces agrios.&lt;br /&gt;-¿Y se puede saber hasta cuándo?&lt;br /&gt;-Hasta que diga el médico.&lt;br /&gt;El que pasaba la visita era un médico que tenía la mala fama de ser zoquete. Y no estaba equivocada la gente, porque al final, el hombrecito resultó tan atravesado, que murió por la mano de un enfermero. Conmigo se portó muy mal. Un dia le pregunté de la mejor forma:&lt;br /&gt;-¿Y yo cuándo cómo?&lt;br /&gt;-¡Eso sí que está bueno! –respondió el zoquete- ¿Usted vino a hartarse o a curarse?&lt;br /&gt;-Pudiera ser que a las dos cosas-le dije encabronado-, porque comer no es ningún delito.&lt;br /&gt;-No será delito- siguió insultándome el zoquete-, pero si vino a curarse ni piense en comer. Y si vino a comer se equivocó; porque esta es una quinta para enfermos, no una fonda de chinos para hartones.&lt;br /&gt;Ahí mismo se acabó el ingreso. El director de la quinta formó tremendo alboroto. Que tenía que esperar, que podía estar reventado, que con esa pierna así ni me atreviera a dar un paso, que si mi padre se enteraba la iba a pasar mal, que por nada del mundo me daba el alta. El alta me la di yo esa misma noche. Si llega a pasarme cuando vivíamos al lado, nada más era salir andando por la puerta para afuera; pero como ya nos habíamos mudado, tuve que llamar a Bertha al establo de los franceses y pedirle que me mandara un coche enseguida.&lt;br /&gt;Llegué después de la media noche a mi casa; mi padre estaba despierto esperándome, porque ya estaba avisado. Quería pegarme, obligarme a volver a aquel martirio. Me corrió detrás por toda la casa, pero ni eso ni el respeto que le tenía me asustaba más que el recuerdo del hambre y los malos tratos del médico.&lt;br /&gt;Todos los de la quinta eran amigos nuestros, como de la familia. Suárez, el mayordomo; Aedo el administrador. Los médicos visitaban mi casa, se quedaban a conversar, a comer.&lt;br /&gt;Menos mal que no estaba reventado. En aquellos tiempos la medicina era más de suerte y adivinanza que de sabiduría. No había estos adelantos de hoy ni siquiera en España.&lt;br /&gt;En el año 1909 mi hermano Gerónimo se enfermó, y mi padre lo mandó a Santander para que lo vieran médicos buenos. Allí le dijeron que tenía un catarro metido en el pulmón izquierdo. No habían descubierto los antibióticos, ni la sulfa se conocía. El tratamiento que le pusieron fue darse tintura de yodo en esa parte del pulmón tres días sí y dos no, y tomarse unas cucharadas de jarabe, que tomara bastante leche, que comiera yemas de huevo con jugo de carne y que se divirtiera mucho. Gerónimo se curó y anda por los noventa.&lt;br /&gt;Las recetas que daban los médicos eran fórmulas que el boticario componía al Momento. La quinina la mandaban para todo, para el cansancio, las debilidades, la falta de apetito. Hasta los caballos de los establos cogieron quinina.&lt;br /&gt;Me gustaba ir a las boticas, siempre había una sorpresa, regalaban abanicos para el verano, cancioneros, almanaques, libritos con chistes y adivinanzas, y caramelos de azúcar candy.&lt;br /&gt;No hacía falta comprar para recibir uno de estos regalos. Cualquier niño del barrio llegaba al mostrador, pedía, y el boticario sacaba un puñado de caramelos. A eso de las diez de la mañana ya no había caramelos en la esquina de Tejas.&lt;br /&gt;Fue muy bueno que los españoles de cada región se asociaran para ayudarse con la medicina, y las casas de recreo. Así se defendieron de las enfermedades, conservaron sus cantos, su música y se mantuvieron unidos.&lt;br /&gt;En los libros de mi padre puede verse la cantidad de veces que salía en coche rumbo al Centro Montañés. Y también eran muchos los clientes que pedían viaje para ir a una quinta, ya fuera para verse con el médico o para visitar a un enfermo.&lt;br /&gt;La quinta La Integridad fue de las primeras que abrió sus puertas en La Habana, en el barrio El Capricho, en la ladera del Castillo del Príncipe, donde Zapata entra en Carlos III. Ese barrio se llamó El Capricho por una bodega – con muchísima clientela- que hubo con ese nombre, propiedad del viejo Antonio. Esa bodega estaba en Zapata número 3. Cuando se acabó la Guerra de Independencia, hicieron allí una casa de apartamentos.&lt;br /&gt;La quinta La Purísima la abrieron en Vigía y Príncipe, que al final no sirvió, porque no tenía buena comunicación. Entonces el presidente Machado la cogió para almacenar chinos allí. A ellos nunca les gustó. La gente por joderlos les gritaban:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Chino, pa’La Purísima!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Coño e male!-contestaban los chinos que se los llevaba el diablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los terrenos de El Ferro, que eran de José Mazorra, dieron cabida a los locos.&lt;br /&gt;La quinta Covadonga es viejísima, empezaron a hacerla en el 95, en una finca que el almacenista de tabaco, Valle, le regaló a la Sociedad Asturiana. Entonces las tierras eran muy baratas, hasta un medio podía valer el metro, pero de todas maneras ese fue un gesto que los asturianos le reconocieron, y, hasta el otro día, estuvo en la entrada de la quinta una estatua que le hicieron a Valle frente a su mujer.&lt;br /&gt;Desde que se organizaron en el tiempo de España, en lo primero que pensaron los asturianos fue en abrir una quinta. Esa idea tiene que haber venido de Claudio Delgado, un médico que había trabajado con Finlay.&lt;br /&gt;Santovenia también es de esa época. Yo no pensaba ni nacer cuando entró a la bahía una flota de guerra rusa. Se cuenta que los zares la mandaron para darle en la vena del gusto a un príncipe. Dicen que desembarcó en canoa por el Muelle de Caballería y fue directo a la casa que habían preparado para alojarlo, que era precisamente Santovenia, la casa de unos condes.&lt;br /&gt;Allí se daban fiestas grandísimas, que duraban hasta la salida del sol. Se llenaba aquello de carruajes de lujo. Luego esa propiedad la cedieron a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y Santovenia se convirtió en asilo.&lt;br /&gt;Me viene a la mente la quinta Balear, del tiempo de España, de los que llegaban de las islas Baleares. Su primer pabellón lo fabricaron en la quinta del Rey, en Concha y Cristina, donde después hubo un depósito de camiones de La Lechera. En La Balear hubo un médico que se hizo famoso porque mataba a los locos incurables.&lt;br /&gt;En el 1909 se fundó el Centro Castellano, que la quinta la tenían en Arroyo Apolo, igual que los canarios; y en 1910, los montañeses también abrieron su casa en el Paseo del Prado. Tenían música y bailes de Cantabria, una biblioteca grandísima y una estudiantina que fue muy mentada. Allí iba mi padre a juntarse con los de mi pueblo. Luego venía hablando de lo que había oído. Mi padre nunca dejó de ser montañés. Cuando se levantaba con Santander en la cabeza había que oírlo. Por ahí todavía andan las cartas que le escribía a la familia en San Román de la Llanilla y las que recibía de allá contando de los parientes, de la romería del Loreto, las ferias, los amigos de la calle Santa&lt;br /&gt;Clara, la escuela de Castillo.&lt;br /&gt;Yo estoy seguro de que al morir, en una quinta española, lo que estaba en el último pensamiento de mi padre, era un paisaje de Santander.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7143746816313459031?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7143746816313459031/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7143746816313459031' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7143746816313459031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7143746816313459031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/ese-caballo-me-mand-al-hospital.html' title='Ese caballo me mandó al Hospital'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7214128060509906494</id><published>2007-11-18T11:15:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T11:24:06.712-03:00</updated><title type='text'>El establo de la Ermita</title><content type='html'>Cuando mi padre mudó sus coches para la Ermita de los Catalanes en el año 1911, todo lo que es hoy la Plaza de la Revolución José Martí, no pasaba de ser un reguero de fincas, potreros, lecherías, corrales, barrancos y árboles.&lt;br /&gt;La finca donde fuimos a vivir se llamaba La Huerta. Era inmensa, abarcaba todo el terreno entre la calzada de Ayestarán y la avenida de Rancho Boyeros, desde el Comité Central hasta la Biblioteca Nacional.&lt;br /&gt;La casa estaba en medio de una arboleda grandísima, en el mismo lugar que hoy ocupa el edificio del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.&lt;br /&gt;Un día al, al pasar por ahí, se me ocurrió decirle al soldado de la posta:&lt;br /&gt;-Aquí viví yo.&lt;br /&gt;Y el guardia me miró como diciendo: “lo único que me faltaba, un viejo loco”&lt;br /&gt;Pero qué se iba a imaginar. Mi casa era de mampostería, de altos y bajos, grande y cuadrada. Solamente la sala medía ocho por ocho metros, el doble de cualquier habitación de casa particular. Y estaba llena de pasillos y cuartos y tenía una terraza muy linda con una vista de bosque verde, un paisaje que hoy no te encuentras dentro de la ciudad ni siquiera en las casas más ricas.&lt;br /&gt;El comedor era fresco y grande y el patio ni se diga. El techo todo de tejas, sin una gotera. La única vez que esa casa se mojó por dentro fue cuando azotó el ciclón del 26.&lt;br /&gt;La cocina trabajaba con carbón y tenía una chimenea bien alta para que no humeara dentro de la casa. No se me olvida ni un rincón de esa finca que tanto me gustaba.&lt;br /&gt;El comedor era inmenso, debido a que los cocheros almorzaban con nosotros.&lt;br /&gt;Mi madre les cocinaba. Mi padre, contento, porque de esa manera todos eran puntuales. Y los cocheros agradecidos, porque la Ermita era entonces un lugar aislado y la fonda más cercana estaba en infanta y Carlos III.&lt;br /&gt;Nuestros cocheros dormían en la finca, porque tenían que levantarse muy temprano y hasta allí no era fácil llegar. Era preocupación de mi padre que los empleados estuviesen cómodos; mi madre les servía sábanas limpias como en cualquier hotel.&lt;br /&gt;Un día un dueño de establo amigo de mi padre le aconsejó:&lt;br /&gt;-Oye, Montañés, dándole cama a tus cocheros y quinina a tus caballos vas a ir a la ruina.&lt;br /&gt;Pero no fue eso lo que acabó con su negocio.&lt;br /&gt;Los coches de mi padre eran de establo, no de alquiler ni piquera. Ellos nada más hacían viajes por encargo, y de regreso a casa ni por centenes podían los cocheros recoger a desconocidos.&lt;br /&gt;El servicio se pedía por teléfono, ya funcionaba la planta de Águila y Dragones.&lt;br /&gt;Los clientes llamaban al A-4140, o al A-1736, decían sus nombres, a dónde necesitaban ir y a qué.&lt;br /&gt;Su nombre, porque había que recogerlo a la hora y lugar en que él señalara.&lt;br /&gt;Destino porque se necesitaba saber qué tipo de coche, cuál caballo y cuál cochero se prestaba para el viaje. Y a qué iba, porque cada servicio tenía sus diferencias. No se vestía igual el cochero para una fiesta que para una diligencia, no iba el mismo cochero a una boda que a un entierro. Mi madre trabajaba en el despacho de los coches. Recibía los encargos y los pasaba a una pizarra grande con un creyón que le colgaba al costado, amarrado a un hilo grueso para que no se extraviara.&lt;br /&gt;Con el creyón iba anotando los pedidos. Por ejemplo: “coche para la señora Catana a las dos de la tarde, a una diligencia en el Vedado”, y coche para Don&lt;br /&gt;Cosme de la Torriente, a las tres de la tarde, a una reunión en Columbia. “Esas dos eran carreras para mi padre y con buen coche. La señora Catana, por amistad; y Don Cosme por su importancia, lo mismo que el general Ducassi, mister Ortíz, el de los ferrocarriles, José Gómez Penabad y otros clientes de primera.&lt;br /&gt;Por cada encargo se le hacía una tarjeta al cochero para que conociera bien cuál iba a ser su itinerario y qué ropa debía ponerse. Ellos se levantaban tempranito, mi madre les servía el desayuno y se reunían con mi padre. Si era un día bueno les decía:&lt;br /&gt;-Salen todos. Que no me den una queja.&lt;br /&gt;Y repartía las tarjetas.&lt;br /&gt;Casi siempre era un día bueno, porque teníamos mucha clientela. Por eso mi padre siempre estaba pensando en conseguir nuevos coches y nuevos caballos.&lt;br /&gt;A veces eran tantos los pedidos, que no dábamos abasto, pero por nada de la vida mi padre le decía que no a un cliente. Lo que hacía era que le alquilaba coches a otros establos; aunque eso no siempre salía bien, porque la competencia no era cosa de amigos ni de caballeros.&lt;br /&gt;Por el año 11, mi padre se disgustó con un dueño de establo, Balboa, porque mi madre le pidió un coche para salvar un compromiso y él le respondió que no tenía. Pero, a esa misma hora mi padre estaba visitando a un amigo. Este llamó a Balboa y enseguida le sirvió. Desde ese día no existió para mi padre el establo de Balboa, y cogió la obsesión de juntar dinero para mandar a armar nuevos carruajes y conseguir mejores caballos.&lt;br /&gt;Volviendo a lo del despacho. Los cocheros que tenían tarjeta para entierros se vestían con pantalón de punto, librea, un platón en el pecho y botas; los de bautizo, algo parecido. Los de boda, con traje blanco; para Vis a Vis halado por caballos moros, también blancos y vistosos.&lt;br /&gt;En las bodas, si el cochero era bueno, el caballo marchaba pomposo que daba gusto.&lt;br /&gt;Y en algunos casos, cuando el cliente lo pedía, el servicio de boda iba con paje, para abrir la puerta del coche cuando la novia montara y después cuando se bajara en la iglesia. Se vestía igual que el cochero, de blanco, y su bombín era de color café con leche y no negro como se usaba en los otros casos.&lt;br /&gt;Eran lujos que se iban perdiendo. Mi padre hizo mucho por mantenerlos, pero cada vez le costaba más caro.&lt;br /&gt;Antes de la guerra, según razones, los entierros eran todavía más encopetados.&lt;br /&gt;De niño llegué a ver en los establos, ya pasados de moda, los uniformes de cocheros fúnebres, parecidos a los de los soldados antiguos, de esos que salen en las películas de castillos y caballeros.&lt;br /&gt;Aquellos no eran carros de muertos, sino carrozas fúnebres, muy trabajadas, obras de artistas, con angelitos llorones en el techo. Llevaban dos parejas de caballos fuertes y la puerta de atrás era de un cristal grueso especial.&lt;br /&gt;En los entierros de niños y de mujeres señoritas usaban las carrozas blancas, por ser ese el color de la pureza. El dorado se usaba para llevar a los mayores.&lt;br /&gt;Con el tiempo un día se dieron cuenta de que la muerte no tiene color y le metieron negro a todo el mundo. O gris, para variar un poco.&lt;br /&gt;El ropaje del cochero también tenía que ver con el muerto. Si el entierro era de un niño, el cochero iba de colorado con medias largas y blancas y zapatos de corte bajo con un hebillón delante. Si el muerto era un adulto, el traje del cochero era verde. En todos los casos se llevaba el sombrero de tres picos.&lt;br /&gt;Los clientes también necesitaban mucho el servicio de casaca. Eso era que el cochero salía de paisano, sin librea, por un viaje corriente, una diligencia que no necesitaba lucimiento.&lt;br /&gt;Nadie es capaz de imaginarse hoy las cuentas que tenía que sacar mi padre para llevar correctamente todo aquello, vestir a los cocheros, cuidar de los caballos, darle mantenimiento a los coches y mandar los mejores servicios.&lt;br /&gt;Y no es que se perdiera dinero, porque negocio era negocio, pero tampoco se ganaba mucho. Ya por el año 16 fue que los ingresos pasaron de veinte pesos diarios; pero sacando las cuentas finales, en comparación, había más gastos que ganancias, porque si entraban 600 pesos, 500 eran para pagar los gastos del fregador, el caballericero, las curaciones de los animales, la herrería, los talleres de reparaciones, las piezas de repuesto, la alfalfa, la luz, el teléfono, las pacas de heno, las chapas para poder circular, los alambres para tender las cercas, las ropas del personal, que si un caballo le daba por morirse, las multas, los accidentes, el sueldo de los cocheros y mil compromisos más. Decía mi padre que todo se volvía trabajar y pagar.&lt;br /&gt;Aunque los coches eran de lujo, los precios no estaban tan altos. Teníamos una tarifa. Para las visitas o diligencias que duraran tres horas y media, 3 pesos. A una función de teatro, 4 pesos, porque había que esperar a que terminara la obra para traer a casa el cliente, y en eso le cogía la una de la madrugada. Los entierros, bautizos y casamientos se hacían por tres pesos. Un paseo de dos horas valía 4; de tres horas, 5; y de tres horas y media 5 pesos y cincuenta centavos.&lt;br /&gt;Teníamos otras entradas de dinero, pero no muy importantes ni seguras, porque la finca producía huevos, carneros, leche de chiva, carbón y en la época de los mangos las matas parían hasta para hacer dulces.&lt;br /&gt;Todo esto lo sé porque me acompaña la memoria, pero además ahí tengo los libros de mi padre, todos los papeles que llevaba, sus cuentas, los pagos que hacía, las compras con sus precios, cada viaje de coche con la ruta, el cliente y demás datos, y un diario a donde iba a parar casi todo lo que le pasaba por la mente. Mi padre nació para escritor, aunque cogió otro camino. Nada más hay que leer lo que escribía. El habría hecho este libro mejor que nosotros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7214128060509906494?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7214128060509906494/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7214128060509906494' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7214128060509906494'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7214128060509906494'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/el-establo-de-la-ermita.html' title='El establo de la Ermita'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-6762872108689530998</id><published>2007-11-18T11:06:00.002-03:00</published><updated>2007-11-18T11:15:33.700-03:00</updated><title type='text'>Los vecinos</title><content type='html'>Alrededor de La Ermita vivían muchas familias de renombre. La finca que nos quedaba al frente, donde ahora está la Biblioteca Nacional se llamaba La Merced; y su propietario era Juan López Domínguez, un canario famoso.&lt;br /&gt;Donde hoy está la Terminal de Omnibus, era la finca La Misericordia, y en ella vivía el coronel Aranda, que se casó con una hija de Petrarca Sañudo; y un día, váyase a saber por qué desavenencia, la mató.&lt;br /&gt;La Sañudo fue una mujer tremenda. Grande, gorda, una mula de fuerte y una leona de carácter era esa señora. A pesar de que por dos veces tocó a su puerta la desgracia, ella mantuvo su temple.&lt;br /&gt;Muy triste es la historia de esta familia. Los padres murieron cuando el tiempo de España, los dos asesinados por su propio yerno el marido de Petrarca.&lt;br /&gt;Desconozco el motivo de aquel crimen. A Elizardo Muñoz no le hacía falta matar a nadie por dinero. No sé por qué le dio esa idea de asesinar a los suegros, pero estoy seguro de que no fue para ganar nada, porque tenía de todo. De su casa de San Rafael y Amistad, el dinero salía por barriles, carretones llenos, todo directo para la cuenta de su banco.&lt;br /&gt;Elizardo también tenía muchas tierras. Los alrededores de la actual Terminal de Omnibus eran suyos, por la calle 10 y 12 a 23, toda la parte que va por la avenida 26 hasta el cementerio chino era suya; lo mismo que el otro terreno grande por la calle 25. La mitad del cementerio de Colón salió de sus donaciones de terreno. Además era dueño de muchas casas y comercios.&lt;br /&gt;Cuando cometió el crimen, La Sañudo le dijo:&lt;br /&gt;-Ni muerto quisiera verte salir por esa calle de San Rafael.&lt;br /&gt;Dicen, yo no lo vi, que cuando Elizardo salió libre, se dio la mejor vida que pudo, que tenía criados, un cochero que lo paseaba todos los días por La Habana y una negra bonita que lo bañaba mientras él le decía: “suavecito, faraona, suavecito”.&lt;br /&gt;Pero esos son chismes que se oyen en los coches, y quién sabe si son inventados para pasar el rato. Nosotros no estamos escribiendo un libro de historia, nada más estoy revolviendo el montón de recuerdos que están en mi cabeza.&lt;br /&gt;Elizardo murió como a los 95 años. Dos agencieros lo bajaron por la calle Amistad. Yo vi su entierro. Nada más era de gente encopetada, gente de bomba como él.&lt;br /&gt;La Sañudo era distinta, porque siendo una gran señora, también de gran fortuna, no se daba tanto piste ni se preocupaba por aparentar lo que era. Al contrario, con tanto dinero, se vestía como la habanera más pobre. Si usted la veía por ahí, no se podía ni imaginar que fuera una mujer tan rica. Usaba mucho un vestido color cucaracha con un trapajo negro en la cabeza, que no era la moda, ni sé si era una maña o si tenía que ver con alguna religión o costumbre de otro país.&lt;br /&gt;Una hija suya estaba casada con Loynaz del Castillo, dueño de una finca grandísima por los alrededores de Capdevilla. Tenía otro hijo, una persona muy correcta, que después fue maestro masón. Y esta otra pobrecita, que murió por la mano del coronel Aranda.&lt;br /&gt;¡Cuánta desgracia tuvo que soportar Petrarca! El marido la dejó huérfana, y Aranda le mató a la hija. No es para juego. Ella le pronosticó:&lt;br /&gt;-Con todo lo coronel que tú eres, todo el tiempo que yo viva tú te lo vas a pasar en la cárcel. Yo sé que cuando me muera tus amigos te van a soltar, tus influencias y tu dinero van a comprar tu libertad, pero hasta entonces vas a estar pagando caro tu deuda.&lt;br /&gt;Y así fue.&lt;br /&gt;Por los rincones de La Ermita vivió sus últimos años don Cipriano Méndez, cochero que mi padre recogió cuando ya nadie lo quería. Era un viejito muy viejito, con grandes patillas blancas y lo único que tenía como suyo era una yegua llamada Bruja y la amistad de mi padre, que le valió para no ir a la muerte como un harapiento.&lt;br /&gt;Yo era un muchachito cuando Cipriano llegó al establo y me divertía ver como le gritaba al animalito:&lt;br /&gt;-¡Bruja, bruja!&lt;br /&gt;Y la yeguita venía obediente y bajaba la cabeza.&lt;br /&gt;Algunos no entendían por qué mi padre hacía esas obras de caridad. Una noche oí quejarse a los cocheros:&lt;br /&gt;-Así que El Montañés no nos pasa una, mientras que a este escombro de viejo lo trae al establo, le da de comer y no le exige.&lt;br /&gt;Yo no me quedé con eso, se lo pregunté a mi padre. No solo por don Cipriano, sino por otros amigos suyos que estaban en caso parecido. Y él me respondió que a todos los hombres no se les podía medir con la misma vara, que ese viejo merecía el trato que estaba recibiendo.&lt;br /&gt;Ya no daba más don Cipriano. Se murió en julio del año 12. Como a las seis y media de la mañana se puso muy mal. Un cochero de nombre David, el maestro de obras Leoncio Salas y el albañil Félix Gutiérrez Arias, más conocido por Fito el de Pilar, por ser hijo de la vecina Pilar Arias, cargaron con el viejo que ya se moría. David salió a toda rienda para el Hospital Número Uno, que hoy es el Calixto García, pero ya don Cipriano iba muy mal. Como a las dos y media de la tarde siguiente murió.&lt;br /&gt;Julio del año 12 fue un mes malo, porque el mimo día en que enterraban a don Cipriano, Tomasito Gutiérrez Arias, el otro hijo de Pilar, mató de una puñalada, a las doce de la noche, a nuestro vecino Florentino Muñíz, dueño de una bodega de La Ermita de los Catalanes llamada El Cañón.&lt;br /&gt;Según oídas, que no lo cuento para que se me crea, ese crimen fue movido por las faldas de una mujer llamada Lola. Y ese hijo de Pilar, después de cumplir su condena, como era hombre de trabajo, llegó a ser delegado en los muelles de La Habana.&lt;br /&gt;Florentino el bodeguero era un buen hombre, muy decente y luchador. Ese mismo día que lo mataron había estado en nuestra casa muy tempranito. Vino a pedirnos un favor. Lo menos que se imaginaba era que la muerte lo estaba esperando. Fue a casa y le dijo a mi madre:&lt;br /&gt;-Juana, présteme el cepillo de carpintero, que quiero poner un mostrador nuevo antes de irme a España a ver a mi madre.&lt;br /&gt;Nunca más volvimos a ver el cepillo, porque de ahí Florentino fue a parar al cementerio. El muerto y el matador eran amigos del barrio. Todavía no me explico por qué a ese muchacho se le ocurrió hacer esa salvajada. Mi madre lloró mucho cuando lo supo. Las cosas que tiene la vida. Un hijo de Pilar corriendo para tratar de salvar a un viejo, y el otro preparando un asesinato.&lt;br /&gt;Y siguiendo el tema del lugar, lo más curioso del paisaje era la iglesia. Fue la que le dio el nombre de La Ermita de los Catalanes. Estaba donde justamente ahora hay un semáforo, en la calle Paseo como quien va para La Habana. Es propiedad de la Beneficencia Catalana. La virgen de los catalanes era negra, y la iglesia muy bonita. La levantaron allí en 1921. Cuando Machado la cogió con urbanizar la Plaza Cívica, la mudaron piedra a piedra para una loma que está frente al Río Cristal.&lt;br /&gt;¡Cómo ha cambiado la finca!, ya de ella nada más queda el cielo y algún árbol viejo que de milagro siga en pie.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-6762872108689530998?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/6762872108689530998/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=6762872108689530998' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/6762872108689530998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/6762872108689530998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-vecinos.html' title='Los vecinos'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-8694176769283846874</id><published>2007-11-18T11:06:00.001-03:00</published><updated>2007-11-18T11:06:19.149-03:00</updated><title type='text'>El pie en el alto pescante</title><content type='html'>El pescante estaba tan alto y yo era tan bajito, que me dio pasión de ánimo, pero no le cogí miedo. Ese había sido mi sueño, verme sobre los coches, porque ya de caballos creía saber bastante. El otro requisito para ser buen cochero era conocer bien La Habana, saber ir a la dirección que te pidieran; y eso ya yo lo tenía bien aprendido de cuando salía a cobrar todas las cuentas del establo .&lt;br /&gt;Cogí resuello, me encomendé a Dios, me impulsé, y cuando vine a ver ya estaba arriba, con las riendas en las manos. Me dio por reír. Después me dije:”Macho, ya tú eres cochero, así que ¡arrea!&lt;br /&gt;No se me ocurre con qué comparar la emoción de sentir que le estás hablando al caballo y él te entiende, que le hace caso a tu mano, que te conoce y por eso lleva el carruaje a donde quieras y como quieras.&lt;br /&gt;Siempre traté de hacer un buen papel, de cumplir con mi oficio, de ser un cochero responsable, de confianza.&lt;br /&gt;Y eso lo conseguí, porque al poco tiempo de andar por las calles de La Habana, ya los clientes le pedían a mi padre:&lt;br /&gt;-Oigame, montañés, mejor me manda al cocherito. Y cuando yo oía eso me ponía que no cabía en el traje de cochero.&lt;br /&gt;Tal vez no me pedían solo porque trabajaba bien, sino porque le daba gracia salir de paseo llevando como cochero a un muchachito. Los cocheros viejos protestaban: “cómo van a mandar a la calle a este vejigo”. Pero a mi padre le gustaba que me pidieran. Antes de salir a un servicio me advertía que nunca bajara del coche delante de las autoridades para que así pudiera disimular un poco mi tamaño.&lt;br /&gt;De todas maneras, por más preocupaciones que tuve, más de una vez llamaron al establo para que me fueran a recoger a alguna estación de policía.&lt;br /&gt;Mi padre iba, pedía la multa, pero otra vez los clientes preguntaban por el cocherito y yo volvía a las riendas.&lt;br /&gt;El primer encargo me lo dieron en el año 15. Mi padre le dijo a mi madre:&lt;br /&gt;-Juana, hoy dale tarjeta a Machito.&lt;br /&gt;Fue como si viera a Dios. Me alisté en dos minutos. El viaje era para la calle Monte, para dar servicio al entierro de una niñita, la hija de Chacho, dueño de la refinería de azúcar de Pardo. Por esa época, y hasta la década del 20, la costumbre era velar a los muertos en las mismas casas donde habían vivido. Ya después de este entierro perdí la cuenta de los viajes que di, aunque algunos se me quedaron estancados en la memoria por alguna razón, un percance, un mal o buen momento.&lt;br /&gt;Un lugar que no se me olvida es el café La Diana, que estaba en la esquina de Águila y Reina. Era un café muy famoso y concurrido, se mantenía abierto día y noche. Allí fue donde aprendió a cantar Barbarito Diez. En el café tocó por muchos años Antonio Romeu.&lt;br /&gt;Nosotros íbamos todos los días al café La Diana a recoger unos tanques llenos de sobras, que eran la comida para los puercos y las gallinas de la finca. La Diana era un recado que a nadie le gustaba oír. Un viaje sucio, pero necesario. Por culpa de un mal cochero que quiso huirle a ese servicio tan feo, tuve un altercado hasta con mi padre. Ese cochero vivía en mi casa, recibía todas las consideraciones, era como de la familia. Se llamaba Manuel Ortega, pero todos le decíamos Guerrilla. Mi padre lo llevó a trabajar al establo por quince pesos y la comida. Era mulato, tendría unos treinta y pico de años y le huía al trabajo como el ratón al gato ¿Que hacía falta meterle el brazo a algo? No contaran con Guerrilla. A él buscarlo en la sombrita, durmiendo, o cerca de la cocina. ¡Haragán hasta morirse! Dondequiera lo veías tumbado, zafando el cuerpo. Nada más se le podía mandar a viajes cortos. No fueras a mentarle la playa de Marianao, el Vedado, Palacio, Puentes Grandes, Guanabacoa, porque enseguida tenía una excusa en boca.&lt;br /&gt;-Guerrilla, una diligencia a Columbia.&lt;br /&gt;-¿A Columbia? ¿Tan lejos? ¡Qué va! ¡Se me planta el caballo!&lt;br /&gt;¡Mentira! Quien se plantaba era él y luego le echaba la culpa al animalito que no podía defenderse.&lt;br /&gt;Guerrilla le tenía tanto miedo al trabajo como si fuese él quien halara su coche. Si llega a nacer caballo, para lo que más hubiera servido era para tasajo.&lt;br /&gt;Entonces iba pasándola muy cómodo. Mi padre lo dejaba hacer, hasta que un día le tocó dar ese viaje a La Diana por el rancho, y como para colmo, había un mal tiempo, se le ocurrió cambiar el turno conmigo. Yo sabía por dónde venía, pero así y todo le dije:&lt;br /&gt;-Está bien. Yo voy a La Diana y recojo las sobras. Pero ya sabes que mañana tienes que salir por mí tempranito.&lt;br /&gt;-¡Palabra de hombre!&lt;br /&gt;Aquella noche se estaba cayendo el cielo a pedazos.¡Qué manera de llover!&lt;br /&gt;Cuando salí de La Ermita eran como las diez y no veía lo que tenía delante de mis narices. El pobre caballo estaba asustado; nunca había visto tanta agua.&lt;br /&gt;Los viajes a La Diana tenían que ser de noche, porque antes de las diez Sanidad no permitía esos servicios. Por ese rancho apestoso el café cobraba seis pesos al mes y había que traerlo como fuera; porque de eso dependían los animales de la finca, de los que también comía Guerrilla.&lt;br /&gt;Esa noche cumplí mi parte de compromiso. Al otro día me despertó la sorpresa de que Guerrilla se sentía muy mal y de ninguna manera podía pagarme el favor.&lt;br /&gt;Lo que pasó fue que esa mañana cayeron en el establo más solicitudes que nunca. La vida es así, todo el mundo llamando. Un montón de entierros, bodas, paseos, bautizos, diligencias, de todo. Castigo de Dios, porque el haragán trabaja doble. Sin querer había cambiado la vaca por la chiva. Pues Guerrilla no fue a ninguna parte. Lo que hizo fue plantarse. Le dio un mal repentino.&lt;br /&gt;Yo salí. En definitiva el trabajo nunca me ha asustado, porque para asuntos de riendas, que me llamaran, y porque era el establo del Montañés, que no podía quedar mal con nadie.&lt;br /&gt;Pero cuando iba por esas calles empecé a pensar que en este asunto también mediaba una cuestión de honor. No era solo un viaje más o menos, sino hacer o no el papel de comemierda. El colmo era dejarse poner rabo por un cochero como Guerrilla. Fui cogiendo vapor, y cuando regresé le dije:&lt;br /&gt;-¿Y el trato que hicimos?&lt;br /&gt;-Amanecí enfermo, Machito.&lt;br /&gt;-Y no sales a trabajar.&lt;br /&gt;-Qué más quisiera yo, pero no puedo.&lt;br /&gt;-Pues no sales hoy, ni mañana, ni pasado, ni más nunca en tu vida sales a la calle con un coche de este establo.&lt;br /&gt;Ahí empezamos a discutir, hasta que mi madre bajó para intermediar:&lt;br /&gt;Caramba, Manuel, parece mentira que se ponga así con el muchacho después que él se empapó anoche buscando el rancho de La Diana.&lt;br /&gt;Pero Guerrilla seguía plantado. Mentarle trabajo era como llevarle el gato al agua. Y ni delante de mi madre, a quien tanto le debía, cedió.&lt;br /&gt;Guerrilla siempre se salía con la suya, estaba acostumbrado a que mis padres le dejaran pasar todas las majaderías. Fue a ver al Montañés, pero yo detrás.&lt;br /&gt;Le hicimos todo el cuento, cada cual como lo sentía. Mi padre no le dio mucha importancia a aquello, pero yo sí. Entonces no me dio más salida que ponerlo a escoger:&lt;br /&gt;-Si Guerrilla sigue en el establo, yo me voy de la casa.&lt;br /&gt;El no esperaba eso. Y sabía que mi palabra valía más que la del otro. Además, yo tenía a mi madre de mi parte. Vamos, de parte de la razón.&lt;br /&gt;Mi padre trató de ablandarme, pero no cedí. Al contrario. Por poco me entra a golpes por el berrinche tan grande que le monté esa mañana. Hasta que poco a poco empezó a comprender que aquello había sido una puñetería imperdonable.&lt;br /&gt;Hasta ese día trabajó Manuel Ortega, más conocido por Guerrilla, en el establo de Ramón Fernández, más conocido por El Montañés. La calle estaba muy mala, pero él se lo buscó, por haragán y tramposo. Más pena me dio por mi padre, aunque él también salió ganando; yo no podía dejarme avasallar por un sinvergüenza.&lt;br /&gt;La ropa se compra, el caballo se doma, un coche roto, se remienda, todo tiene remedio menos nacer sin honor. Saliendo Guerrilla por su puerta, mi padre cayó en la preocupación por el caballo Minuto, uno de los mejores que hasta ese momento estaba a cargo del Guerrilla.&lt;br /&gt;-¿Y ahora qué hago, Machito, con ese animal?&lt;br /&gt;-Pues dámelo.&lt;br /&gt;-¿Usted no se ve muy chiquillo para querer manejar un caballo como Minuto?&lt;br /&gt;-Haga la prueba, padre, antes de hablar.&lt;br /&gt;-No tengo que hacer ninguna prueba, me basta con mirarte el tamaño.&lt;br /&gt;-Si es así como usted mide a sus cocheros, se hubiera quedado con Guerrilla; y si no tiene en quién confiar, pues mande a Minuto para el potrero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-8694176769283846874?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/8694176769283846874/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=8694176769283846874' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/8694176769283846874'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/8694176769283846874'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/el-pie-en-el-alto-pescante.html' title='El pie en el alto pescante'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-3519785753567528592</id><published>2007-11-18T10:34:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T10:55:34.130-03:00</updated><title type='text'>Los caballos</title><content type='html'>Me gané a Minuto y lo supe llevar. Pronto me di cuenta de que Guerrilla no merecía ni el caballo que trabajaba.&lt;br /&gt;Hoy los caballos son unos ceros a la izquierda, ya ni se lo echan a los leones del zoológico; pero, en la época del establo, tener una montura entre las piernas era lo mismo que llevar hoy el asiento de un carro bajo el fondillo, salvando que el caballo tiene mente.&lt;br /&gt;El caballo es tan importante, que por donde quiera se oyen dichos con él: que si a caballo regalado no se le mira el colmillo, que caballo grande, ande o no ande, guarda pan para mayo y maloja para tu caballo. Hasta los políticos agarraban los caballos para hacer su propaganda electoral. Y que un hombre anduviera montado o a pie hacía ver si era un don señorón o un fulano cualquiera. En el figurao rondando a una muchacha bonita, no podían faltar ni el coche ni el caballo. Boda con pocos coches no era boda importante. Casa sin establo, no era mucha casa. Los coches y los caballos andaban por esas calles hablando de lo que eran sus dueños; y eso lo cuidaban mucho sobre todo los millonarios, que hasta encopetaban a sus cocheros.&lt;br /&gt;En el año 1905 cuando se formó el Partido Liberal, toda la propaganda y el alboroto que hicieron la gente de Zayas y de José Miguel Gómez fue a caballo.&lt;br /&gt;Una vez yo anduve con la caballería de Menocal. Éramos como 500 o 600 jinetes cuando aquello que se cantaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ahí viene el mayoral, sonando el cuero.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no entendía de política ni estaba afiliado a ningún partido, pero me gustaba el trote y me fui con ellos. Y qué mal me caía aquella conguita que sacaron los machadistas que decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A pie, a pie, a pie,&lt;br /&gt;se acabaron los caballos,&lt;br /&gt;a pie, a pie, a pie,&lt;br /&gt;no me duelen ni los cayos.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con eso nada más ya Machado la tenía perdida conmigo. A eso, sumarle lo abusador que era.&lt;br /&gt;En el establo El Montañés, de la finca La Huerta-en La Ermita de los Catalanes-, el caballo tenía bien reconocida su nobleza y su maña. De esos animales respetables tuvimos muchos. El primero que me viene a la mente es ese que me encargaron cuando Guerrilla tuvo que irse.&lt;br /&gt;Minuto era un señor caballo. Tengo una foto suya halando un Milord.&lt;br /&gt;Lástima que esté borrosa y no sirva para el libro. Yo lo recuerdo clarito como si lo estuviera mirando delante de mí, con esa estampa de pura sangre que tenía.&lt;br /&gt;El Duo era un americano aficionado a las carreras y lo había entrenado para las apuestas. El jockey no se le montaba encima, sino que iba detrás, sentado sobre un carrito de dos ruedas, de esos que le dicen arañitas.&lt;br /&gt;Minuto llevaba una marcha elegante, fácil, entendía bien al amo, pero de tanto corretearlo bajo el sol lo dejaron ciego y ya nada más le quedaba el camino de los coches.&lt;br /&gt;Cómo se sentiría el pobre, al verse metido en un establo de coches –aunque fuera de los de lujo, como el de mi padre-después de haber sido caballo de pista.&lt;br /&gt;Minuto no era un caballo cualquiera. Según cuenta la historia, el dueño era un americano que vivía en Cienfuegos y le sacaba muchísimo dinero en las carreras. Pero la gente, mientras más tiene, más quiere; y el pobre caballo siempre andaba de trote en trote, zumbándose todo aquél sol hasta que perdió la visión. No era ciego de ojos blancos, sino azules; y nadie se daba cuenta de su defecto por lo bien que trabajaba.&lt;br /&gt;Llevando a un borracho para la Habana Vieja, no quiso creerme que el caballo era ciego. No le dije nada más; pero él siguió con la duda, hasta que de la roña que cogí le contesté:&lt;br /&gt;-¡Compadre, bájese y pregúntele a él!&lt;br /&gt;Tan borracho estaba el hombre, que se bajó y me hizo caso. Yo halé la rienda de Minuto y él le dijo que sí con la cabeza. Y tan emperaltado estaba el cliente, que subió de nuevo convencido.&lt;br /&gt;A simple vista se veía que Minuto era caballo de raza. Yo no sé cómo, a pesar de lo noble y lo bueno que era –y todo lo que le había hecho ganar al americano-cuando vio que ya no podía ganar en las carreras se deshizo de él, lo vendió con coche y todo. Lo vendió caro, pero lo que duele es la acción. Minuto fue un caballo fatal, no se mereció ir a parar al americano de Cienfuegos y mucho menos a Guerrilla.&lt;br /&gt;Acabado de comprar en 800 pesos, ya le ofrecían 900 por él a mi padre cuando una libra de arroz valía cuatro centavos y un chorizo cinco.&lt;br /&gt;Entre cien caballos que teníamos entonces en La Ermita, Minuto se afamó enseguida como el mejor. Le pusieron ese nombre porque hacía un kilómetro en un minuto. Más que un fotingo corría.&lt;br /&gt;Por el año 17, cuando Minuto estaba entero todavía, dí una carrera que jamás en la vida la igualaría otro caballo de coche. Fue precisamente en el café La Diana, ese que nos vendía las sobras todas las noches. Pero de día íbamos allí a hacer muchos servicios, y a cualquier hora, porque estaba abierto.&lt;br /&gt;La Diana venía de la colonia. Los dueños eran Belarmino y su cuñado José Fernández, el mismo que luego levantó el restorán en 1830.&lt;br /&gt;José Fernández no acostumbraba ir a los entierros, pero parece que se vio en el compromiso y pidió coche. Tanto lo pensó para decidirse, que faltaban 25 minutos y todavía estaba con los pies en la calle.&lt;br /&gt;-¿Me puede llevar a tiempo para que no esperen por mí?-preguntó.&lt;br /&gt;Si llego a ir con otro caballo no sé lo que le hubiera respondido, pero iba con Minuto. Le dije al marchante que montara. Del café de Reina y Aguila al portón del cementerio de Colón fuimos en 7 minutos.&lt;br /&gt;Fernández miró el reloj y se quedó pasmado. Me pagó el trago, el tabaco y hasta me dio dos pesos de propina por lo agradecido que estaba.&lt;br /&gt;A Minuto no había ni que tocarlo, con sonar la boca nada más ya entendía.&lt;br /&gt;No era caballo de fusta sino de palabra. Pero cuando lo cogieron mis hermanos casi acaban con él. Entonces mi padre me llamó un día.&lt;br /&gt;-Macho, suelta a Tres Medallas y vuelve a hacerte cargo de Minuto a ver si lo arreglas un poco.&lt;br /&gt;Nada más de cogerle las riendas me conoció. Pobrecito. Qué maltratada le habían dado, por no darse cuenta de que un caballo no es como un fotingo de hierro que camina a patadas.&lt;br /&gt;Por esos días que me dieron a Minuto, fuimos todos a un entierro grande, un chulo que le dio por morirse en San isidro. Fue mucha gente, porque los chulos eran personajes de roce, lo mismo se codeaban con un bandido de callejón, que con un senador de la República. Fue tanta gente a ese entierro, que tuvimos que pedirles coches a varios establos.&lt;br /&gt;Yo llevaba de pasajero a un amigo de mi padre, Antonio Ruíz, dueño de dos cafés cantantes cuando estaban abiertas las zonas de tolerancia.&lt;br /&gt;Ibamos por Reina y Belascoaín, cuando de repente se plantó Tres Medallas con Cheíto de cochero. Lo que nunca en la vida me hizo a mí.¡Nunca!&lt;br /&gt;Pero Cheíto no era dueño de aquella rienda. Ser cochero no es dar fusta y gritar, como ser panadero no es darle vueltas a la harina. Todos los oficios tienen su maestría y lo primero que uno tiene que hacer para llegar a ello es respetarse mucho. Y en el caso del cochero, también respetar al caballo y al cliente.&lt;br /&gt;El cochero al que se le planta el caballo es un jalariendas.&lt;br /&gt;Yo pasé cuando estaba armado el pugilato y me puse endiablado. Vi cuando&lt;br /&gt;Cheíto se apeó con toda su calma, cogió las riendas con sus manos y pasó la línea del tranvía que Tres Medallas se había negado a pasar. Y todo ese show mientras el policía de tránsito daba el paso a la gente y gritaba mil insultos. ¡Qué vergüenza! ¡Un cochero pasando a pie la línea del tranvía! ¡Un cochero de La Ermita! ¡Un cochero del Montañés! Yo me puse rojo como un tomate, pero Cheíto iba contento, como si desfilara. Luego volvió al establo tranquilo y&lt;br /&gt;borracho, más pena traía el caballo. Lo miré y me dije para adentro: “ya se volvió a joder Tres Medallas, en qué malas manos ha caído”&lt;br /&gt;Yo levanté a Minuto a fuerza de cuidado y buen trato. Ya estaba entero. Iba a cualquier parte; pero un día mi hermano Pascasio me lo desgració.&lt;br /&gt;Pascasio salió disparado, porque se le hacía tarde para un viaje. Iba volando rumbo a Ayestarán y, cuando fue a cruzar la calle, se le atravesó un hijoeputa que venía en su camioncito recogiendo ropa de tintorería. Se enredaron en esa esquina y el que salió pediendo fue el pobre Minuto.&lt;br /&gt;Volví a trabajar con Tres medallas, aunque ya estaba medio muerto. Así y todo se podía confiar en él. Eso lo demostró un día que pidieron coches para entierro a las dos de la tarde en Ánimas y San Nicolás. El tramo de allá al cementerio de Colón era bastante corto, así que arreglé a Tres Medallas y me lo llevé a ese servicio. Luego me dijeron que el muerto no era cubano, ni chino, ni español y que ese entierro no iba para Colón, sino para el cementerio de los turcos.¡Fue como si me echaran un cubo de agua fría en la cabeza!&lt;br /&gt;Si me llega a pasar cuando estaba al cuidado de Tres Medallas, que lo tenía llenito, peladito, bien cuidado, contento. Pero ya estaba matado, no era ni su sombra, tenía la mirada ida, todo el costillar afuera.&lt;br /&gt;Empecé a acariciarlo y le dije: “¿tú sabes a dónde vamos? ¡Al cementerio de los turcos! Pero no te amilanes, que no pienso resolver esto con fusta, que hay cocheros que la merecen más que tú.”&lt;br /&gt;Me imaginé que iba a perder el viaje y, con un poco de mala suerte, quizás hasta el caballo. Pero ya estaba en camino, y mi coche, si algo no tenía era marcha atrás. Cuando salimos nada más iba pensando y calculando si llegábamos o no. Cogimos por Galiano para arriba, luego bajamos por la calle Ángeles, fuimos buscando el rumbo de Luyanó. Yo estaba seguro de que la loma del Potosí no la subíamos de ninguna manera, ni con Dios empujándonos; pero Tres Medallas la subió. Le sacaba ese esfuerzo un relincho que daba lástima, pero no se plantó. Y eso que ni la rienda le tocaba, lo dejaba así a la marchita. Yo sabía que él haría lo posible, y hasta donde llegara, hasta ahí llegaba yo.&lt;br /&gt;El cementerio de los turcos era unos kilómetros más allá del cementerio de Guanabacoa. Hoy en guagua es todavía una tirada larga, así que en coche, con un caballo maltratado, era como para encomendarse a todo el cortejo celestial.&lt;br /&gt;Tres Medallas llegó al cementerio turco medio muerto, nada más con el espíritu, pero no hizo un papelazo. Y encima de eso los otros cocheros del establo regañándome;&lt;br /&gt;-¡Pero Macho! ¿A quién se le ocurre traer aquí a ese caballo?&lt;br /&gt;-¿Y qué iba a hacer, dejar embarcado al marchante?&lt;br /&gt;Además, yo no lo traje, me trajo él a mí.&lt;br /&gt;Poco después, ya separado para el potrero, murió Tres Medallas.&lt;br /&gt;Garibaldi también fue buen caballo, aunque un poco arisco, de ahí le salió el nombre, por rebelde. A mí nunca me gustó. Era grande, que los cocheros tenían que treparse encima de un cajón para colocarle los arreos y el cabezal.&lt;br /&gt;Mi padre lo compró en el año 16, en la calle Marina. Pagó 119 pesos por él a Pancho Miseria, un hombre que no había ganado ese apoyo por gusto, sino por ruín y sarnoso.&lt;br /&gt;Sampallo también fue uno de los mejores caballos del establo hasta el mismo día en que murió en plena faena. Se le cayó redondo a mi hermano ahí mismo, en el Callejón del Pescado. Eso es después de Infanta, un tramo de vía cortico que va de Estévez a Universidad.&lt;br /&gt;Ahí mismo se abrió de patas Sampallo y en la caída le rompió las barras al coche, acabó con los arreos y fastidió la carrera que llevaba, que era un inspector de Sanidad, muy amigo de la familia, vecino de la calle Estévez.&lt;br /&gt;Cuando se lo contaron a mi padre se quedó pensando. No podía ser que un caballo como ese, tan fuerte y sano, se muriera de repente. Empezó a hacer averiguaciones hasta que dio con el misterio: el pobre animalito había sido asesinado con veneno .&lt;br /&gt;La maldad de envenenar caballos fue ocurrencia de un mal nacido que le había pedido a mi padre cuatro monedas, cuatro centenes, lo que venía siendo veintipico de pesos.&lt;br /&gt;Mi padre le negó ese préstamo y la reacción que tuvo fue la de envenenarnos cuatro de los mejores caballos. Uno por cada centén. Como para que todo el mundo se diera cuenta de que aquella matazón de caballos había sido una venganza.&lt;br /&gt;En esa corrida nos envenenaron a Caramelo, a Alazán, al Mulato y a Sampallo. A esta hora todavía yo no sé de qué medios se valió el muy maricón para meterse en el establo y envenenar a los caballos.&lt;br /&gt;Para reponer a los animales perdidos, mi padre compró a Tres Medallas, Los Arroyos y otros dos caballos de los corrales de Pancho Miseria. Y era reponer a medias, porque los caballos perdidos ya eran de coches y estos estaban por domar. Mi padre casi siempre me encargaba esa faena o la hacía él. A mí me gustaba, porque me ayudaba a entender más a los animales.&lt;br /&gt;Yo domé un caballo tan arisco, que al verme en el enredo, Mercedes, la que fue mi novia- y luego mi mujer-empezó a gritar:&lt;br /&gt;-¡Quítenle esa bestia, que lo mata!&lt;br /&gt;Ese día llegué a La Huerta como a las diez y media de la mañana y al poco rato llegó El Coleto, un individuo que se dedicaba a los negocios de establo. Yo estaba tomando el desayuno en los altos de la casa cuando alguien me avisó que por el patio andaba buscándome. Bajé a ver qué quería; y él, muy orgulloso, como buen vendedor, me enseñó el caballo que traía.&lt;br /&gt;La verdad es que estaba sanito, con buenos dientes, aunque un poco ciego. El&lt;br /&gt;Coleto nada más hacía hablarme del cuero, pero no de lo que llevaba por dentro. ¿Cómo iba a vender un caballo tan vistoso en solo once pesos? Yo le buscaba lo malo de esa baratura; pero El Coleto me tenía mareado con su cuento, de que si era una ganga, que no me iba a arrepentir, que si tenía buena pinta. Lo que no me dijo es que ya lo había propuesto a los funerarios y lo devolvieron porque manoteaba y pateaba.&lt;br /&gt;Yo sabía que El Coleto me estaba jugando la mala de alguna manera, pero pensé: “total, ¿qué son once pesos? me hago la idea de que se me perdieron”.Y lo compré. Nada más de ponerle la mano encima descubrí lo que ya sabían los funerarios. Ellos más que nadie tenían que ser cuidadosos al escoger los caballos, porque en medio de un entierro no era bueno que se alebrestasen.&lt;br /&gt;Los cocheros viejos que me vieron pagarle al Coleto dijeron:&lt;br /&gt;-Machito, perdiste el dinero.&lt;br /&gt;Y empezaron con las burlas y el choteo, y ahí mismo se me metió en la cabeza enderezar al animalito.&lt;br /&gt;Cuando El Coleto soltó aquel caballo en medio de La Ermita, no había quien lo tocara. Le fueron a poner el sillín y lo largó. Vino otro con la cuellera y le pasó lo mismo. No tenía paz con nadie. Y El Coleto metió su dinero en la bolsa y dijo apurado:&lt;br /&gt;-Me voy, Macho, porque este negocio ya se cerró.&lt;br /&gt;Yo agarré al animal y empecé a darle picadero y picadero, vueltas y vueltas con la soga hasta que se quedó como emborrachado. Traté de ponerle el sillín y lo botó. No entraba en razones. Me enredé con él a como fuera. Ahí fue donde llegó Mercedes, se asustó mucho y empezó a gritar.&lt;br /&gt;Así estuve tres días seguidos, nada más empecinado en hacerle creer que el caballo era él, hasta que por fin la mañana del cuarto día me miró como diciendo: “ganaste”, y se dejó enganchar en el coche. En honor a la verdad, fue el caballo que más trabajo me dio.&lt;br /&gt;Le tenía tantas ganas, por lo que me había hecho pasar, que lo llevé a todo lo que le daban las patas por la Calzada de Vento –en esa época un paraje solitario- y fui hasta Capdevila, que entonces era como decir el fin del Mundo.&lt;br /&gt;Me tomé una Coca Cola y con la misma regresé al trote. Como lo habré puesto, que al llegar a Tulipán y Santa Teresa me entró a patadas. Por poco me parte la pierna, porque ya no aguantaba más abuso.&lt;br /&gt;Al trote llegué a La Ermita, y encima de eso le hice una animalada; porque con lo cansado que venía, le quité los arreos y lo amarré debajo de una mata de chirimoya muy linda que había cerca de la casa. Lo puse como a la una y media a coger fresco y eran las siete de la noche y todavía estaba resollando.&lt;br /&gt;Pudo haberle dado una pulmonía, porque no es saludable hacerle eso a un caballo después de haberlo trotado. Tenía que haberle dejado los arreos puestos hasta que pasara el sofoco.&lt;br /&gt;Ya era noche cuando fui a verlo y todavía estaba resoplando como un fuelle.&lt;br /&gt;Le acaricié la cabeza y la sacudió asustado. Ya tenía bastante. No se murió porque era fuerte. Me arrepentí de haber sido tan bruto con él. Le dije: “no te preocupes, borrón y cuenta nueva”. A partir de ese día me dediqué a él, no descansé hasta hacerlo un buen caballo de coche que la gente admiraba. Si el matrero del Coleto vuelve a verlo ni lo conoce. Llegaron a ofrecerme 300 pesos por él; pero no lo vendí. Para los cocheros viejos que se habían burlado de mí fue como si les diera un galletazo sin mano. Pero todo este trabajo que hice cayó en saco roto, porque cuando el animalito estaba en su punto vino alguien,  y quién sabe por qué motivo, le tasajeó un tendón. El que no tenía valor para enfrentarse a mi padre, se desquitaba con los caballos del establo.&lt;br /&gt;Me lo llevé volando para la herrería, lo cosimos allí, lo curamos, luego lo cuidé como mandó el herrero, pero se quedó cojo para toda la vida, fue a parar a los corrales. El que dio el tajaso sabía lo que hacía. Lástima daba como quedó; y yo perdí mi tiempo de la doma y la enseñanza.&lt;br /&gt;Siempre estábamos comprando caballos. Vendedores habíamos muchos, de esos que tienen cría o que quieren salir del suyo; también gente dedicada al negocio, como los americanos Fred y Jack. Ellos traían barcos repletos desde el norte. Cientos de mulos y caballos de todas las pintas y tamaños. Había para escoger. Del muelle los trasladaban a unos corrales que tenían en el mismo medio de La Habana. El de Fred estaba en Concha y Fomento y el de Jack en Cristina casi llegando a San Joaquín.&lt;br /&gt;Los caballos salían como a 900 o 1000 pesos las parejas, pero había que ver lo buenos que eran. Además, para sacar ganancias tenían que vender caro, porque no todos los animales lograban aclimatarse.&lt;br /&gt;Con los mulos pasaba lo mismo, pero se usaban sobre todo en los carretones.&lt;br /&gt;Mi padre siempre se preocupó por tener buenos caballos en su establo, bien cuidados y alimentados, siempre listos para halar coches. Caballos hubo que hasta merecieron estatuas. Unos se ganaban la fama por la clase de jinete que llevaban y otros por sí mismos, como Reluciente, el caballo de Matías Cabrera, que al lugar donde está le llaman Caballo Blanco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-3519785753567528592?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/3519785753567528592/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=3519785753567528592' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3519785753567528592'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3519785753567528592'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-caballos.html' title='Los caballos'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-4677896262302117886</id><published>2007-11-18T10:22:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T10:33:36.888-03:00</updated><title type='text'>Los cocheros</title><content type='html'>La mitad de los cocheros que circulaban por las calles de La Habana eran unos borrachines empedernidos y unos saltimbanquis. Andaban a fuerza de peraltazos y se cambiaban de coche y de establo más que de camisa.&lt;br /&gt;Cuando mi padre daba con uno bueno, lo cuidaba más que al caballo, que es mucho decir, pero no tenía paz con los descarriados. Si alguno iba para el Juez Correccional, allá iba él a dar la cara por su empleado. No siempre el problema con la ley era de establo, pero de todas maneras mi padre lo sacaba del apuro.&lt;br /&gt;Después, en La Ermita, el juez era él.&lt;br /&gt;José López Salgado, El Chino, era un cochero de primera, pero su lado malo era que trabajaba a base de Peralta. Se lo tomaba uno detrás del otro como si fuera agua. El vaso de coñac valía un medio; y el Chino, de vaso en vaso, se pasaba de la botella diaria.&lt;br /&gt;Yo le daba consejos, porque sabía que en el fondo era un buen hombre, y por eso, cuando me fui de los coches, le dejé el mío a él para que lo trabajara; pero lo que hizo fue embarcarme, porque yo le pagaba el piso donde estaba él, y en lugar de salir, se quedaba pegado a la botella. Luego, sin mi autorización, le pasó el coche a Mónico García, un mulato que había sido esclavo de los Barbones, millonarios del azúcar, dueños del ingenio Barbón, el Pilar, las casas que están por el cine Maravilla, las de la calle Atocha y unos cuántos establos.&lt;br /&gt;Mónico había manejado los coches de Barbón, pero ya libre no quería trabajar en ninguno de sus establos por miedo a ser tratado otra vez como esclavo.&lt;br /&gt;García Barbón cargaba con la fama de ser mala gente, borracho y abusador.&lt;br /&gt;Decían, a mí no me lo crean, que el viejo Barbón, para darse caritate de rico, se limpiaba el culo con billetes de a diez pesos.&lt;br /&gt;Dejé que Mónico se quedara con el coche, porque el pobre hombre lo necesitaba, ya había sufrido bastante en la vida. Agarró la calle muy contento, salió en el coche a buscar marchantería; pero ya estaba muy anciano, casi no podía con su alma. Con más de setenta años y sordo como un cañón, no sintió que la bomba venía por Belascoaín pidiendo vía. Esa fue su desgracia. Por ley tenía que dar paso a los bomberos, pero no oyó la campana y le pusieron el coche de sombrero.&lt;br /&gt;Sácale Punta jugaba en la misma novena que El Chino. Siempre andaba como una uva. Le advertí más de veinte veces que tanto alcohol le iba a cocinar el hígado. Ya lo suyo era demasiado, empataba una borrachera con otra. Le pedía dinero adelantado a mi padre para gastárselo en la cantina, o para alquilar uno de los coches y salir de rumba. Su nombre era Francisco Caldera. No me acuerdo de dónde le inventaron el nombrete de Sácale Punta. Mi padre nada más le decía Sácale.&lt;br /&gt;El muy cabrón, cantina aparte, era muy buen cochero. Nunca le importó hora o distancia y jamás dejó plantado un viaje. Trabajaba muchísimo, pero la tomadera lo perdía. Mi padre lo sobrellevaba, le daba consejos, pero él siempre iba a parar a la cantina y ahí venía la bronca.&lt;br /&gt;Por mayo del 17, mi padre le dio a Sácale una carga de mangos para que se la llevara a la familia de Dionisio, buenos amigos nuestros que vivían en Tulipán&lt;br /&gt;19.&lt;br /&gt;Sácale cogió los mangos, oyó el recado y arrancó bien; pero como era su costumbre, a mitad de camino se metió en una cantina. Allí se puso sabroso.&lt;br /&gt;Después siguió su camino, aunque ya no respondía por él. Estando en el establo de Felipe Castillo, vinieron unos jodedores y le cambiaron los mangos por pedruzcos. Ni cuenta se dio. Cuando llegó a Tulipán y fue a bajar el saco de mangos se quedó pasmado. No sabía qué decirle a la mujer de Dionisio.&lt;br /&gt;Un día ya no pudo más. La bebida lo mató tal como yo se lo había pronosticado. Y a esa hora lloraba arrepentido, le pedía a Dios otro chance, le juraba que no volvía a probar otra copa; pero ya era tarde hasta para los milagros, estaba cocinado por dentro.&lt;br /&gt;El día que le robaron los mangos me di cuenta de que ya estaba listo, porque había perdido la malicia del cochero. Le dije: “mira como la bebida te empujó a hacer el papel de bobo; eso es malo para ti y también para el establo, porque la gente va a decir: ese zanaco es cochero del Montañés.”&lt;br /&gt;Los cocheros tenían que estar muy atentos. Uno nuestro salió a llevar a una familia al Carabanchel, que era uno de los mejores restoranes de La Habana.&lt;br /&gt;Estaba en Consulado y San José. Y el vivo de Agustín Valcárcel tenía sus coches en la calle Oquendo.&lt;br /&gt;Siempre que se pedía ir al Carabanchel era una buena carrera, porque si la familia decidía quedarse a comer mientras el coche esperaba, todo ese tiempo iba corriendo y contando; y si además eran personas acomodadas, la propina era de ley. Bueno, y el cochero nuestro llevó a esa gente. Al rato de estar esperando vino un muchacho y le dijo:&lt;br /&gt;-Toma, cobra, dice la familia que te vayas&lt;br /&gt;Y le pagó hasta ahí.&lt;br /&gt;Como eso pasaba a veces, nuestro cochero no malició la trampa y se fue desconsolado, porque se le había malogrado una buena carrera. La realidad era que la familia no había mandado a retirar el servicio; y ese muchacho era mandado por Valcárcel para tumbar el viaje de regreso, la espera y la propina.&lt;br /&gt;Valcárcel era una fiera, no dejaba ir a un cliente rico que llegara al Carabanchel en coche de otro establo. No era bobo, ese paseo al Carabanchel llegó a estar a centén y un peso la hora. Era negocio redondo.&lt;br /&gt;Pepe Nobelle también tenía buenas manos para las riendas. Se llamaba José Nobelle Varela y era uno de los mejores cocheros de La Habana. Mi padre lo tenía en La Ermita y no lo quería soltar. Como llevaba vida sana, murió a los 92 años.&lt;br /&gt;Víctor Timbereo fue un cochero de muy mala suerte. Murió por el año 8, con las piernas cortadas. Su hijo Manuel se quedó solo en el mundo, y mi madre se lo llevó a casa y lo crió junto a nosotros como a un hermano nuestro. Y allí estuvo hasta que un día quiso salir a buscar fortuna y fue a parar a Panamá. Yo guardo de recuerdo suyo su kepis de la Legión.&lt;br /&gt;También hubo malos cocheros como ese Guerrilla, que después de chocar conmigo se fue para el establo La Empresa Cubana, pero allí tampoco levantó cabeza.&lt;br /&gt;Mucho tiempo después volví a encontrármelo. Estaba hecho tierra, trabajando para el Ayuntamiento. Pasó por la plaza y me pidió ayuda, que le regalara un real, limosneando. A eso va a parar el hombre que no respeta el trabajo. Como nunca fui rencoroso, en vez de un real le di dos, uno de ellos a nombre de Minuto.&lt;br /&gt;A esos cocheros de mala clase mi padre los marcaba para no olvidarlos.&lt;br /&gt;Cuando le hacían una charranada, él escribía sus nombres y sus defectos en los libros del establo.&lt;br /&gt;Por ahí debe estar anotado Nicolás Bolívar, un cochero que llevaba trece días trabajando con nosotros cuando desgració al caballo Potro. Ahí mismo le liquidamos la cuenta, porque aquello fue obra de su descuido, y podía repetirse.&lt;br /&gt;Cuando El Currito reventó un caballo, mi padre se puso mal. Era buen andador, se lo habíamos comprado a La Mayorquina en el año 1905. Al otro día estaba botado el currito y con una deuda de cinco pesos-plata anotada en los libros por si algún día se le ocurría reclamar.&lt;br /&gt;Mi padre era bueno hasta donde podía, pero si le rompían un arreo, había que pagarlo. El que dejaba plantado un viaje no cogía más la rienda, y la queja de un marchante era palabra sagrada.&lt;br /&gt;En el verano del año 12, entro a guardar uno de nuestros coches, y viéndolo mi padre muy deslucido, se lo entregó al pintor Guillermo Ruíz para que lo retocara. Al otro día vino al establo la marchanta que lo había alquilado, María Glarraga, y reclamó el olvido de un abanico fino. Mi padre fue enseguida a donde Guillermo pintaba el coche:&lt;br /&gt;-Guillermo, dame el abanico que había en el asiento.&lt;br /&gt;-¿Abanico, Montañés? Yo no vi nada en el asiento.&lt;br /&gt;-Pues si no lo viste es que estás ciego, y pintores ciegos no deben ser muy buenos, así que te liquido y te vas ahora mismo. Ciega tenía la vergüenza.&lt;br /&gt;Los cocheros también eran un poco locos, aventureros; pero el caso increíble fue el de Miguel Nario, que con el tiempo llegó a ser capitán de la Policía Nacional.&lt;br /&gt;Nario era el perfecto buscavida. Había sido de todo, hasta conductor de tranvías. Mi padre le perdonó más de una, pero él no escarmentaba. Llegó al colmo cuando se metió a parlante.&lt;br /&gt;Si era difícil mantener un buen trabajo como ese de los coches ¿cómo iba a poder con dos? Pero Miguel trasnochaba, se aparecía como a las cuatro de la madrugada medio dormido, y, a la hora de repartir las tarjetas para los viajes, todavía estaba por despabilar, hecho un estropajo, con los ojos que se le iban.&lt;br /&gt;-¿Estás enfermo, Miguel?-le preguntaba mi padre.&lt;br /&gt;-No, Montañés, yo salgo.&lt;br /&gt;Y salía, pero dando tumbos. Parecía que estaba borracho, pero mi padre comprobó que ese no era el problema. Le echó el ojo encima y no le costó trabajo descubrir la doble vida que llevaba su cochero: por la noche parlante, al otro día las riendas.&lt;br /&gt;Le dio consejos para que entrara en razones. Mira que estás arriesgando tu puesto de cochero y tu salud, le decía. Pero Miguel no recapacitaba. Hasta que una mañana cogió a mi padre con la montaña en la cabeza y le puso la precisa:&lt;br /&gt;-Oye, Miguel, que así no podemos seguir por más tiempo. Dejas hoy mismo ese parlante de puñeta, o no subes más a un coche mío.&lt;br /&gt;Y puesto a escoger, el hombre se fue por lo más fácil y divertido. Mi padre cumplió su promesa y lo despidió. Con mucha razón, porque, ¿usted sabe lo que es aparecerse al establo todas las madrugadas casi a la hora en que los cocheros empezaban a levantarse?&lt;br /&gt;No sé cómo podía. Casi dormido salía a la calle a las siete, se pasaba el santo día dando rueda por toda La Habana y caída la noche se iba para su puesto de parlante, y así empataba las noches y los días sin descansar. Cochero a la luz del sol y de noche, escondido detrás de la pantalla de un cine mudo poniéndole voz a los personajes. Lo mismo hablaba por boca de hombre que de mujer, de niño que de viejo, de gato o de perro, y así estuvo como hasta la década del 30 que vino el sonido.&lt;br /&gt;Miguel Nario se quedó sin coche y sin cine; pero yo que lo conocía bien considero que escogió como debía, porque hablando era mejor que con el arreo.&lt;br /&gt;Pasó el tiempo y me olvidé de él. Cuando Ramón Grau era presidente, un día, al apearme de la máquina, vino alguien por detrás, me tapó los ojos y me preguntó.&lt;br /&gt;- ¿A que no adivinas quién soy?&lt;br /&gt;Cómo iba a adivinar. Era el capitán Miguel Nario, destacado en la Guardia de Palacio. Ya casi no había coches, los cines hablaban, y este puñetero se las arreglaba de lo mejor. Lo que no haga el tiempo no lo hace ni Dios. Miguel me contó lo bien que estaba, y me ofreció ayuda, que con Grau de presidente... pero le dije que gracias. Nunca me gustó comer del plato ajeno, ni aunque fuera el del Presidente de la República.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-4677896262302117886?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/4677896262302117886/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=4677896262302117886' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4677896262302117886'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4677896262302117886'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-cocheros.html' title='Los cocheros'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7884437694453718678</id><published>2007-11-18T10:08:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T10:21:54.380-03:00</updated><title type='text'>Los que siempre tienen la razón</title><content type='html'>Por los libros del Montañés uno se puede enterar de los rumbos que cogían sus carruajes, a quiénes llevaban y a dónde, qué iban a hacer y si presentaban algún percance relacionado con el servicio.&lt;br /&gt;Para los bautizos se pedían casi siempre tres o cuatro coches, porque iban la madrina, el padrino, los padres, el niño y los invitados. Había que esperarlos a la puerta de la iglesia, y cuando terminaba la ceremonia, llevarlos de nuevo a las casas.&lt;br /&gt;A veces una pobre criatura se enfermaba. El cura pedía coche para ir a su cama, y allí lo bautizaba en articulo mortis, porque si no, tenía problemas para entrar al cielo.&lt;br /&gt;En las bodas, todo iba de blanco, los mejores caballos, con cejaderos de cadenas para que fueran sonando en la marcha, y después de inventados los acumuladores, también iban iluminados.&lt;br /&gt;Los clientes pedían mucho ir a despedidas en los muelles, cuando embarcaba algún familiar o amigo; también paseos por la ciudad, visitas de cortesía, misas, funciones de teatro, hospitales y presentaciones al juez.&lt;br /&gt;Lo que más coche pedía era el servicio funerario. Todos los días, cada cochero tenía por lo menos un entierro. En la Quinta de Jesús del Monte hicimos una contrata fija. Cada vez que tenían un muerto nos pasaban el aviso. Y eso era para tres o más coches, porque el amigo que no podía ir, mandaba a quien lo representara.&lt;br /&gt;Cuántas veces mi hermano y yo tuvimos que ir a velar a un amigo de mi padre que estaba de cuerpo presente.&lt;br /&gt;Cuando el muerto era persona importante o alguien muy conocido, el entierro llegaba a tener diez o doce coches. Hasta en la hora de la muerte a la gente le gustaba presumir. Era costumbre llenarse la boca con mucha vanidad para decir que a tal entierro habían ido tantos coches. Los entierros importantes llenaban de carruajes el cementerio y no todos podían entrar. Era un dolor de cabeza para el cochero y el caballo, sobre todo si era verano.&lt;br /&gt;Los caballos llegaban sofocados. Algunos venían de muy lejos. De la Quinta Canaria a Colón era llegar echando candela, y si el cochero no le procuraba una buena sombra, lo más probable era que perdiera el viaje de regreso.&lt;br /&gt;En medio del cementerio había una plazoleta con dos matas muy grandes y liondas que daban tremenda sombra. Una divinidad para el caballo, pero eso se copaba enseguida con los primeros coches.&lt;br /&gt;Yo me mandaba hasta la Calle 8, donde había un álamo, y allí esperaba el tiempo que fuera, pero bien fresco y descansado.&lt;br /&gt;Entierros famosos hubo varios. Por ejemplo el de Emilio Rodríguez, que había sido alcalde interino de La Habana. Dicen que se aprovechó del puesto, que metió la mano y después “espantó el mulo”. Fue a parar al norte. Con las ganas que tenía de verse otra vez en La Habana, había pedido que lo trajeran a enterrar a Colón si allá le llegaba la última hora. Y fue así, de cuerpo presente, que pudo regresar sin problemas, dentro de una caja de cobre que tendieron en el Ayuntamiento.&lt;br /&gt;Otro entierro grande fue el de Digón, uno de los dueños de la firma Digón y Hermanos, banqueros y vendedores de seguros, que tenías las oficinas en Oficios 42.&lt;br /&gt;Digón se mató en Cabañas, por la fiebre de los fotingos. Dicen que pusieron un letrero en la ceiba que le partió el alma. Se buscó esa muerte por gusto.&lt;br /&gt;Andar corriendo fotingos con tanta plata que tenía, que, además de la oficina de la Habana Vieja y los bancos, era uno de los dueños de la fábrica de fósforos Comercial que estaba en Cañongo número 4.&lt;br /&gt;Su entierro fue tan grande, que cuando yo iba por Reina y Belascoaín, ya venían otros de vuelta; y se pararon a decirle a mi cliente:&lt;br /&gt;-Ni se moleste, que Digón ya tiene la tierra encima.&lt;br /&gt;Y entierro sonado de verdad fue el de José Miguel Gómez en el año 21, cuando trajeron sus restos de los Estados Unidos. Ese fue otro que únicamente muerto regresaba tranquilo. Pero ni así lo dejaron descansar en paz, porque hasta la misma tumba lo persiguieron las desavenencias.&lt;br /&gt;De él se dijeron barbaridades, pero el cuento que a mí se me quedó fue el de cuando vinieron los americanos a mandar. Vino uno de los grandes a verlo, y cuando se lo dijeron respondió:&lt;br /&gt;-Que pida audiencia y coja turno como los demás.&lt;br /&gt;Los entierros eran por Zapata, estaban prohibidos por 23; pero con José Miguel Gómez hicieron la excepción.&lt;br /&gt;Se había muerto en Nueva York. A la semana lo enterraron, un domingo por la tarde.&lt;br /&gt;Ese día yo llevaba de pasajero a un abogado que fui a buscar al Hotel Pasaje.&lt;br /&gt;Era del campo, no conocía La Habana y nada más había venido para lo del entierro.&lt;br /&gt;Cuando llegué a la esquina de Prado y Ánimas, me dijo un cabo de la policía que estaba cuidando el orden:&lt;br /&gt;-A donde más cerca te puedes arrimar, si te apuras, es a la calle Galiano.&lt;br /&gt;Traté de convencer al cabo de que me dejara adelantar un poco más, pero fue como si le hubiera hablado a una piedra. Le dije al cliente que la cosa estaba mala, y se conformó:&lt;br /&gt;-No te preocupes, yo camino, y cuando me canse, te espero en cualquier esquina.&lt;br /&gt;Cuando pude llegar a Reina y Galiano, allí estaba el hombre paradito esperándome. Volví a montarlo y seguimos con el entierro. El primer tiroteo fue en San Rafael y Galiano. El cadáver subió solo por Prado y cogió San Rafael contrario hasta Galiano y de ahí a la Calzada de Reina.&lt;br /&gt;La carroza iba halada por cuatro parejas de caballos. El jardín El Fénix había echado flores en la calle, desde Hospital a Soledad y no dejaban que nadie pisara aquello antes del cortejo.&lt;br /&gt;La refriega grande reventó ya llegando al cementerio. Tremenda bronca entre policías, soldados y políticos de todos los partidos. Cuando rastrillaron los fusiles, yo dije: “Macho, esta carrera más nunca la vas a olvidar”.&lt;br /&gt;La gente empezó a treparse en el techo de la cafetería que está frente al cementerio y, cuando el dueño vio aquello, quería morirse. Salió a rogar que se bajaran, pero a esa hora nadie estaba para oírle, todo el mundo lo que buscaba era su salvación.&lt;br /&gt;-¡Por su madre!-gritaba Teolindo Vázquez-¡  Me van a joder las tejas!&lt;br /&gt;Pero mientras más tiros sonaban más gente subía al tejado. Teolindo creyó que se le iba a caer abajo el café. Y yo que venía ya por el terraplén del cementerio, vine a coger resuello en 8 y 27.&lt;br /&gt;Todo aquel pleito vino de la política, del pique entre Zayas y Menocal; y de la policía, que no tragaba al ejército, ni el ejército a la policía. La bronca se debía a que el ejército respondía al país entero, mientras que los policías pertenecían a los municipios y algunos casi no tenían ni qué ponerse. El soldado estaba bien comido y bien vestido, y su caballo tenía mejor dieta que muchos policías.&lt;br /&gt;Parece que por esas diferencias nació la manía de que la policía le diera mordidas a los comerciantes, de que se creyeran en el derecho de sacarle la tajada a cualquiera, y eso duró hasta el último gobierno de Batista.&lt;br /&gt;Cuando se pudo parar aquella bronca del cementerio, todo el terraplén estaba lleno de sombreros, paraguas, zapatos. Mi marchante no quería ni asomar la cabeza, y de allá dentro me dijo:&lt;br /&gt;-Arrea pa’l hotel.&lt;br /&gt;¡Qué mal recuerdo debe haberse llevado de La Habana!&lt;br /&gt;La marchantería del establo era enorme, ahí está en los libros de mi padre, de dónde y para qué pedían el coche. Podríamos pasarnos años hablando de cada uno, lo que fueron, las ocurrencias que tenían. Algunos eran muy conocidos nada más en su barrio o en su calle, pero otros hoy están en los libros o le han hecho una estatua o le han puesto su nombre a una avenida o a una escuela.&lt;br /&gt;A Emilia Losada le llamaban La Castellana. Su marido, Máximo Villar, vino a Cuba por el año 11, contratado para trabajar en el alcantarillado de La Habana, y murió ciego. Emilia vivió hasta los 96.&lt;br /&gt;El señor Patillas era un zapatero que pedía coches para Carlos III e Infanta.&lt;br /&gt;Yo no sabía que era su nombrete, y un día le dije con todo respeto:&lt;br /&gt;-Don Patillas, el coche que pidió.&lt;br /&gt;La casa de Venancio estaba en Manrique 8 casi esquina a San Lázaro. Luego le regaló ese edificio a una monja para que lo convirtiera en colegio. A su hijo Narciso le decían Chicho, era abogado y con lo que dejó el viejo compró acciones de la cervecería La Polar, que estaba en Puentes Grandes.&lt;br /&gt;Los paseos a La Polar eran lindísimos. Todavía por el año 30 llevaban marchantes al Patio Andaluz, a tirarse fotos en los jardines o al stadium.&lt;br /&gt;Con el tiempo y las ganancias, Chicho Sierra hizo sociedad y se mudó para el local de Industrias con el nombre de Sierra y Martínez.&lt;br /&gt;Otro que no se me olvida es Ramón Fonst el espadachín famoso. Las medallas no le cabían en la casaca y retaba a duelo a cualquiera sin pensarlo dos veces. El que tenía que pensarlo era el otro.&lt;br /&gt;A Guillermo Lawton lo atendía mi padre en persona. Era gente rica, un caballero muy tratable, hacía muchos viajes. Su lado malo era el vicio del juego.&lt;br /&gt;En una sola noche Laton dejó todo lo que tenía sobre una mesa del Summer Casino que estaba en el Country Club. Perdió todo su dinero, dicen que hasta hipotecó su residencia de Domínguez y Santa Catalina, al lado de un colegio de monjas.&lt;br /&gt;La noche que se arruinó llegó a su casa, se bajó frente a la puerta principal, y cuando el chofer dio la vuelta para entrar por la calle de San Pablo, sintió el tiro. Corrió a ver qué había sido y encontró a Lawton muerto.&lt;br /&gt;El nombre de Gregorio Lavín está en todos los libros de La Huerta. Yo lo llevé muchas veces al cementerio, no porque le gustara el paseo, sino porque ese viejo pertenecía a la asociación de comerciantes y su misión era cumplir en todos los entierros en nombre de los asociados. Por eso se pasaba la vida dando carreras de un funeral para el otro.&lt;br /&gt;Su casa estaba en Inquisidor y Sol. Yo le serví muchas veces con el caballo Caramelo, el más manso y tranquilo de La Hermita, de ahí salió su nombre.&lt;br /&gt;Otro que llamaba para coches era el zapatero José Bulnes, hombre alto y grande como un caballo. Vivía en Calzada del Cerro y Zaragoza, y el taller lo tenía en la calle Peñón.&lt;br /&gt;Bulnes era bueno en su oficio, sus zapatos llegaron a ser famosos, pero no progresó por eso, sino porque consiguió un contrato con el ejército. ¿Usted sabe lo que es asegurar zapatos para tanta gente? Por muy barato que los vendiera se hacía rico.&lt;br /&gt;Se buscó a buenos zapateros, le metió mano, se puso las botas con este negocio.&lt;br /&gt;Don Leoncio Salas era un don Juan Tenorio muy engreído, maestro de obra, buen albañil, pero un poco zoquete. Yo ni lo trataba pese a que vivía en mi casa.&lt;br /&gt;Esa gente que mira por debajo del ala del sombrero mientras se acaricia la punta del bigote, ya se sabe lo que va a dar. Pero en honor a la verdad, era más apariencia que otra cosa. Con los años se le apaciguó la arrogancia, tuvo dos hijos muy buenas personas, que de mayores trabajaron en periódicos, fueron tipógrafos de los talleres de El Mundo, La Marina, El País. Uno de ellos, Genaro Salas es mi ahijado, y si está vivo debe andar por los ochenta.&lt;br /&gt;Don Félix Raimundo era el bodeguero de Ayestarán 20. Ahí comprábamos nosotros, porque esa bodega estaba siempre bien surtida, casi como un almacén.&lt;br /&gt;Íbamos con un coche nada más para eso y lo cargábamos de morcillas, un bocoy de buen vino español, un saco de arroz Cinco Estrellas, manteca, tocino, bacalao noruego, alcohol, harina, sal, tasajo, huesos de jamón, azúcar. Era el consumo para todo el mes.&lt;br /&gt;Y en Tulipán 12 estaba la casa de los Zayas, marchantes de mucho tiempo, uno de ellos más borracho que el carajo. Cada vez que me tocaba servirlo se acababa en fandango.&lt;br /&gt;Ese Zayas era un atravesado. Le encantaba ir contra la corriente. Si por ahí andaba alguien diciendo sí, él salía con no. Se vestía de crudo y con sombrero de pajilla cuando todo el mundo andaba con bomba; y no era un problema de moda, sino ganas de joder y llevar la contraria.&lt;br /&gt;Pedía coche para cumplir con un entierro, pero a la puerta de Colón no llegaba. Nada más hacía salir de Tulipán y me avisaba:&lt;br /&gt;-¡Para en la esquina, cochero!&lt;br /&gt;Se bajaba muy serio, se metía un cañangazo. Volvía a montar.&lt;br /&gt;-Dale&lt;br /&gt;Cuando llegaba a la otra esquina volvía a hacer la misma gracia y así se metía todo el viaje. La bebida iba quitándole las ganas de cumplir. Hasta que casi llegando a la casa del mortuorio, medio borracho ya, me decía:&lt;br /&gt;-Oye, cochero, ya este pobre se jodió, y por mucho que lo lloremos no va a resucitar. Así que mejor dale para donde haya una buena cantina, que yo invito.&lt;br /&gt;A Cosme de la Torriente, secretario del Exterior, lo servía personalmente mi padre. Al principio lo recogía en los altos de Calzada del Cerro 422, y después se mudó para Malecón y Campanario.&lt;br /&gt;De los clientes siempre se aprendía algo nuevo, uno los iba conociendo a partir del tercer o cuarto viaje. Una mañana fui a leer mi tarjeta de cochero y me tocó ir a buscar un personaje que mejor ni digo el nombre. Por la tarjeta era “teatro y esperarlo”. Salió a la calle muy elegante y perfumado, pero sin su mujer. Pensé que a lo mejor ella había visto la obra, o no le gustaba el teatro.&lt;br /&gt;El se montó muy contento, silbando.&lt;br /&gt;-Dale&lt;br /&gt;-¿A cuál teatro lo llevo, don...?&lt;br /&gt;-¿Quién dijo teatro, cochero? Esta carrera es de rumba, de buena propina y de punto en boca.&lt;br /&gt;El teatro era una china de la comparsa de Pubillones.&lt;br /&gt;Y como el cliente siempre tiene la razón...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7884437694453718678?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7884437694453718678/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7884437694453718678' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7884437694453718678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7884437694453718678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-que-siempre-tienen-la-razn.html' title='Los que siempre tienen la razón'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7339395901142337699</id><published>2007-11-18T10:01:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T10:08:44.789-03:00</updated><title type='text'>Herreros y veterinarios</title><content type='html'>Había tantos animales de tiro dando vueltas por La Habana, coches, carruajes de lujo, carretones, arañitas, carrozas fúnebres y caballos de monta, que a la gente se le ocurrió inventar negocios a expensas de este tráfico.&lt;br /&gt;Para la reparación de coches se abrieron talleres y talabarterías, y para mantener a los caballos aparecieron los herreros y los veterinarios.&lt;br /&gt;Por regla general, el dueño de estos negocios era un catedrático veterinario; y el encargado, un hombre que sabía de curas y herrajes.&lt;br /&gt;En Manzanares había una de esas herrerías, a donde nosotros llevábamos caballos. Era una de las más grandes, su propietario fue el catedrático Echegoyen, dueño también de la herrería que estuvo en San José y Amistad y que luego mudaron para Maloja y Subirana.&lt;br /&gt;A veces herrábamos también en lo de Valdivieso, que tenía sus negocios en la calle Zanja y en Concha número 3.&lt;br /&gt;El doctor Serrano era el veterinario de la herrería de Fomento esquina a Conchañun tal Ramón tenía otra en Ayestarán y Desague, en la casa que sigue en pie todavía.&lt;br /&gt;En el antiguo batey del Cerro, antes de llegar a la calle Arzobispo, se hizo famoso por sus trabajos de forja un herrero de nombre Antonio. De toda La Habana venían a encargarle trabajos.&lt;br /&gt;En Soledad y San José había unos herreros que se dedicaban nada más a arreglar los caballos de las funerarias. Enrique se llamaba el dueño, y tenía un trato con los funerarios más famosos: Caballero, Infanzón, La Nacional, Nicolás&lt;br /&gt;Hernández.&lt;br /&gt;Las funerarias vinieron a acabar con la costumbre de velar los muertos en las casas. Ya no era solo el lujo de los carruajes, sino la competencia de ver quién adornaba más al muerto, en sarcófagos de metal, con candelabros de plata y maquillados como si fueran artistas.&lt;br /&gt;En San Lázaro abrió la funeraria de Guillot, que refrigeraba a los muertos.&lt;br /&gt;Ya no tenían nada que inventar.&lt;br /&gt;Cuando la Competidora Gaditana se fue de la esquina de Zanja y Belascoaín, Bernardo García puso su funeraria, era toda la manzana.&lt;br /&gt;La herrería de Vives y Belascoaín se especializó en curar mulos.&lt;br /&gt;La policía tenía sus herreros, porque sus caballos llevaban el tuzado a lo militar lo mismo que los reclutas.&lt;br /&gt;Con tantas herrerías regadas por toda La Habana y ni así alcanzaban. Había que hacer cola para atender a un animal, los herreros ganaban el dinero a chorro, se estaban haciendo ricos a mandarriazos.&lt;br /&gt;Los caballericeros de los establos eran los encargados de llevarse los animales a las herrerías y explicar cuál era su problema, si de tuzar, si de dar pitón, si de poner una herradura de goma para los resbalones. El herrero decía:&lt;br /&gt;-¿Qué le duele?&lt;br /&gt;-La panza&lt;br /&gt;-Arrímalo ahí y ven a buscarlo a tal hora&lt;br /&gt;Las herraduras las sacaban de un hierro gordo especial que venía ‘propicio para el caso’ de los Estados Unidos. Se picaba a la medida del caballo, se echaban los pedazos a la candela y a sudar y a dar fuelle hasta que se pusiera al rojo vivo. La mandarria hacía el resto.&lt;br /&gt;El herrero y su ayudante forjaban las piezas tomando en cuenta si eran para herrar largo o para poner de goma. Había que meter mucha candela. Cuando el metal estaba obediente, lo doblaban a fuerza de mandarria hasta que cogía la forma de la herradura.&lt;br /&gt;Mi padre resolvía muchos problemas de los caballos sin necesidad de mandar a poner los pies en una herrería, porque el trajín del establo enseñaba mucho.&lt;br /&gt;Una cosa que hacía era prevenir enfermedades. La maloja que se comían esos animalitos no era solo hierba, llevaba sulfato de sosa y antimonio. El tenía una cuchara grande con la que le daba las medicinas.&lt;br /&gt;Toda esa química la compraba por arrobas. Gastaba mucho dinero por la salud de sus animales. El alcohol para las fricciones era a razón de un peso y cincuenta centavos la garrafa y quince centavos la jíquima. A cada rato agrupaba unos cuantos caballos y se los llevaba a los potreros, a una finca de Murga, donde los animales se reponían. Era como un sanatorio para caballos.&lt;br /&gt;Se iban rotando, venía un grupo, luego otro, por ahí pasaban todos.&lt;br /&gt;A pesar de tantos cuidados, cada mes había que pagarle al herrero quince o veinte pesos por curar de quemaduras y heridas, pitonazos, herrajes y también tuzados, que valían a peso.&lt;br /&gt;Un caso que se daba mucho en las herrerías era el de los caballos con esperaván. Eso es como un tumor que sale en las patas de los caballos, como un hueso salido que los herreros quemaban con hierro al rojo vivo.&lt;br /&gt;Otra enfermedad muy corriente era el empacho. Para ese mal de barriga estaban los pitones.&lt;br /&gt;Había caballos que botaban el maíz al comer, porque les salía una carnosidad en la boca. Eso se lo cortaban también con hierro caliente.&lt;br /&gt;Todas las curas eran de ampanga, remedios de fuego y de hierro, no por gusto se dice: “eso es peor que una cura de caballos”&lt;br /&gt;Los pobres animalitos aguantaban cualquier cosa. Reculaban, cabeceaban, pero el herrero sabía cómo manejarlos. En los ojos se le notaba el horror cuando se les hacía una de estas curas.&lt;br /&gt;Lo que no les dolía era el tuzado. Se usaban unas máquinas parecidas a las de las barberías, pero más grandes y con motor. Y si uno lo pedía, también recortaban el rabo o se lo quitaban de a viaje.&lt;br /&gt;A eso le llamaban “hacerle la colina”. Luego, esa crin podía usarse como adorno para guardar los peines y las peinetas.&lt;br /&gt;De la caballería habanera también salió el negocio de los cagajones.&lt;br /&gt;Muchísima gente se dedicó a recogerlos, porque servían de abono y pagaban por ellos.&lt;br /&gt;Toda la mierda que se recogía en nuestro establo se iba amontonando encima de un carretón de dos ruedas destinado nada más para eso. Cuando estaba repleto, venía la Pasiega, o Antonio Rodríguez, o cualquiera que estuviera en ese negocio y se la llevaba.&lt;br /&gt;La carga la tiraban pegado al ferrocarril por La Polar. Hacían una pila enorme y la dejaban podrir antes de embarcarla en los trenes. Ahí mismo llenaban carro tras carro para llevar aquello a Vuelta Abajo o a Vuelta Arriba a las vegas de tabaco.&lt;br /&gt;Ni se sabe la cantidad de abono que se recogió de esa manera. Cuando los carretones pasaban cargados de estiércol, la gente se tapaba la nariz, gritaban horrores, pero el carretonero se reía de todos, porque aquella peste se le convertía en dinero.&lt;br /&gt;A uno que me porfiaba que los fotingos eran mejores que los coches, le dije un día.&lt;br /&gt;-A ver, a que tú no le sacas al humo del tubo de escape lo que le saco yo a los cagajones.&lt;br /&gt;Y lo dejé pasmado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7339395901142337699?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7339395901142337699/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7339395901142337699' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7339395901142337699'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7339395901142337699'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/herreros-y-veterinarios.html' title='Herreros y veterinarios'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7239337871476861260</id><published>2007-11-18T10:00:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T10:01:51.187-03:00</updated><title type='text'>Los coches</title><content type='html'>Qué bonito era oír el ruido de los cascos sobre las calles de adoquines, el ping dang de los timbres, el chas-chas de las fustas. Pero por el año 10 un alcalde le hizo la guerra a esa música de coches, se le metió en la cabeza quitarle todos los ruidos a la capital, mandó a eliminar las campanillas de todos los establos, dejó&lt;br /&gt;a La Habana como si fuera un pueblo de sordos.&lt;br /&gt;Recuerdo que empezamos a zafar todos aquellos timbres y a amontonarlos en un rincón de la casa. Era triste verlos arrinconados como basura.&lt;br /&gt;Mi padre tuvo ocasión de preguntarle a un marchante que tenía puesto en la Alcaldía.&lt;br /&gt;-¿Se volvió loco Andrade?¿No ve que el timbre es la única voz que tiene el coche para anunciar su paso? Va a saber ahora lo que son los accidentes.&lt;br /&gt;-Mira, Montañés, lo que pasó fue que con tanto coche y tanto carretón saliendo desde temprano no dejaban dormir a un personaje que tiene la voz más alta que la tuya, la mía y la de todos los cocheros juntos.&lt;br /&gt;Ese ding dang era bonito, no podía molestar a nadie, por el contrario, después que lo quitaron hubo unos cuántos desprevenidos arrollados.&lt;br /&gt;De noche también eran bonitos los coches. Parecían cocuyos sueltos por las calles. Se alumbraban con trabucos, que eran unas velas, pero más gruesas y cortas, consistentes para que demoraran en derretirse.&lt;br /&gt;Había unas cuántas marcas de trabucos. Los de Rocamora eran cebo puro, enseguida se volvían una basura, pero los de Sabatés tenían buena calidad.&lt;br /&gt;Para las noches mi padre repartía dos pares de trabucos a cada cochero.&lt;br /&gt;Los faroles iban a ambos lados. Uno con vidrios colorados y otro con vidrios verdes. El colorado indicaba que iba por la derecha.&lt;br /&gt;A los techos de los coches se les llamaba tapacete o fuelle. Eran fabricados con un metal especial. Al techo del Milord se le echaba una grasa para que se mantuviera suave y no dejara pasar el agua.&lt;br /&gt;Las carrocerías variaban mucho de acuerdo con el antojo de los dueños a la hora de adornarlas. Unos le mandaban a pintar filetes azules, otros le hacían ribetes colorados. Hoy solo quedan algunos coches sin adornos, son negros como paraguas, pero en el tiempo de La Huerta los teníamos de todos los colores.&lt;br /&gt;Mi padre andaba en un Tilburi americano que era imponente, de cuatro ruedas, y otro familiar, todavía más grande. En La Ermita había varios tipos Milord, Duquesa, Jardinera, Vis a Vis, Faetón.&lt;br /&gt;El cochero de la foto del carnaval era un Break de cuatro ruedas con el pescante muy elevado y dos filas de asientos en la parte trasera.&lt;br /&gt;El Milord llevaba un asiento detrás y otro más chico delante, que iba escondido y se abría cuando se montaban cuatro personas. Los Vis a Vis eran de dos asientos para dos parejas.&lt;br /&gt;Los paseos mayormente se hacían en coches de parques. Salían a trabajar a eso de las cuatro de la tarde y hacían piqueras. En Prado y Neptuno había siempre como treinta o cuarenta coches en hileras esperando marchantes.&lt;br /&gt;Por una hora de paseo cobraban un centén y un peso, el centén equivalía a cinco pesos.&lt;br /&gt;Había piqueras en Marte y Belona, como de 50 coches, que recogían mucho pasaje en Monte y Amistad. Otra piquera importante estaba en los Cuatro Caminos. La última piquera que yo trabajé fue en Cerro y Consejero Arango, que ahí me retiré.&lt;br /&gt;A la gente le encantaba darse caritate con los coches. Los alquilaban para pasear, pero también para ir a donde los vieran. Andar en coche fue siempre una buena señal. Si algo te salía muy bien era que “saliste en coche”.&lt;br /&gt;Mi padre prefirió siempre el establo que la calle, trabajar los carruajes de lujo y recibir las órdenes de los marchantes conocidos, antes que andar a la caza de carreras montando a todo el mundo, al sospechoso y al crápula, al que no te quiere pagar o pone los pies donde no debe, o escupe, o se cree que compró el coche.&lt;br /&gt;Los clientes de La Ermita eran la crema. Hasta crédito tenían con mi padre.&lt;br /&gt;No faltó el malapaga. Mi padre vivía de los coches, pero el dinero no era lo primero para él. Nos entraba muchísimo, es verdad, pero también salía bastante; y era muy caro mantener relucientes los carruajes, vestir elegante a los cocheros, alimentar y cuidar a los caballos.&lt;br /&gt;En el año 15 mi padre pagó mil ciento diez pesos por un Milord, la limonera y el tronco, y encima le pagó a un talabartero para que le hiciera mejoras. Luego tuvo que pagar siete pesos por la chapa de alquiler, un cochero le pidió un adelanto, por donde quiera que se viraba era soltando dinero. Se descuidó y llegó a verse con los bolsillos vacíos.&lt;br /&gt;“El Montañés, dijo un amigo en una ocasión, no vivía de los coches, sino para ellos.”&lt;br /&gt;Además de los establos y de las piqueras, circulaban en La Habana muchos coches particulares, bien cuidados, con caballos de razas y cocheros elegantes.&lt;br /&gt;Eran de la gente de plata. Yo conocí a un cochero particular que siempre andaba de librea y sombrero, o todo de blanco y jipi. Mi padre se lo quiso llevar para La Huerta; pero él se había encariñado con la casa en la que trabajaba.&lt;br /&gt;Todavía se ven por ahí los carteles de las cocheras en las casas antiguas. La gente de más dinero llegó a tener establos particulares, con varios coches para usar según aconsejara la ocasión.&lt;br /&gt;Lily Hidalgo de Conill era una viuda rica que vivía en la manzana formada por las calles A, 13, Paseo y 15. Ahí sigue todavía su casa que más bien parece un castillo.&lt;br /&gt;Esa señora tenía un Sígueme Pato, que el cochero iba sentado detrás y era como un cupé. También tenía un Break grandísimo, con el pescante por las nubes, halado por cuatro caballos enormes.&lt;br /&gt;Ese era el Break que utilizaba el banquero Vance, abuelo de Lily, cuando se iba por ahí lejos, de cacería. Ella tenía un Faetón que se lo llevaba en sus viajes a Francia. Cuando Lily nada más tenía 15 o 16 años, ya manejaba ese Faetón como le daba la gana por los alrededores del castillo que tenía en Francia.&lt;br /&gt;Los Conill eran muy ricos, pero tal vez no tanto como los Hidalgos, que eran propietarios de todo ese terreno del antiguo batey del Cerro. Sus oficinas estaban en Teniente Rey y Cristo, y una de las hijas era la esposa de un marqués.&lt;br /&gt;Cuando llegaron los fotingos, Lily Hidalgo quiso estar a la moda como rica al fin. Pero ella tuvo la delicadeza de reunir todos sus coches y guardarlos como reliquias dentro de unas vitrinas de cristal que mandó a hacer.&lt;br /&gt;Eso mismo hizo con los establos y los corrales, cada uno con el nombre del caballo al que había pertenecido. Además le pagaba un sueldo a una persona para que mantuviera todo aquello en buena forma.&lt;br /&gt;Ese criado tenía que limpiar la cochera, pulir los metales, sacarle brillo a las argollas, atender cada pieza como si todavía estuviese en uso.&lt;br /&gt;Lily compró cuatro fotingos, uno para salir de día, otro para salir de noche y dos para sus hijos; y le pagaba a cuatro choferes para que manejaran esas cuatro máquinas.&lt;br /&gt;Yo estuve en el entierro de su padre, y por ese motivo conocí su finca.&lt;br /&gt;Muchos cocheros entraron al castillo de Lily ese día, porque estaban trabajando el entierro. Yo me quedé impresionado al ver tanta riqueza junta.&lt;br /&gt;Cuando Lily desmanteló todo aquello, porque venía la arribazón de fotingos, también estuve en esa casa para comprarle mantas francesas, ropas de cocheros, botas, riendas, como siete pares de vendas para las patas de los caballos y una caña muy linda, de lujo, de tiro largo, para halar cuatro caballos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7239337871476861260?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7239337871476861260/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7239337871476861260' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7239337871476861260'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7239337871476861260'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-coches.html' title='Los coches'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-6206681657759323974</id><published>2007-11-18T09:46:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T10:00:31.251-03:00</updated><title type='text'>Los abuelos del garaje.</title><content type='html'>Los coches pedían muchos pasados de mano, siempre había un burujón de gente encima de ellos: fregadores, caballericeros, pintores, talabarteros, tapizadores, herreros. De los talleres no salíamos. Reparando y renovando.&lt;br /&gt;Encargábamos esponjas, colleras francaletes, cejaderos, sillines, suelas para sacar arreos y tiradores, alfombras.&lt;br /&gt;Eran montones de cuentas todos los meses: una pieza de hule marca Gallo, barniz Águila, piedra pómez, maíz, avena,  heno, maloja, grampas, clavos, manta de piel de tigre para un coche nuevo de lujo, argollas de platino, pintura, hebillas de charol, herraduras de hierro y de goma.&lt;br /&gt;Esos talleres eran los garajes de los coches. Sin desdorar a los pisteros de hoy, hubo talleristas con manos de mago. Yo conocí a unos cuántos. Puedo mencionar a Toribio el de Infanta y Zanja; a Pata de Banco de la calle Maloja; el de Jesús del Monte.&lt;br /&gt;Pero punto y aparte al mentar a José Tres Palacios. No solo reparaba coches, sino que los hacía nuevos. Palacio era único. Tenía su taller en Cuarteles 9.&lt;br /&gt;Donde quiera se podía encontrar a un remendador de guardafangos, pero que hiciera coches nuevos con el estilo y la gracia de Palacios, eso nada más se daba en el taller de Cuarteles.&lt;br /&gt;A Palacios podían encargarle:&lt;br /&gt;-Hazme un carruaje de lujo.&lt;br /&gt;-¿Una Duquesa, un Milord?&lt;br /&gt;-Un Vis a Vis.&lt;br /&gt;-¿De qué color lo quiere? ¿Con qué ribetes? ¿Qué alfombra y adornos prefiere?&lt;br /&gt;Palacios escribía todos los detalles, hacía un plano con los caprichos de los marchantes, y luego, de su magia y de sus mañas, salía el coche nuevo tal como había sido soñado.&lt;br /&gt;Los talleristas del montón trabajaban casi siempre para los coches de alquiler, pero los de la talla de Palacios, nada más servían a los ricos y a los establos de lujo.&lt;br /&gt;La nave de Palacios era grandísima. Dentro de ella había de todo, hasta una capilla para pintar los coches, pero ¡qué pintura!, que después podía uno mirarse la cara en ella.&lt;br /&gt;Lo que salía de ese taller asombraba a su paso. En la calle la gente decía: “ese que va ahí es un coche nuevo de los que hace Palacios.” Porque tenía la marca, porque de su taller salían coches, no paraguas con ruedas.&lt;br /&gt;Lo único que no podía resolver Palacios eran las cajas de los coches. Esa pieza no la podían trabajar los cubanos, pues era muy complicada. Para eso tenían que mandar a buscar armadores franceses, que probablemente eran los mejores del mundo. Pero descontando lo de las cajas, todo lo demás se estaba haciendo en Cuba.&lt;br /&gt;Palacios le fabricó al gobierno un Vis a Vis que había que verlo. Un coche divino. Fue cuando Menocal era presidente y quiso lucirse en los paseos con un coche de rango. Palacios le dijo:&lt;br /&gt;-No se preocupe, que yo también sé hacer coches para presidentes.&lt;br /&gt;Y lo hizo. A Menocal le encantó. Luego compró una pareja de yeguas que le costaron tres mil pesos y se las enganchó. Ese coche lindo no corría,¡volaba!&lt;br /&gt;Yo ví el Vis a Vis de Menocal, fue cuando el entierro del general Emilio Núñez. Sobresalía entre todos. Y al pasar se oía decir:&lt;br /&gt;-Ahí va Menocal en el coche de Palacios.&lt;br /&gt;Y yo viendo que el coche lucía más que el Presidente, pensé: “Ahí va un coche de Palacios con Menocal adentro.”&lt;br /&gt;Solar era un tallerista muy amigo de mi padre. Solar el francés, le decían; era sobrino del ferretero Genaro Acevedo.&lt;br /&gt;En La Huerta trabajaban fijos dos talabarteros, uno como tal y el otro, José María, haciendo las veces de vestidor. Luego también vino a talabartear Benito, un negro viejo, muy buena persona, muy serio y cumplidor.&lt;br /&gt;Benito conocía bien su oficio. Mi padre lo respetaba por eso. Lo traía a la finca por quince o veinte días y compraba dos hojas de suela: una americana, suave, propia para cortar piezas nuevas, y la otra del país, tosca, barata, que se cogía para resolver los remiendos.&lt;br /&gt;-Mira, Benito –decía mi padre-, quiero que me hagas tantas tiraderas, tantos cejaderos, tantos cargadores, un sillín, y con los recorticos que te queden y las suelas del país, compón todos estos parches.&lt;br /&gt;Maño era collerista, pero si hacía falta hacía también las veces de talabartero. Lo único que lo desadornaba como persona era que le gustaba demasiado meterse en la cantina, pero ya dije que esa era una enfermedad de cochero.&lt;br /&gt;Maño hacía las cocheras borracho. Mientras más borracho estaba mejor le quedaban. Con nosotros siempre quedó bien. Y cobrando su jornal iba derechito a la botella.&lt;br /&gt;La Habana estaba llena de comercios dedicados a la talabartería y la tapicería. El Potro Andaluz se llamaba donde comprábamos los sillines y los arreos.&lt;br /&gt;Si había que vestir una Duquesa, eran como doscientos pesos, y cincuenta para el pintor, otros cincuenta para arreos, veinticinco las gomas, encima de lo que costaban el coche y el caballo.&lt;br /&gt;Mi padre nunca ahorró un solo centavo a cuenta de la calidad. Si necesitaba rasqueta, se la buscaba francesa, porque las americanas tenían los dientes muy largos y lastimaban al animal. Si hacían falta gomas nuevas, se compraban las mejores. Daba gusto ver las limoneras y los arreos de nuestros caballos. Tal vez creía que los coches iban a ser eternos. No vio venir la racha de fotingos que acabó con ellos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-6206681657759323974?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/6206681657759323974/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=6206681657759323974' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/6206681657759323974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/6206681657759323974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-abuelos-del-garaje.html' title='Los abuelos del garaje.'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-4301231318575571744</id><published>2007-11-18T09:38:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T09:45:48.761-03:00</updated><title type='text'>Carretoneros</title><content type='html'>Cuando no se había inventado el camión se cargaba de todo en los carretones.&lt;br /&gt;Los primeros que yo recuerdo eran de dos ruedas, pero con el tiempo, viendo que era mucho peso para los pobres animalitos –y buscando la manera de llevar la mayor carga posible en cada viaje- empezaron a salir carretones de cuatro ruedas. Eso fue aproximadamente por el año 6.&lt;br /&gt;En aquella época, un carretonero famoso en La Habana fue Joseíto Gómez Penabad, amigo nuestro, marchante de todos los días, que cuando se casó un 24 de febrero llevó a la boda 22 coches y Vis a Vis y hasta unos cuantos fotingos de los primeros que llegaron.&lt;br /&gt;Era el dueño de una flota de carretones que acarreaban tabaco del almacén de Monte 15, cerca de La Sortija, que se llamaba entonces Benítez y Compañía.&lt;br /&gt;Esos carretones ni tenían asientos. Cuando la carga estaba lista, el carretonero se trepaba encima de ella y desde allí manejaba los caballos.&lt;br /&gt;Toda la madera que acarreó Dionisio Pérez fue teniendo bien en cuenta dónde iba a poner la carga, pero no dónde iba a acomodar al carretonero.&lt;br /&gt;Manejar carromatos no era solamente incómodo, sino también peligroso.&lt;br /&gt;Nunca se me olvidará lo que le pasó a un negrito muy amigo mío, que la mujer se llamaba Casilda.&lt;br /&gt;Ese muchacho cargó el carretón hasta los topes, le colgó un trapo colorado adelante y otro atrás y arreó con todo aquello. Llevaba dos mulos nuevos con muchas ganas de ser mulos, con mucho empuje, pero poca experiencia. No hizo más que doblar por la calle Cristina, cuando los mulos se metieron en un hueco. La carga se desprendió, el carretón se viró de cabeza, fue el acabose.&lt;br /&gt;Como el carretonero no tenía defensa, nada de qué agarrarse, salió disparado por los aires, con tan mala suerte, que en la caída se desnucó.&lt;br /&gt;Así es la vida, a la semana del accidente, solo Casilda la viuda se acordaba del pobre carretonero. Los Pérez se buscaron a otro y siguieron halando madera, que era lo único que les importaba, ya que se hicieron ricos vendiendo palos.&lt;br /&gt;Dionisio Pérez, maderero al fin, él mismo construía en sus talleres todos los carretones que necesitaba, de la forma y tamaño que necesitaba, pero jamás se le ocurrió inventarle un asiento al carretonero. Cargaba tiras largas de la mejor madera, cedro, caoba, troncos que bajaban de las montañas, porque ya en los llanos apenas quedaba una mata que sirviera.&lt;br /&gt;Quince o veinte carretones suyos salían del ferrocarril cargados de maderas para el aserrío. Un día un amigo le preguntó:&lt;br /&gt;-Dionisio, ¿de qué vas a vivir cuando corten la última mata de las lomas?&lt;br /&gt;-Eso no lo voy a ver, -respondió- así que no me preocupa.&lt;br /&gt;Ya por el año ventipico había como diez o doce aserraderos famosos en la ciudad y quien sabe cuántos en el campo, incluso pegadito a los bosques.&lt;br /&gt;Y no solo era tabaco y madera lo que llevaban los carretoneros, sino toda clase de mercancías. Tan importante fueron, que en la calle Oquendo hicieron uno de piedra, tallado en la cornisa de una casa frente al antiguo Hospital de la Policía. Está bien hecho ese carretón de Oquendo, parece de verdad, halado por mulas, encima de un callejón de piedras. El carretón sin cochero. Se olvidaron de él como del marido de Casilda. Un León encima es lo que lleva ese coche. Sería porque su dueño era un león, buen comerciante. Era repartidor de sirope y panales, dulcero.&lt;br /&gt;Había una fábrica de panales en San José entre Belascoaín y Gervasio, de dueños vizcaínos y otra en Luyanó de un español luchoso, que lloviera, tronara o relampaguera, sacaba mil panales diarios en La Especial.&lt;br /&gt;Ese dulcero también vendía garrafones con sirope para hacer refresco. Por donde quiera uno se tropezaba con ese carretón de La Especial.&lt;br /&gt;Otros vendían melado de caña para rociar buñuelos o mojar con pan o hacer torrejas. También había estancos de productos criollos donde se vendía casabe, comidas cubanas y españolas; y muchos de esos productos se movían en carretones.&lt;br /&gt;Las cañas las traían a los puestos de chinos dentro de barriles de papas, mazos amarrados con ariques, a 3 y 5 centavos.&lt;br /&gt;El guarapo era una bebida popular, andaba por todas las esquinas. La gente lo tomaba con limón o naranja agria. A la liga de leche y mantecado le decían fotingo. Se vendían panales con leche y agua de coco.&lt;br /&gt;Lo que más venía de afuera y entraba por los muelles de Caballería eran las papas isleñas, los bocoyes de vino español y el bacalao de Noruega; y se encarretonaban esas mercancías en un terreno grande, frente al mar, para ser llevadas a los almacenes mayoristas.&lt;br /&gt;Los carboneros también usaron carretones halados por mulos. Llevaban el techo de lona y eran bien cerrados para que el tizne no molestara a los vecinos. Se parecían un poco a esos carromatos que salen en los convoyes de las películas del oeste.&lt;br /&gt;Al carbonero joven le costaba trabajo encontrar novia. Si la muchacha lo conocía tiznado, más nunca le hacía caso. La gente le huía más al hollín que al moñíngo. Lo mismo le pasaba al curtidor de pieles, que nadie se le pegaba ni aunque estuviese acabado de bañar. Las tenerías estaban en las afueras de los pueblos, como los basureros y los cementerios.&lt;br /&gt;Como entonces todo el mundo cocinaba con carbón, había muchísimas carbonerías, de donde salían todas las mañanas los carretoneros a pregonar. Nada más en Zapata y Paseo había tres, en el reparto Las Cañas como cuatro, dos en Pamplona.&lt;br /&gt;En el establo de La Ermita, nosotros hacíamos nuestros propios hornos; pero ni así alcanzaba el carbón, porque mi madre le cocinaba a los cocheros y a los peones. Teníamos una carbonera, y cuando no dábamos abasto, comprábamos unos cuántos sacos.&lt;br /&gt;De los Estados Unidos traían casi todos los mulos que iban a parar a los carretoneros. Eran animales sanos y fuertes, lo que les esperaba en Cuba no era juego, porque los barrios de La Habana tienen más de cuatro grandes lomas.&lt;br /&gt;Muchos carromatos se dedicaban a hacer viajes largos, a Matanzas, Güínes, Bejucal. Se metían como una semana en ir y venir a Hoyo Colorado en Bauta.&lt;br /&gt;Esos carretones eran más grandes, llevaban más mulos, pero aún así pasaban mil apuros. No había carretera central. ¡Qué iba a haberla! Si todavía La Habana tenía calles apisonadas, sin asfalto.&lt;br /&gt;Cualquier época era mala para coger un camino largo. Si había sol te aterrillabas; si llovía, el fango y los ríos crecidos no te daban paso, las lomas eran más empinadas. Los pobres animalitos tenían que vérsela con todo eso. No por gusto se inventó la frase de trabajar como un mulo, o la del que nace para mulo, del cielo le cae el carretón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-4301231318575571744?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/4301231318575571744/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=4301231318575571744' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4301231318575571744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4301231318575571744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/carretoneros.html' title='Carretoneros'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7048948506524868077</id><published>2007-11-18T09:37:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T09:38:04.077-03:00</updated><title type='text'>Lecheros</title><content type='html'>Nunca va a pasar esa costumbre de desayunar con un vaso de leche tibia y pura. Lo que la gente prefería era tomársela con el calorcito de la teta, por eso los lecheros se mudaron para la ciudad.&lt;br /&gt;Fueron muchos los establos que se dedicaron a las vacas. La Habana se llenó de lecherías. Lo que hoy es el edificio de la CTC, ¿quién iba a imaginarse que estuvo lleno de vacas? Esa era la finca El Retiro. De ahí sacaban las vacas- a eso de las cuatro de la madrugada- y las pastoreaban por todas las calles hasta los establos. El público iba con jarros y se llevaba la leche todavía tibia, porque podía ver el ordeño. Como a las cinco las vacas regresaban a la finca.&lt;br /&gt;En la esquina de Consulado y Virtudes estaba una de las lecherías más famosas. El dueño, que se llamaba Miguel Herrera, bebía la leche como el agua. Tan saludable estaba, que vino a morirse a la edad de 104 años. Isleño más duro que ese no lo hubo. Con un siglo de edad y todavía trabajaba la tierra que tenía en Bejucal.&lt;br /&gt;Por el año 10 la leche se vendía en alforjas y a caballo. La despachaban por copas, cuatro por cuarenta centavos. También iban a las casas a cumplir encargos.&lt;br /&gt;Sanidad les hizo una guerra a los lecheros. Dijeron que las vacas dentro de la ciudad eran las culpables de las pestes y las moscas. Mandaron a hacer unos carretones con casilleros de zinc galvanizado, y pintados de amarillo por fuera.&lt;br /&gt;Todavía hasta ayer el amarillo era el color de los lecheros. Sería por la mantequilla.&lt;br /&gt;En los establos las vacas se ordeñaban al momento y a la vista. De las botijas, la leche iba a parar a unos pomos lacrados por Sanidad, porque algunos repartidores, con el afán de sacar más de lo que daban las vacas, inventaron eso de rellenar los pomos con agua. Sanidad se aparecía de sorpresa en dondequiera, para tratar de agarrar a los que bautizaban la leche.&lt;br /&gt;Un vecino nuestro de los primeros de vivir en La Huerta, Pepillo González, era ganadero viejo, buen jinete y también se dedicó por mucho tiempo a las vacas lecheras.&lt;br /&gt;Cuando Pepillo murió, en junio de 1916, su entierro fue de muchos coches.&lt;br /&gt;Ese día mi padre escribió en su diario, con tinta roja que se destacara: “Hoy se murió el Decano de La Ermita, Pepillo González, muy sentido por todo el que lo conocía.”&lt;br /&gt;Antonio Benítez era lechero en Peñones y Calzada del Cerro. Allí guardaban los carretones amarillos con letras negras. De ese lugar salían todas las mañanas, en todas las direcciones, porque le sobraban los marchantes.&lt;br /&gt;Ya desde el tiempo de España habían traído el hielo a La Habana. En La Tropical hacían unos témpanos más altos que el hombre. Y otro negocio de carretón era el helado, carritos halados por caballos, que ofrecían muchos sabores de frutas. Esos carritos traían sorbeteras para guardar el frío y de ahí lo servían en barquillos, o en vasitos o en cucuruchos.&lt;br /&gt;La leche de burra era muy señalada por los médicos, se vendía mucho. Una finca en Bainoa fue famosa porque a ella se llevaban veinte o treinta burras y se las soltaban a un burro. Llegaban secas y salían preñadas. De ahí salió la leyenda que anda por ahí del burro de Bainoa.&lt;br /&gt;Manuel Vázque solo llegó a reunir cerca de 100 burras y las repartía cada mañana para que llevaran leche a las casas. Mujeres ricas hubo en la creencia de que bañarse con leche de burra las hacía más linda. La nave de Vázquez era grandísima, estaba detrás de donde es hoy la logia de Belascoaín y Reina.&lt;br /&gt;Un piropo a una niña bonita podía ser:&lt;br /&gt;-¡Preciosa! ¿Te criaron con leche de burra?&lt;br /&gt;La leche de chiva también se vendía por encargo, pero ese era un negocio menor. Al enfermo que le mandaban leche de chiva le convenía mejor comprar el animalito, que era más barato. Lo tenía en su patio -yerba era lo que sobraba-, lo ordeñaba a la orden; y eso sí, no podía perderlo de vista o se convertía en el cuero de un tambor y en un chilindrón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7048948506524868077?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7048948506524868077/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7048948506524868077' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7048948506524868077'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7048948506524868077'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/lecheros.html' title='Lecheros'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-1616428201758831801</id><published>2007-11-18T09:16:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T09:33:36.882-03:00</updated><title type='text'>Los policías republicanos</title><content type='html'>En los primeros años de la República, hubo policías cubanos y también gallegos; y hasta uno francés conocí. Descontando a los americanos que vinieron sin invitación, eran extranjeros contratados por sus conocimientos, por estar radicados en Cuba y por ser personas de ley y orden.&lt;br /&gt;Bota fue un catalán policía de a caballo, en cualquier esquina se aparecía pitando. Tenía un ojo aquí y otro allá y nada se le iba. Si alguien estaba maquinando un mal y oía el pito, arrancaba:&lt;br /&gt;-¡Huye, que viene Bota!&lt;br /&gt;Un policía chino le alquilaba coches a mi padre para ir a los juicios o hacer citaciones. Cuando a ese chino le tocaba la posta de Ayestarán, había que santiguarse dos veces para salir de La Ermita, porque no perdonaba ni al cochero que tanto le servía. Un día uno, tratando de quitarse de encima la multa le dijo:&lt;br /&gt;-Yo a usted lo llevo mucho, ¿no me conoce?&lt;br /&gt;-Tú lleva a mí, yo paga a ti –le respondió el muy cabrón- ahola yo solplende a ti, tú paga a mí.&lt;br /&gt;Ese chino era buen jinete, dueño de un caballo colín (al que le faltaba medio rabo). Donde último lo vi prestando servicios fue en el Vedado.&lt;br /&gt;La policía tenía los mejores caballos, lo mismo que el ejército, y una herrería propia. Antes de subir Machado al poder, la policía era municipal. Regla tenía la suya, Guanabacoa la suya; todos los pueblos administraban su estación, que respondía al alcalde que le pagaba.&lt;br /&gt;Como la capital fue siempre la capital –y desde Colón a Fidel Castro eso nadie lo ha podido cambiar- los policías mejor vestidos, mejor comidos, mejor montados y mejor pagados, eran los de La Habana. Se distinguían a la legua nada más por la tela del uniforme. Machado los unió a todos en un solo cuerpo, el de la Policía Nacional, porque así los contentaba y los tenía más controlados.&lt;br /&gt;El uniforme era azul con una raya blanca en la pierna.&lt;br /&gt;Lo de unir a los policías en un solo cuerpo no fue invento de Gerardo Machado.&lt;br /&gt;Eso venía de más atrás. Aquí llegaban modas para las ropas y también modas de cómo administrarse. Una vez se pusieron de moda los alemanes. Tenían fama de saber organizar mejor que nadie un país y empezaron a imitarlos.&lt;br /&gt;Si había un magnate de algo, a ese le llamaban Káiser. A Constantino Meano, un cambista de dinero que hacía negocios en grande en Monserrate y Obrapía, cuando empezó a hacerse rico, le colgaron enseguida el nombrete de el Káiser.&lt;br /&gt;En el año 22 lo asesinaron cerca del puente de Almendares, que entonces era campo. Seguramente le hicieron una trampa, le propusieron un buen negocio y era para robarle.&lt;br /&gt;Los primeros policías de tránsito que hubo en Cuba, por los años 19 o 20, usaron polainas y cascos de pararrayo. Le decían así porque terminaban en una punta como el de Káiser alemán. Por ahí deben de quedar gente que usó esos cascos después de la guerra del 18. Yo tuve amigos motoristas que fueron policías de pararrayos.&lt;br /&gt;El primer policía que usó ese uniforme, según cuenta la gente, fue el padre de Amado León, el que tenía guaguas en la ruta 58.&lt;br /&gt;Había un reglamento para la conducción de los carruajes. Guiándose por él los policìas multaban; pero yo nunca lo tuve en mis manos, no lo leí, ni falta que me hizo. Los únicos problemas de tránsito que tuve fueron a causa de manejar coches con poca edad. Por muy derecho que anduviera, si me veían me bajaban del coche y me llevaban para la Décima Estación en 29 y A. Mi padre tenía que ir allí a reclamarme; porque según ellos, era muy chiquillo para andar ya de cochero, y el coche lo mandaban para los fosos que estaban en Campanario y Belascoaín. Había que pagar para sacarlos.&lt;br /&gt;Las armas de aquellos policías eran tres: un palo bien duro, un revólver y lo que más miedo metía a choferes y cocheros: las multas. Por cualquier cosa te pegaban una.&lt;br /&gt;Multa por salirte de la fila de coches, multa por arrimarte mal a la acera, por no dar timbre en la esquina, por no ir por la derecha; y aunque ahora parezca mentira, también abundaban las multas por ir a exceso de velocidad.&lt;br /&gt;Un problemita que siempre nos estaba mortificando era el de los faroles, que había que llevar encendidos de noche. Los trabucos, por buenos que fueran, se apagaban con el primer vientecito que soplaba, y ahí mismo, cuando menos lo necesitabas, llegaba el policía. Y ¡multa por ir apagado!&lt;br /&gt;Con los primeros fotingos, se usaron faroles de luz brillante; pero era el mismo caso, que cualquier airecito lo apagaba. Como el policìa sabìa eso, estaba siempre a la caza, escondido en cualquier esquina, y cuando menos te lo esperabas oías el grito:&lt;br /&gt;-¡Arrímate ahí, que te pesqué! ¡Voy a ponerte una multa!&lt;br /&gt;-Pero, ¿por qué, vigilante?&lt;br /&gt;-Porque el farol no viene encendido como dice el reglamento.&lt;br /&gt;-¿No ve que el viento los apaga?&lt;br /&gt;-¿Y qué quiere usted, hombre? ¿Qué le pegue la multa al viento?&lt;br /&gt;No había manera de convencer al policía. Lo suyo era poner la multa; porque si regresaban en blanco a la estación, el capitán les preguntaba:&lt;br /&gt;-¿Para qué te metiste a policía, carajo, si no sabes ni poner una multa?&lt;br /&gt;Abundaban los accidentes, un choque, un arrollado; porque el coche cogía su velocidad, y además, cocheros chapuceros había, que metían un contenazo, se subían a una acera o se enredaban con otro coche en la esquina.&lt;br /&gt;Podía ser que, a pesar de todos los cuidados, un caballo se volviera loco, le diera por correr y se desbocara. De ahí venía el vuelco del coche. Hasta muertos había. Por suerte eso no pasaba todos los días.&lt;br /&gt;Cuando Félix Andrade le hizo la guerra a los timbres, al otro día empezaron los choques y los arrollados. Los timbres eran un aviso necesario. Parar a riendas la marcha de un caballo no era tan fácil como pisar el pedal del freno en un fotingo.&lt;br /&gt;El alcalde no sabía dónde meter la cara. Al fin y al cabo tuvieron que volver a autorizar los timbrazos y los ruidos. Pero ni así terminaron los accidentes, porque la causa mayor era la oleada de fotingos que se desató en La Habana.&lt;br /&gt;En los choques siempre salían perdiendo los cocheros, los coches y los caballos. Era hierro y lata contra pellejo y lona. Los fotingos desguasaban a los coches con tremenda facilidad; aunque ellos también cogían su parte cuando les daba por correr. En cualquier curva te encontrabas un fotingo con las ruedas para arriba. En la carretera, decir curva era decir muerte. Las curvas se recordaban por la gente que había muerto en ellas.&lt;br /&gt;Los policías de tránsito tenían su cuartel en Prado y Malecón. Las jaulas que usaban para trasladar presos eran carruajes bien cerrados, halados por mulas, lo mismo que la bomba contra incendios.&lt;br /&gt;Cuando llegaron los fotingos, los policías tuvieron que motorizarse. O soltaban los caballos o se quedaban atrás. Por el año 8 el Ayuntamiento de La Habana compró motocicletas Peugeot a Francia. Eran bonitas, de dos cilindros, las usaban nada más en las calles importantes.&lt;br /&gt;A los inspectores les dieron las primeras cuñitas Ford que llegaron y les pusieron a un policía de chofer. Tenían que ser esclavos de sus cuñas, las cuidaban como a niñas bonitas. Tanto, que en el gobierno de Machado todavía rodaban. Los comandantes se movían en ellas.&lt;br /&gt;Los policías también recibieron unas motos muy buenas, de la marca Harley Davidson, que distribuía José Presas en la calle San Lázaro.&lt;br /&gt;A la policía también le dieron unos camioncitos abiertos atrás y con hileras de asientos. En ellos llevaban a los pelotones a todas las postas de La Habana.&lt;br /&gt;Antes de Machado, la fama de policía malo se cogía porque pegaba multas con mucha facilidad o le gustaba trancar el tránsito. No digo que no hubiera un señor policía que asesinara o golpeara, pero no era lo que se veía en la calle cada día. Con el tiempo los hubo peores que los propios delincuentes.&lt;br /&gt;Policías de mala fama fueron los “expertos”. Esos cabrones no tenían vida con nadie, eran expertos en el abuso. Vestidos de paisano, sorprendían a mariasantísima.&lt;br /&gt;Había un “experto” que se llamaba Fernández de Lara y era enemigo particular de todos los choferes. Para él meter una multa era igual que tomarse un vaso de agua. Y siempre tenía sed. No le hacían falta muchos motivos para meterle por la cabeza a cualquiera una multa de treinta pesos.&lt;br /&gt;Fernández de Lara se paraba todos los días frente al capitán Sed y empezaba a zumbar multas de treinta pesos, una detrás de la otra; y contentísimo, porque esa era su vida.&lt;br /&gt;Según razones, con ese jueguito se metía en el bolsillo todos los días cientos de pesos que no iban al fisco, porque este Fernández de Lara estaba en combinación con otro bandolero que era sobrino del presidente Oscar Zayas.&lt;br /&gt;Este Zayas era el juez del Cerro, y ahí tenía montado el negocio a costa de los propios choferes. Los años que estuvo en el poder su tío, se los metió él como juez en el Cerro y cobraba comisión por las multas.&lt;br /&gt;En la jurisdicción de Oscar Zayas, los “expertos” tenían vía libre para cometer todas esas inmoralidades. En su territorio hacían y deshacían, porque se consideraban respaldados.&lt;br /&gt;De la esquina de Tejas para acá, Puentes Grandes, todo eso era su jurisdicción. El”experto” te cazaba y te decía:&lt;br /&gt;-Arrima, que te pusiste fatal.&lt;br /&gt;Cuando te enseñaba la chapa, ya sabías que aquella era una causa perdida, que si reclamabas saldrías peor.&lt;br /&gt;Vicent era menos injusto con las multas, lo mismo que Del Cristo, que estaba en Picota y Acosta, y era muy severo, aunque sin salirse de la línea.&lt;br /&gt;El que Del Cristo manejaba y nadie podía venirle con un cuento porque se los sabía todos. Conocía calle por calle de toda su jurisdicción. Si le traían a uno con el invento de que le habían chocado el fotingo en la alcantarilla de Revillagigedo, enseguida le disparaba:&lt;br /&gt;-Usted es el culpable, ahí tiene que parar, porque hay una línea de ferrocarril.&lt;br /&gt;El Cerro era un infierno para los choferes, por esa combinación del jefe de la, el juez y los “expertos”. Tanto abusaron que, cuando Machado llegó al poder, su primer plumazo relacionado con el Cerro fue para botar a ese juez.&lt;br /&gt;Oscar Zayas salió en coche, no le quitaron nada, no lo metieron preso; al contrario, ese dinero que sacó de su mandadera debe haberle servido para entrar en el negocio del Diario de la Marina, o después cuando abrió el periódico Avance.&lt;br /&gt;Al final de su gobierno, sobre todo, los policías de Machado hicieron horrores. Ahorcaron inocentes, les dio por matar y torturar. Se buscaron tanto odio, que cuando tumbaron a Machado, la gente los cazó como a ratas. Los perseguidos se volvieron perseguidores.&lt;br /&gt;Al coronel Jiménez, jefe de la porra, de tanto odio que le tenían, querían matarlo hasta después de muerto. Estaba por Prado y Virtudes. Se escondió en la botica de Lorié y, cuando se vio perdido, empezó a tirarle a todo Edmundo, hasta que un soldado lo mató.&lt;br /&gt;A los de la porra los arrastraron por las calles de La Habana, los ahorcaron en los postes, quemaron sus fotingos, arrasaron sus casas. Machado buscó la manera de huir y los dejó a ellos embarcados.&lt;br /&gt;De Palacio sacaban los toneles de vino rodando, las botellas, los puercos. El barbero de Machado tenía un teatro de relajo que la gente desbarató.&lt;br /&gt;Claro que también hubo policías muy decentes, algunos fueron amigos míos, eran incapaces de abusar de nadie, mucho menos de matar. Los hubo mambises con vergüenza, porque mambí fue Machado pero no la tenía; policías de verdad, que se pusieron el traje para servir a la justicia, no para vivir de él.&lt;br /&gt;En el Cerro, el capitán Plácido Hernández fue policía los cuatro años de Zayas; y no cayó en escándalos, no se hizo rico, no abusaba de la gente, ni tenía privilegios,  nadie nunca pudo señalarlo con el dedo.&lt;br /&gt;Había sido brigadier mambí. Cuando se le acabó la guerra, a él no se le acabó el patriotismo. Se ganó la fama de ser muy recto, justo y honrado, pero como él había pocos.&lt;br /&gt;Eso sí, a cualquiera lo paraba en el medio de la calle y le mandaba a abotonarse la camisa. Los borrachos tenían que andar derechitos con él, y la borrachera seguro que la pasaban detrás de las rejas. Pero con las personas que cumplían con la ley Plácido era todo un caballero.&lt;br /&gt;Recorría la ciudad a pie, lo mismo de noche que de día, y si sorprendía a un vigilante dormido en la posta, le llevaba el fusil. Si entraba en una estación de madrugada y encontraba al carpeta dormido, le llevaba el libro. El que se despertaba en una guardia sin fusil o sin libro, lo que quería era morirse; porque después venía él pidiendo cuentas claras.&lt;br /&gt;El caso del general Armando de la Riva fue otro que debía tenerse como ejemplo de policía decente. Dicen que de la Riva fue el general más joven de la guerra, y que, por cierto, no le regalaron los grados.&lt;br /&gt;A pesar de su edad tuvo altos cargos en la República, fue jefe de la Policía en La Habana, presidente de la Audiencia en Camagüey y embajador cubano en México.&lt;br /&gt;Se empeñaba en hacer bien las cosas. Sus policías tenían que andar al hilo. El que no le cumplía iba preso. Por esa manera de ser fue que se buscó enemigos y atravesados, hasta que le prepararon una emboscada para matarlo.&lt;br /&gt;Cobardemente, ni siquiera esperaron a que anduviera solo ni le presentaron el frente.&lt;br /&gt;El caso era que De la Riva se había cuadrado cuando el problema de las casas de juego. Unos pensaron que teniendo de su parte a la Policía, podrían hacer y deshacer; pero él no entró en ese cambalache.&lt;br /&gt;Una sola palabra suya lo hacía rico, diciendo sí además se evitaba muchos problemas y enemigos. Nadie se iba a poner bravo si cada cuál cogía su tajada.&lt;br /&gt;De la Riva nada más tenía que hacerse el ciego y agarrar su lasca. Eso era lo que casi todo el mundo hacía. Tanta era la desvergüenza, que, por el año 6, La Política Cómica, un periódico que se dedicaba a sacar los trapos sucios desgobierno, publicó la caricatura de una gorra de policía llena de dinero producto del juego.&lt;br /&gt;Pero De la Riva nunca entró en ese reparto, decía que no había ido a la Guerra de Independencia para eso y su manera de actuar le costó que lo mataran.&lt;br /&gt;En el Paseo del Prado había uno de esos casinos de juego muy lujosos, hecho para que los camajanes fueran a apostarse la plata y quién sabe qué más.&lt;br /&gt;Estaba contra la ley; pero ellos decían que no, que aquello no era un garito, sino un círculo político, ese era el escudo. Un día De la Riva descubrió todo aquello; fue y les dijo:&lt;br /&gt;-¿Aquí por casualidad viene la gente pobre a jugar y a probar suerte?&lt;br /&gt;-¿Con qué fondillo se sienta la cucaracha, general? Aquí se juega dinero, y también se discute de política.&lt;br /&gt;-Se jugaba y se discutía, porque esto se cierra ya. Ahora van a estar parejos, los pobres que no tienen con qué y ustedes que no tienen dónde jugar, ¿qué les parece?&lt;br /&gt;Esa casa de juegos era sostenida por otro general, Ernesto Asbert, un tipo bocón, muy echado pa’lante. Era gobernador de La Habana y había participado en la Guerra de Agosto. Cuando salió gobernador se confundió, se creyó que había salido Presidente de la República, o quería imitar a los antiguos Gobernadores Generales, el caso fue que se le metió en la cabeza levantar un palacio de Gobierno en Aguiar y San Juan de Dios. Lo menos que se esperaba era que se le iba a encrespar un simple jefe de policía. Cuando vio que no podía arreglarse a las buenas con él, se le ocurrió matarlo. La culpa no fue toda de Aubert, también hubo intrigas, gente que le daba cuerda, por conveniencias personales, gente que simulando ser sus amigos, sin embargo le estaban serruchando el piso, pues si se enredaba en un buen escándalo, por bien que saliera no llegaba ala presidencia, que era lo que más perseguía, y por eso desde gobernador ya estaba soñando con palacios.&lt;br /&gt;Fue en julio de 1913, De la Riva venía en su coche halado por dos caballos que tenían la cola muy larga y bonita. Ese día andaba de paseo. Con él venía el capitán Campiña, su hijito y otro muchachito. Lo menos que esperaba era que iba a ser asesinado. De haber pensado en su muerte no habría salido con los niños.&lt;br /&gt;Cuando pasaron por Animas, que era donde estaba la casa del litigio, ahí mismo le tiraron. El general Ernesto Aubert y el representante por Matanzas Eugenio Arias fueron los que dispararon a De la Riva, y el senador por Camagüey Vidal Morales le tiró al capitán Campiña. El muy maricón, en lugar de batirse por su jefe como era su deber, salió corriendo y se metió detrás de una columna y se quedó ahí esperando a que pasara todo.&lt;br /&gt;Esa gente no anduvo creyendo que hubiera niños de por medio.&lt;br /&gt;Yo tengo por ahí recortada una foto del general De la Riva, porque lo admiraba mucho. Me dio lástima que muriera tan joven, por querer arreglar el mundo él solo. El sabía que por eso lo iban a matar, pero seguramente no pensó que lo harían cobardemente mientras paseaba a los niños. Un hombre el cual las balas españolas habían respetado en la manigua, vino a caer por la mano de un compatriota ambicioso.&lt;br /&gt;Al otro día del tiroteo, muchos coches nuestros fueron al entierro del general De la Riva. Muchos habaneros estaban tristes. Hubo mujeres que lloraron de pena, pero hubo gente que lo celebró, sobre todo aquellos que querían dar rienda suelta a los casinos y las ruletas hasta convertir a La Habana en un garito.&lt;br /&gt;Los asesinos fueron condenados, Menocal fue el que más salió ganando con esta sangre derramada; porque se quitó de encima a Aubert, que iba a ser su contrario en las elecciones. Y de paso se quitó del medio al joven jefe de policía decidido a no corromperse.&lt;br /&gt;Qué triste final. Todos habían peleado juntos en la manigua por la misma causa, como patriotas, y ahora se mataban unos a otros por los privilegios o por un puesto en el gobierno. Y total para qué, pronto vino el perdón para los asesinos. Los garitos, en lugar de cerrar sus puertas, se esparcieron por toda la ciudad. Eso sí, para los pobres inventaron la bolita, donde los policías siempre ganaban. Y el muerto al hoyo y el vivo al pollo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-1616428201758831801?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/1616428201758831801/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=1616428201758831801' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/1616428201758831801'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/1616428201758831801'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-policas-republicanos.html' title='Los policías republicanos'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-1266554389581667621</id><published>2007-11-18T09:08:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T09:16:05.579-03:00</updated><title type='text'>El ejército a caballo</title><content type='html'>El ejército montaba buenos caballos, tenía tres pelotones con alazanes dorados y negros, educados casi como cristianos. Sabían nadar, bailar, llevar diferentes pasos de desfiles, saludar. Se paraban en dos patas y, movidos por las riendas del jinete, lo ayudaban en su tarea de soldado.&lt;br /&gt;Atentos a la señal del amo, de manera que solo ellos dos se enteraban, golpeaban con los cascos, empujaban con el cuerpo, acorralaban, y si era necesario, -siempre respondiendo a la orden de la rienda-se le echaban encima al pinto de la paloma.&lt;br /&gt;La escolta del Presidente montaba unos caballos especiales, altísimos, metían miedo cuando andaban por el Prado en marcha de ataque o cuando marcaban el paso en un desfile con el Presidente.&lt;br /&gt;Si había que romper una manifestación, entrar a la fuerza a un local de sindicato, acabar con una huelga, desbaratar a un grupo de protestotes o limpiar la calle para que el Presidente circulara, esos caballos se bastaban.&lt;br /&gt;El ejército importaba esos caballos a montones, por cientos, llegaban vapores desde los Estados Unidos, de los potreros de Texas y Kentucky.  Eran retintos, dorados, con aires de gran caballo; pero algunos se morían sin llegar a aclimatarse, a consecuencia de los calores del trópico. La mayoría, gracias a la dedicación, pasaba poco tiempo después al servicio militar.&lt;br /&gt;Los soldados y los oficiales aprendían equitación en escuelas de Estados Unidos, pero yo supe de un jinete de la guardia del Presidente, en la época de Gerardo Machado, que fue a entrenarse a escuelas francesas. Allá enseñaban a los caballos a marchar con mucha arrogancia, correr al galope, trotar a la inglesa, brincar por encima de palos atravesados, de charcos y fangueros.&lt;br /&gt;Hasta a bailar enseñaban a esos animalitos.&lt;br /&gt;Al soldado que le entregaban uno de esos caballos, no le esperaba nada fácil.&lt;br /&gt;Sabía que además de enseñarle todas esas marchas que se estilaban en Francia, tenía que aplicarle lo de la escuela cubana, que era cargar contra la gente, romper grupos, arrollar.&lt;br /&gt;La Guardia Rural se basaba en parejas de jinetes. A la voz de “ahí viene la pareja” el jorobado se enderezaba y el loco se volvía cuerdo.&lt;br /&gt;Al principio los animales llegaban cerreros, pobrecitos, extrañando sus yerbas y sus praderas y el clima fresco. Aquí había que darle picadero, enseñarlos, ejercitarlos, y cuidarlos y alimentarlos como a un niño. El jinete que estaba a cargo de uno de esos caballos no salía del establo. Lo pelaba, lo bañaba, le daba las medicinas, la comida, cada alimento pesado para no darle de más o de menos.&lt;br /&gt;Uno de esos soldados que se quejaban de la vida dura del cuartel le dijo a su capitán que era un hombre bonachón y antes había sido veguero:&lt;br /&gt;-Con todo respeto, capitán, estos caballos están mejor atendidos que nosotros.&lt;br /&gt;-Es que nos cuestan más caros-le dijo el oficial y no estaba mintiendo.&lt;br /&gt;Los caballos del ejército también se usaban en carretones, para acarrear cargamentos de balas, cañones. La Cabaña movía toda la artillería de monte con mulos. Delante iba un caballo con gangarrias dirigiendo la ruta. A mí nunca se me perdió nada en ese castillo. No me gustaba llevar gente allá, porque para llegar había que fajarse con una loma muy pesada que no todos los caballos entendían. Pero entonces un pariente mío que era soldado, tuvo problemas, cayó preso, y me vi en el compromiso de ir a verlo a cada rato.&lt;br /&gt;Ese pariente mío le manejaba a un capitán que era malo como un diablo. En su propio carro no dejaba montar ni a su mujer ni a su hija. Decía que eso no era suyo, mucho menos de su familia, que se empezaba por usar un carro del gobierno y se terminaba llevándose a Cuba dentro de un fotingo.&lt;br /&gt;Pues un día ese capitán le encargó a mi pariente que fuera a echar gasolina al cuartel de San Ambrosio, y como era su costumbre, le advirtió que no podía montar a nadie, ni a un general si se lo pedía.&lt;br /&gt;Cuando estaba en camino vino un teniente y le dijo que lo llevara. Mi pariente le explicó que se lo tenían prohibido, pero el oficial insistió:&lt;br /&gt;-Es una orden –le dijo.&lt;br /&gt;-Por su madre, teniente, si lo llevo sé que me van a castigar.&lt;br /&gt;-Y si no me llevas también; entonces el problema va a ser conmigo.&lt;br /&gt;Al ver que el teniente no entraba en razones, mi pariente pensó que tal vez con un poco de suerte el capitán no se enteraría de que hizo un viaje no autorizado. Pero ni modo. Alguien se lo dijo al zoquete, y su pobre chofer fue a parar al calabozo.&lt;br /&gt;Este capitán estaba al frente de la zapatería que el ejército tenía en Rancho Boyeros. Su carro era un Buick. Todo el mundo le tenía odio a él y a su máquina. Lo estaban cazando para cobrárselas todas juntas. Y cuando Machado salió huyendo, el cocinero se puso los grados de capitán de su jefe y también se quedó con el Buick, al que le estuvo dando leña por toda La Habana hasta que terminó hecho un merengue.&lt;br /&gt;Este capitán y otros se metieron en el Hotel Nacional y ahí se fajaron guardias contra guardias. Hubo hasta cañonazos y barcos de guerra. La furnia de la calle 23 se llenó de muertos y heridos. A los que cogían presos los ponían contra la pared y los fusilaban sin juicio. Pero el capitán de este cuento salió bien, nada más cayó preso.&lt;br /&gt;Un día tuvo un percance con mi cuñado, un gallego genioso que trabajaba en una casa americana de Tulipán y Cerro, un lugar donde vendían puntillas, clavos y cosas relacionadas con las zapaterías.&lt;br /&gt;Mi cuñado tuvo que ir al taller del ejército a hacer una diligencia y le tocó en suerte encontrarse con ese hombre tan atravesado.&lt;br /&gt;El capitán lo miró de muy mala manera, se le paró delante y le dijo:&lt;br /&gt;-A esta fábrica del ejército no se puede entrar si no es de cuello y corbata.&lt;br /&gt;-Pues yo no uso cuello ni corbata –dijo el gallego endemoniado como estaba- y no tengo necesidad de entrar a este taller de mierda, si quieren puntillas vayan a comprarla a la puñeta.&lt;br /&gt;El hombre se puso como loco, a gritarle órdenes.&lt;br /&gt;-Usted mandará a sus reclutas –le dijo mi cuñado- no a mí, que el ejército ni me va ni me viene.&lt;br /&gt;Y nunca más le vieron un pelo por esa fábrica.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-1266554389581667621?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/1266554389581667621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=1266554389581667621' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/1266554389581667621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/1266554389581667621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/el-ejrcito-caballo.html' title='El ejército a caballo'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7890635846890831725</id><published>2007-11-18T09:00:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T09:07:57.151-03:00</updated><title type='text'>Azar</title><content type='html'>La vida misma es una casualidad, pero yo a eso no le hago mucho caso. Cerca de La Ermita, hacían su campamento los gitanos; tenían muchos enemigos, y cada vez que se perdía una culpa iba a parar a ellos. Gallina que se perdía, gallina que se habían robado los gitanos.&lt;br /&gt;Yo iba a verlos porque también tenían su lado de admirar. Eran alegres y buenos jinetes. Cantaban, bailaban, y una de las mujeres más viejas, adivinaba la suerte.&lt;br /&gt;Dicen que la suerte es loca, pero más loco es aquel que se preocupa por adivinarla. Mi suerte era de cochero y estaba en las riendas, no en ninguna otra parte.&lt;br /&gt;Claro, que a veces es como si Dios se pusiera a jugar a los dados con uno y dijera: “vamos a ver qué le damos hoy a este”. Una nochebuena me saqué la rifa de un reloj de oro. Fue sin darme cuenta, ya hasta se me había olvidado que tenía la papeleta de una rifa en el bolsillo.&lt;br /&gt;La nochebuena era un buen momento para trabajar los coches, yo andaba para arriba y para abajo llevando a la gente a comprar regalos, arbolitos, comida. Todo el mundo tenía dinero para gastar. Algunos estaban derrochando lo que habían ahorrado todo el año trabajando duro, para tener unas felices pascuas. El próspero año nuevo era el que nunca venía por más que uno se lo propusiera. Y en eso llegó el hombre a venderme el gallo tapado.&lt;br /&gt;Le dije que no me gustaba apostar, que si quería un reloj ahorraba y lo compraba. Y él a hablarme de sus necesidades, hasta que por salir de él cogí el número 23 y seguí mi camino. Se me olvidó aquel hombre y su rifa, y venía con un cliente que llevaba unas gallinas y un guanajo para su fiesta, cuando se me apareció para darme la noticia de que el premio era mío.&lt;br /&gt;La lotería la organizaron por el año 9, y por cuenta de ella se dio el escándalo de los cuatro gatos.&lt;br /&gt;Eso empezó porque a la mujer del presidente Zayas le gustaba tanto el dinero, que le decían María Centén. Ella pedía y Zayas daba.&lt;br /&gt;En el año 22, para congraciarse con su mujer, Zayas le dio el billete 4444, que en la charada es cuatro veces gato, y, por una casualidad que nadie se creyó, ese número salió en premio gordo. La María Centén ganó cien mil pesos con esa gracia de su marido.&lt;br /&gt;A las patas de los gallos finos hubo gente que se jugó hasta los calzoncillos.&lt;br /&gt;Cerca del puente de Agua Dulce había una valla muy grande, que se llenaba de gente; y en Jesús Del Monte, otra que estaba abierta desde el tiempo de España.&lt;br /&gt;Por el año 28 los gallos se jugaban nada más que los domingos y los días de fiesta. Con menos de 18 años de edad no se podía poner un pie en la puerta de una valla. Pero a campo abierto, en toda la Isla, hasta los niños echaban a pelear a sus gallos. Todos los días se desguasaban quien sabe cuántos animalitos en peleas de apuestas. Es que la gente confiaba más en el azar de las lidias que en el jornal del trabajo.&lt;br /&gt;En Alejandro Ramírez y San Ramón, donde hay una callecita de una sola cuadra que se conoce por Callejón de la Plata, hubo una valla grande donde el dinero corría como el agua.&lt;br /&gt;Hasta en los pueblecitos más chiquitos había una valla. Cuando Machado, sacaron una ley prohibiéndolas en los lugares donde hubiera menos de 300 vecinos, pero esa cantidad la había en cualquier caserío, mucho más si le abrían una valla.&lt;br /&gt;Había galleros viejos muy conocedores de su oficio, gente que se dedicaban en cuerpo y alma a los gallos finos. Eran los que mantenían viva la tradición de las lidias y las vallas. Preparaban a los animales, los entrenaban, los alimentaban, los tusaban, les afilaban las espuelas y los preparaban para la pelea; luego la gente se jugaba las bolsas de centenes. Se emocionaban; en ocasiones la pelea la empezaban los gallos y la terminaban ellos.&lt;br /&gt;Por los años 18, los gardensplays; otro en el Apolo de Santos Suárez; otro en Prado, en donde ahora está el Capitolio; y en todos era el mismo juego.&lt;br /&gt;En el cine Valentino, en la esquina de Tejas, tenía una buena pelotera, la mejor de todas, era de verse aquella niña, por su figurita, y por lo bien que le daba a la pelota. Bailaba en esa pista. Daba con la raqueta de lado, de frente, como quiera, y la otra se quedaba sin poder devolver la pelota. Esa niña no pesaba ni 80 libras, tenía mucha vista, mucha agilidad. Le decían La Carmelita.&lt;br /&gt;Empezaba jugando bien, embullando a la gente, y en el momento en que tenía ya de su lado casi todas las apuestas, le encendían una luz, y esa era la señal convenida para que La Carmelita empezara a equivocarse y hacer chambonadas.&lt;br /&gt;De ahí en adelante era otra, no la veía, no le daba ni a un melón, y si le daba, iba a parar a la malla. La gente le gritaba horrores; ella se ponía bravísima, pero seguía dándole mal a la pelota, porque del otro lado, con una señal de luz, la estaban obligando a perder.&lt;br /&gt;A veces ganaba una que no era pelotera, que la habían metido de forro, caía mal, y la gente se indignaba, le gritaba a la chiquita:&lt;br /&gt;-¡Cuarto de pollo, cabrona, me vendiste!&lt;br /&gt;No tenía la culpa la pobrecita, a eso la obligaba la necesidad.&lt;br /&gt;Igualito pasaba con la carrera de caballos. El Oriental Park lo abrieron por el año 15, lo manicheaba un americano que andaba siempre vestido de negro, con una vara de mayoral debajo del brazo. Lo mismo amenazaba a los caballos que a los empleados.&lt;br /&gt;Un jockey del Oriental Park era amigo del establo y nos contaba. Llevaba tiempo corriendo caballos en Marianao, y casi no tocaba la montura ese muchacho.&lt;br /&gt;Un fin de semana estaba por salir a la pista, cuando vio a un cochero nuestro que era amigo suyo y vino a saludarlo. El cochero le dijo que había ido a apostar por él.&lt;br /&gt;-¡Ni se te ocurra! –le respondió-¡Pierdes tu dinero si lo haces!&lt;br /&gt;Y le señaló a quién tenía que apostarle, a otro jockey de menos estampa. Era el mismo caso que el de La Carmelita. Todo el mundo emocionado dando gritos, y en la última vuelta, al mejor caballo se le aflojaban las patas.&lt;br /&gt;Yo llegué a ver carreras limpias y emocionantes, que se ganaban a pelo y espuela, y las apuestas se hacían cara a cara, mirándose a los ojos, que es donde se descubre a los tramposos. En estas apuestas entraban también los jinetes, ganaban o perdían contigo.&lt;br /&gt;Cerca de La Ermita se corría desde El 20, hasta la esquina de Tulipán y Ayestarán. El 20 era la bodega de Félix Raimundo, vecino nuestro que está en todos los libros de mi padre, mencionado como amigo de los buenos.&lt;br /&gt;De El 20 salían los dos jinetes como relámpagos. Atrás dejaban el polvo y la gritería de los apostadores. La carrera se hacía nada más que de ida, pero por un camino difícil, un lomerío, a expensas de que se partiera la pata el caballo o el cristiano que lo montaba. Se gritaban las apuestas, muchos centenes pasaban de mano en mano según llegaran a la meta los caballos. Y al final a celebrarlo con fiestas y destapando botellas y deseando que llegara pronto la fecha de la próxima carrera.&lt;br /&gt;Pepillo González le ganó a muchos jinetes montando un caballo del potrero de Genaro Pérez. No era un animal muy grande ni de mucha vista, pero sí muy buen corredor. Pepillo no lo enganchaba a ningún coche ni lo usaba para nada que no fuera esas carreras de La Ermita.&lt;br /&gt;El día de las carreras era muy bonito. Empezaba con fiesta y terminaba con ella. Temprano, por todos los caminos, llegaban los jinetes. Muchos venían desde muy lejos, de Guanabacoa, Bejucal, Batabanó, Guanajay, hasta de Pinar del Río llegaban jinetes. Allí se juntaban como trescientos y se ponían a cazar las carreras y a apostar. Lo primero que salía a relucir eran los centenes, y enseguida, las botellas de aguardiente. Ni en el Jockey Club del Oriental Park se veía tanta fiesta.&lt;br /&gt;Antonio el pirotécnico también montaba un buen caballo. La piromanía lo había dejado manco y tuerto, pero seguía siendo un buen jinete, y, además, un comerciante próspero.&lt;br /&gt;Salía todas las mañanas en su caballo dorado a recorrer los barrios de La Habana y regresaba por la tarde con quince o veinte órdenes de losas para Teruel.&lt;br /&gt;Con Teruel trabajaban por lo menos treinta o cuarenta albañiles que techaban hasta dos casas por día con el sistema de viga y losa que estaba de moda.&lt;br /&gt;Luego vino a joderlo el progreso, inventaron la placa, bajó la altura de los techos, la gente se tiraba para lo moderno, y el catalán Cayetano Teruel sufriendo, viendo como su negocio se volvía sal y agua.&lt;br /&gt;Ahí en su casa de Domínguez y Ayestarán se sentaba y decía:&lt;br /&gt;-Pero mis techos van a durar mucho más que nosotros.&lt;br /&gt;Y ahí están.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7890635846890831725?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7890635846890831725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7890635846890831725' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7890635846890831725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7890635846890831725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/azar.html' title='Azar'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-4197012598803950230</id><published>2007-11-18T08:54:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T09:00:04.842-03:00</updated><title type='text'>Los barrios de La Habana</title><content type='html'>Dicen que La Habana tiene 43 barrios, yo nunca los he contado, pero sé ir a todos, a Luyanó, a Paula, El Templete, Tacón, Santa Clara, El Calvario, Diez de Octubre, Cayo Hueso, Arroyo Apolo, San Francisco, La Punta, Villanueva,  San Miguel del Padrón, Jesús del Monte, San Juan de Dios, Vives, Atarés, Casa Blanca, Marte, Vedado, Santos Suárez, Jesús María, San Felipe, Arroyo Naranjo, San Isidro, Príncipe, San Lázaro, Guadalupe, Monserrate, Colón, San Nicolás que también le dicen Pan con Timba, Ceiba, Pueblo Nuevo, Santa Teresa, Dragones, Arsenal, Pilar, Peñalver, Santo Cristo, San Leopoldo, Manuel de la Cruz…&lt;br /&gt;Usted me dice la dirección y yo lo llevo. Olvídese de lo demás.&lt;br /&gt;Una vez trabajando la calle yo venía del Vedado por Zapata, me paró un marchante y me dijo:&lt;br /&gt;-¡A la Gorláin!&lt;br /&gt;-Sí señor. Monte.&lt;br /&gt;-¡Y tengo prisa! –Miró el reloj.&lt;br /&gt;Para mí no hay cosa más pesada que encontrarme con un pasajero equivocado, que como aquel, venga a sentarse al lado del cochero y no donde va el marchante, y cruce los brazos y las piernas como si fuera el dueño, y mire por donde lo llevan como si fuera una reina del carnaval en su carroza.&lt;br /&gt;Yo me puse en candela. Lo miré atravesado; pero no se enteró, iba como si al pagar la carrera fuera a comprar el coche. Cuando doblé la primera esquina, bajó la pierna, metió una patada y me dijo:&lt;br /&gt;-¡A dónde me lleva!&lt;br /&gt;-A la Gorláin, si no oí mal.&lt;br /&gt;-Oyó bien, pero no cogió por donde era.&lt;br /&gt;¡Para qué fue eso! ¡Me exploté! La mano de la fusta tuve que aguantármela, porque encima me empezó a tirar guaperías, que a él no se le hacía eso, que era guapo reconocido en los 43 barrios de La Habana, que tuviera cuidado con que él no llegara tarde a su cita.&lt;br /&gt;Jalé riendas, paré en seco y le advertí:&lt;br /&gt;-Usted va tranquilo por donde yo lo lleve o se me baja aquí mismo.&lt;br /&gt;Parece que no era tan guapo como decía, o se aconsejó, o que no le daba tiempo a buscar otro cochero.&lt;br /&gt;Quién me iba a decir a mí por dónde coger. Con él arranqué de La Ermita por 20 de Mayo, Manglares, Matadero, Mercado Unico y, en unos minutos, estaba frente a la dichosa Gorláin. El hombre miró su reloj y echó una risita disimulona.&lt;br /&gt;-Ah, mire eso, je je, -ya hasta hablaba bajito-, es que por aquí nunca me habían traído.&lt;br /&gt;-¿Y usted sabe por qué?&lt;br /&gt;-No, ¿Por qué?&lt;br /&gt;-Porque usted será guapo en dos o tres barrios de La Habana, pero yo tengo que guapear todos los días en los cuarenta y tres. Y ahí le demostré lo poco que sabía él de su ciudad.&lt;br /&gt;-Ya que sabe tanto, dígame cuáles son los barrios habaneros.&lt;br /&gt;-Regla…&lt;br /&gt;-Regla es municipio desde el año 12.&lt;br /&gt;-Bueno, Atarés, el barrio chino…&lt;br /&gt;-Todo eso entra en Dragones.&lt;br /&gt;No puso uno. Empezó a gaguear, a decir que tenía prisa y lo que tenía era falta de repertorio. Me miró como diciendo: cochero, me jodiste. A él siempre lo habían llevado por Carlos III, Reina, Ayestarán, Zulueta. Yo le enseñé un camino mejor. Y le enseñé también que no debía alardear tanto. Tan volado salí de ese marchante, que en la esquina me paró un chino y me dijo:&lt;br /&gt;-Capitán, ¿cuánto cobla pa mí pa lleva celadita melcalo?&lt;br /&gt;Y me lo llevé gratis con canasta y todo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-4197012598803950230?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/4197012598803950230/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=4197012598803950230' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4197012598803950230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4197012598803950230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/los-barrios-de-la-habana.html' title='Los barrios de La Habana'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7648289289303808343</id><published>2007-11-18T08:53:00.001-03:00</published><updated>2007-11-18T08:53:59.489-03:00</updated><title type='text'>Chinos manilas</title><content type='html'>Dicen, ¡dicen!, a mí no me lo crean, que a los chinos les colgaron el apellido de manilas porque los primeros llegaron haciendo escala en Manila, Filipinas, que entonces era, igual que Cuba, posesión de España.&lt;br /&gt;Fue un abuso que hicieron con ellos. Venían contratados por ocho años y se quedaban para toda la vida. Firmaban un papel para trabajar doce horas diarias y los obligaban en jornadas de más de dieciocho. Les decían que serían colonos en tierras vírgenes y los hacían esclavos, criados, cogían cuero y cepo lo mismo que cualquier negro traído de África.&lt;br /&gt;Usaban trenzas como las mujeres, y aunque enseguida se enteraron de que esa moda era mal vista en los hombres, siguieron con ella por la costumbre, y porque se habían creído el cuento de que algún día regresarían a China. La esperanza de todos ellos fue trabajar como mulos, reunir dinero y coger un barco de regreso, y allá no se podían presentar ante sus parientes y amigos sin sus trenzas.&lt;br /&gt;Esos chinos soñaban más que los españoles, que es mucho decir. No se daban cuenta de lo triste de su destino, vivían con la maleta arreglada, y mantuvieron sus trenzas hasta que hubo una revolución por su tierra y pudieron pelarse a lo moderno.&lt;br /&gt;Luego les dio por otra locura. Convencidos de que no verían más a su familia mientras vivieran, se les ocurrió, que después de muertos, sus espíritus volarían allá. Y eso que ni el avión se había inventado. Cuando uno se moría, los otros le ponían encima de la tumba comida para el viaje, pero de allá ninguno escribió mandando señales.&lt;br /&gt;Cuando Machado hubo tanta hambre que la comida desaparecía del cementerio chino como si de verdad el muerto se la hubiera comido en el viaje.&lt;br /&gt;Cuando el gobierno de Zayas, se volvió a abrir la llave de los chinos, que era un gran negocio. Venían por miles, se tapaban el sol con un sombrero grande, usaban ropas anchas para trabajar más cómodos.&lt;br /&gt;Fueron tomando posiciones por el cuchillo de Zanja, San Nicolás, invadieron Dragones, hicieron el barrio chino, pero también se regaron por los campos, los barrios, las orillas de los caminos. Donde había una cañada, ahí tenías a un chino sembrando berro. De cualquier charco levantaban una hortaliza, y a cargar canastas para la plaza.&lt;br /&gt;Hasta La Ermita llegaron esos chinos, yo los recuerdo desde que era muy niño. Me caían bien, pues eran cumplidores, humildes, serios, trabajadores.&lt;br /&gt;Mi padre les alquiló una parte de la finca. Allí llegaron con una mano delante y otra atrás; pero metieron caña a trabajar duro, a sembrar canteros y canteros de berzas, nabos, acelgas, ajíes, zanahorias, lechugas, tomates, perejiles. No tenían hora para descansar, no dejaron un solo rinconcito de tierra sin sembrar. Luego recogían la cosecha y se la llevaban en canastas para la plaza del mercado.&lt;br /&gt;Esos chinos de La Ermita compraron yaguas y levantaron sus ranchos allí mismo, cerca de los surcos. En diciembre se volvían locos sacando ensaladas.&lt;br /&gt;Esos chinos sembraron de verduras todo el Cerro, Palatino, el Casino Deportivo. Esa parte de la actual Ciudad Deportiva era un mar de berro sembrado por chinos. Donde quiera que encontraban un terreno bajo, cenagoso, ahí mismo se agachaban a plantar. Y si se veía una canasta llena de verduras por la calle, debajo seguro que iba un chino.&lt;br /&gt;Donde nadie descubría de qué forma podían ganarse la vida, llegaba un chino y la inventaban unidos, viviendo bajo el mismo techo. Tocabas a la puerta y preguntabas por el chino y te salían diez o veinte.&lt;br /&gt;Se metieron a lavanderos, heladeros, dulceros, ponían puestos de frituras, de viandas, salían a vender con tarimas en la cabeza.&lt;br /&gt;A cuenta de los chinos se inventaron mil dichos. Si andabas de mala suerte, era que tenías un chino atrás; si la mujer fastidiaba mucho, la mandabas a que se buscara un chino que le pusiera un cuarto; si no te decían algo muy claro, “me estás hablando en chino”. Y se cantaba aquello de:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chino pa China&lt;br /&gt;Gallego pa España&lt;br /&gt;Blanco pa la oficina&lt;br /&gt;Y negro a cortar la caña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esta otra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Cuba nació el cubano,&lt;br /&gt;En España el español,&lt;br /&gt;En Tampa y en Nueva Cork&lt;br /&gt;Nacen los americanos.&lt;br /&gt;En Italia el italiano,&lt;br /&gt;El turco nace en Turquía,&lt;br /&gt;El curro en Andalucía,&lt;br /&gt;El chino nace en Cantón&lt;br /&gt;Y viene por colección&lt;br /&gt;A explotar la patria mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que ninguno de ellos venía a explotar a nadie. Ni siquiera venían, los traían, y además engañados. Cuando llegaban nada más sabían de trabajo y sacrificio. Hasta chinos mambises hubo.&lt;br /&gt;En las maletas trajeron escondidos sus santos, sus pipas para fumar opio, las cornetas chinas con las que luego se hicieron dueños de las parrandas y los carnavales, pero nada más.&lt;br /&gt;De todo hicieron los chinos en Cuba, hasta un equipo de pelota tuvieron, y pusieron de moda sus juegos. El Mah-jong era muy bonito, con fichas de marfil y bambú, dados y palillos.&lt;br /&gt;Y hasta en la medicina se metieron, hubo un médico chino famoso. Si estabas en las diez de última, lo que te decían era que no te salvaba ni el médico chino, así sería de bueno. Saber le costó la vida, por motivos de envidia. Dicen que el que lo mató se le arrimó de amigo para enterarse de sus secretos. Cuando creyó que ya había aprendido todas sus mañas, lo envenenó.&lt;br /&gt;Yo oí decir que ese médico era de Matanzas, y se llamaba Chan Bon Biá, pero con ese nombre llamaban a más de un chino, hasta una canción había que decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chino Manila, Chan Bon Biá&lt;br /&gt;Treinta tomates por un reá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta los años 40 los chinos no eran ni cubanos, ni asiáticos, ni extranjeros, ni de ninguna parte. Estaban en el limbo, no había ley para ellos.&lt;br /&gt;¡Como se dijeron cosas de los chinos! Que mujer que se ajuntara con ellos se ponía flaca y amarilla, que sacaban la energía del opio, que tenían buena cabeza por comer tanto pescao, que eran propensos a la tuberculosis y medio pariente de los gatos, traicioneros y rencorosos.&lt;br /&gt;Lo que sí fue verdad era, que cuando tenían un problema con la ley, se hacían los chinos. Si los llevaban de testigos a un juicio no había nadie que los hiciera hablar.&lt;br /&gt;-Chino no sabe, capitán-de ahí no lo sacabas.&lt;br /&gt;A todos los policías le ponían el grado de capitán, y el resto de la gente era paisana.&lt;br /&gt;El cochero tenía que estar bien despierto con ellos, porque con el cuento de que no entendían, a cualquiera le metían una moneda falsa. Y si le mirabas a la cara para decirles lo que se merecían, estaban en China.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7648289289303808343?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7648289289303808343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7648289289303808343' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7648289289303808343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7648289289303808343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/chinos-manilas.html' title='Chinos manilas'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-968461332936993071</id><published>2007-11-18T08:37:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T08:47:24.542-03:00</updated><title type='text'>Rumba con putas</title><content type='html'>En tiempo de España hubo tal arribazón de putas en La Habana, que en el Cerro tuvieron que abrir una quinta de salud nada más para ellas. Algunos clientes de nuestro establo solicitaban coches para irse con ellas cualquier noche.&lt;br /&gt;Si madre salía al teléfono para recoger el encargo, en lugar de pedirle coche le decían con gran misterio:&lt;br /&gt;-Señora, yo quisiera hablar con el Montañés.&lt;br /&gt;Mi padre cogía el teléfono; y el hombre, que seguro era un don habanero, le daba mil vueltas hasta que al fin caía en pedirle, más que un buen coche, un cochero de confianza, que supiera mantener cerrada la boca.&lt;br /&gt;-Porque vamos, la diligencia es con unos amigos, y también unas amigas, y puede que se nos haga muy tarde, y sobre todo, Ramón, no quisiéramos que eso se supiera en casa…&lt;br /&gt;Mi padre entendía enseguida, tomaba nota de la hora y el lugar, cogía el libro, y como las cuentas sí había que llevarlas claras, escribía: “Fulano de tal, al café cantante, rumba con putas.”&lt;br /&gt;Eso eran por lo menos cuatro horas, esperar en el lugar y buena propina que comprara a la memoria. A mí me tocó más de una de esas carreras con gente encopetada que salía de su casa con cara de llanto o luto, diciendo que iba para un muerto y terminaba enredado con una puta.&lt;br /&gt;Un día un carpintero fino, que ganaba mucho dinero en la calle San Lázaro, me dice en la misma puerta de su casa:&lt;br /&gt;-¡A Colón!&lt;br /&gt;Y yo enseguida dije: “entierro”; pero cuando voy subiendo en busca de Zapata, el don me pregunta:&lt;br /&gt;-¿A dónde me lleva?&lt;br /&gt;-¿A dónde va a ser, no me dijo que al cementerio de Colón?&lt;br /&gt;-¿Qué? –el hombre hizo la señal de la cruz- ¡Dios me libre! Lo de cementerio lo inventó usted. Yo le dije a Colón, el barrio de las putas.&lt;br /&gt;-Pero usted sabía que hay dos Colón y uno de ellos es el cementerio, ¿por qué no me aclaró al salir?&lt;br /&gt;-¿Y qué quería ¿Qué le aclarara el detalle delante de mi mujer?&lt;br /&gt;Con tanta gloria y fama que ganó don Cristóbal cuando Cuba todavía no era Cuba y vienen a dedicarle un cementerio y un barrio de putas.&lt;br /&gt;De una rumba con putas vi yo salir a un viejo que no daba para más. La rubia de ojos verdes, que podía ser su nieta, lo había dejado moribundo. Faltó muy poco para que su próximo viaje fuera para el otro Colón. Cuando subió al coche me dijo cancaneando:&lt;br /&gt;-¡Hijito, hijito, llévame pronto para casa que me muero!&lt;br /&gt;Fuimos al trote, y al bajarse en su puerta y recibirlo la mujer le dijo lo mal que se había puesto con una discusión por negocios. “Pregúntale al cochero -decía- y la señora que pobrecito, que cálmate, que un día se me muere en un pleito. Y yo ni miraba para que no se me descubriera la mentira.&lt;br /&gt;Los franceses también vinieron a meterse en el relajo cubano, traían muchachas de su país, les hacían un cuento de que serían artistas, bailarinas de un show, cantantes, o se lo decían por lo claro y terminaban en un bayú habanero.&lt;br /&gt;En la época en que los chulos cubanos entraron en contacto con los franceses por no ponerse de acuerdo con el reparto, fue el escándalo de Yarini, por el año&lt;br /&gt;10.&lt;br /&gt;Yarini era un político del Partido Conservador, hijo de un médico famoso, vecino de la calle Galiano, y chulo profesional de San Isidro.&lt;br /&gt;Las francesas estaban detrás de cualquier puerta. Una mañana estaba esperando a un cliente que llevé al precinto y –estando allí- trajeron a una francesa que ni hablar español sabía, pero que venía quejándose del trato que le daba el chulo. Quería denunciarlo, pero no sabía cómo. Mandaron a buscar al capitán, pero él estaba salpicándose con los chulos. Nada más de verla le adivinó la pinta.&lt;br /&gt;-¿Y a esta qué le duele?- preguntó.&lt;br /&gt;Y ella, como no sabía español, hasta se sonrió creyendo que le habían dado el trato de marquesa. Empezó a enseñar los golpes que le había dado el chulo, a decir que era una francesa de París, una extranjera, y cuando más contenta estaba, el capitán, que la entendía a media lengua, le gritó:&lt;br /&gt;-Cállese la boca, que usted no es más que una puta de callejón&lt;br /&gt;La pobre, vino de acusadora y terminó en el calabozo acusada de escándalo público, desacato a la autoridad, y no recuerdo cuántas cosas más. Seguro que no se le volvió a ocurrir meterse con su chulo.&lt;br /&gt;El caso de Yarini fue que iba pasando por una de esas casas en el momento en que le estaban dando tremenda paliza a una de esas muchachitas acabadas de traer de Francia.&lt;br /&gt;Yarini era guapo, se metió en la bronca, le quitó la mujer al francés y se la llevó para San Isidro, que era su zona. Eso jamás se lo perdonaron los franceses, que eran tan pendencieros que les decían los apaches. Lo cazaron.&lt;br /&gt;Yarini no cogió miedo, siempre andaba con amigos, con perros guardianes y con revólver. Lo pudieron matar porque le tiraron desde una azotea, pero el francés también la pagó.&lt;br /&gt;Cuando estaban enterrando a Yarini, unos chulos cubanos mataron a otro francés. Eso fue así, muerto por muerto.&lt;br /&gt;Ellos venían ya de regreso del cementerio en un coche que le habían alquilado a Canales; y los cubanos vinieron por detrás, treparon al coche y apuñalearon al pasajero por la espalda. Al otro francés le encajaron un palo de escoba en la tabla del pecho, lo ensartaron como a tiro de lanza.&lt;br /&gt;A Yarini le rompieron las coronas en Zapata. A Bertha, la muchachita que había defendido, por poco la matan. En Carlos III lo sacaron de la carroza y siguieron con él a pie. Muchos coches nuestros fueron al entierro de Yarini, que por poco termina en una guerra.&lt;br /&gt;Los americanos también tuvieron participación en el negocio de las putas, sobre todo cuando empezó la República. Hicieron como un censo, un control.&lt;br /&gt;Todas se inscribieron para que les dieran la cartilla, y con eso ya tenían libre.&lt;br /&gt;Cualquier cubana o extranjera de más de 18 años podían entrar en el oficio.&lt;br /&gt;Tenían un dispensario médico que las chequeaba. La que se enfermaba iba a parar al hospital de la Policía.&lt;br /&gt;Ellas no podían vivir en otra parte que no fuera el bayú, ni podían andar más de dos juntas fuera de su demarcación, ni podían pasearse en coche o fotingo sin capota.&lt;br /&gt;Ellas estaban por donde quiera, en Damas, Paula, San Isidro, Desamparados.&lt;br /&gt;Una matrona se encargaba de ellas, que fueran al médico, que no formaran escándalos.&lt;br /&gt;Cuando se iniciaba una, de señorita, esa primera noche se la vendían cara a un camaján con bastante dinero. También hacían negocios por debajo de la mesa con niñas. Algunas iban a parar al bayú después de que les compraban papeles falsos haciéndolas aparecer como mayores de edad.&lt;br /&gt;Los chulos cubanos traían guajiras de los pueblos del interior, embarcadas con el mismo cuento que les hacían a las francesas. Cuando se enteraban de que no habían venido a bailar a un casino, ya era tarde para regresar a su pueblo.&lt;br /&gt;Félix Andrade, el mismo alcalde que tuvo la ocurrencia de quitarle los timbres a la cochería, le dio por cerrar los barrios de putas. Y fue lo peor que pudo hacer, porque allí estaban controladas. Todo el mundo sabía bien dónde estaba la zona de mala vida. Nada más de ponerse el primer pantalón largo ya el muchacho sabía el camino, y el que iba ahí sabía a qué, pero con la charranada de Andrade, todas se desparramaron por la ciudad, fueron a parar a todos los barrios y repartos, en cada esquina que había un bar se metieron a hacer lo suyo.&lt;br /&gt;A causa de eso hubo que tumbar una casa en la calle Pilar y hacerla de nuevo, porque ya era tan conocida como bayú que ninguna persona decente aguantaba vivir en ella.&lt;br /&gt;La clientela seguía viniendo, tocaba a la puerta, preguntaba por las putas, y si por casualidad encontraban abierto, no paraban hasta el fondo.&lt;br /&gt;Se dio el caso de un guajiro que, al venir a La Habana, le recomendaron la dirección. La tarjeta que traía el muchacho decía clarito: Nueva del Pilar número 33, no toque, empuje y pase, no pregunte, ya sabemos a qué viene. Y eso mismo fue lo que hizo el guajiro. Entró hasta el fondo, se encontró con una muchacha que se estaba bañando y le fue arriba. La muchacha a gritar y él a lo suyo, quién le iba a decir que aquella era una mujer decente.&lt;br /&gt;Por el año 17, unos políticos muy conocidos empezaron a fiestar temprano, cogieron embullo, se fueron de rumba con putas para el cabaret Boloña, y de ahí no les bastó y se fueron a una finca con un montón de mujeres. Fue el acabose. Al otro día todavía estaban borrachos. Salieron a caballo y entraron al galope al Hotel Luz, al Anón del Prado, a donde se les ocurrió. Esos hombres hicieron lo que les dio la gana. Si veían a una mujer la tocaban, le decían groserías, trataban de llevársela, parecían piratas saqueando la ciudad, y todo ese escándalo en el mismísimo medio de La Habana, sin que la policía se metiera, porque cuando se lo dijeron al capitán Hidalgo, y le mencionaron los personajes que andaban en la fiesta, en lugar de actuar lo que hizo fue esconderse.&lt;br /&gt;Un día mi tarjeta de cochero decía: Doctor Fulano de Tal, para visitar al cura párroco tal en la iglesia más cuál. Fui a buscarlo, montó el hombre muy dispuesto, y acabando de salir me tocó el hombro con el bastón y me dijo:&lt;br /&gt;-Cocherito, después de confesarme con el cura me lleva a donde usted sabe.&lt;br /&gt;Por poco no me acuerdo de que una semana antes había hecho lo mismo, pero con el pretexto de un entierro. Porque este hombre, lo mismo que Tiburcio el contramaestre de Columbia, y otros clientes de mi padre, combinaban las diligencias con las rumbas con putas para disimular.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-968461332936993071?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/968461332936993071/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=968461332936993071' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/968461332936993071'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/968461332936993071'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/rumba-con-putas.html' title='Rumba con putas'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-3291603197604876658</id><published>2007-11-18T07:59:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T08:05:16.129-03:00</updated><title type='text'>Las modas</title><content type='html'>No es fácil vestir a una mujer, no es como el hombre, que se echa cualquier cosa encima y sale a la calle. Ella, en el apuro más grande, no le importa si va a llegar tarde a donde vaya, pero se pone a escoger, que si la seda, que si el crepé o los tafetanes. Muchas largas esperas de cocheros se debieron a que una mujer no sabía con qué vestido salir, y esas eran sus conversaciones tan pronto subían al coche, así se estuviera acabando el mundo. De esa pasión para las modas salieron negocios redondos.&lt;br /&gt;Rico el isleño, que era rico al igual que su apellido, se lo debía todo a las telas.&lt;br /&gt;Andaba siempre con la vara al hombro y tijera en mano listo para vender un corte.&lt;br /&gt;Casi todos los tenderos de La Habana eran españoles, pero también había muchos cubanos. Los lugares más famosos, como El Encanto, La Epoca, Fin de Siglo, ya vendían ropas en el tiempo de España.&lt;br /&gt;En Galiano y San Rafael estaba El Boulevar de Laureano Cifuentes, que de ahí, con el tiempo, salió La Casa Grande.&lt;br /&gt;Los mejores trajes eran en J.Vallés, en San Rafael e Industrias.&lt;br /&gt;Los dueños de El Encanto no se encontraron una botija de oro, ni el dinero les cayó del cielo. Empezaron vendiendo retazos.&lt;br /&gt;Los tenderos judíos vinieron mucho después, sobre todo durante el gobierno&lt;br /&gt;de Machado.&lt;br /&gt;La calle Muralla se llenó de almacenes. Estaban puerta con puerta, uno frente a otro, la calle entera, y la competencia era dura. Pasabas por ahí y te metían para adentro a enseñarte la última tela que habían recibido de Italia, Francia, España. En Europa se inventaba un modelo y al otro día ya lo estaban vendiendo en La Habana.&lt;br /&gt;En el 105 y 107 de Muralla, estuvo La Fama, que fabricaba pantalones y ropa de trabajo para hombres.&lt;br /&gt;Había varias sombrererías, yo llevé a muchos clientes a una de ellas, donde vendían las mejores bombas. La bomba era un señor sombrero, que únicamente lo llevaban las personas adineradas. Eran de castor, de felpa. Se usaban en los paseos, en los entierros. A los ricos se les decía “gente de bomba”&lt;br /&gt;Más allá del año 8 las mujeres usaron un vestido muy elegante, que le llamaban Montecarlo. Con eso echado encima podían ir a cualquier parte.&lt;br /&gt;En La Ermita, Charito, la comadrona, tenía un Montecarlo amarillo y jamás se lo quitaba de encima. La muy cabrona sabía que le quedaba bien y nunca se lo sacaba del cuerpo.&lt;br /&gt;Mercedes, mi mujer, tuvo uno de esos vestidos Montecarlo. Había que verla paseando con él. Sin desdorar a las demás, el Montecarlo ganaba encima de ella.&lt;br /&gt;Muchas tiendas de mujer vendían corsés. Mi madre llegó a tener esos corsés con ballenas que llegaban hasta las medias. Los había de distintos colores y tamaños.&lt;br /&gt;El malacó era la armazón de hierro para levantar el vestido, pero eso ya no se usaba en la época de mi madre. Ella andaba casi siempre con el pelo suelto, pero también le gustaban los bucles, los ganchos de carey, las sombrillas, los abanicos; y claro, los corsés americanos.&lt;br /&gt;Por el año 19 se puso de moda el pelado de moño alto, hasta que de repente las jovencitas empezaron a cortarse las greñas tan bajito que llegaban a parecer machos. Aquella moda sí que fue un escándalo.Las muchachas empezaron a salir a la calle tuzadas como gallo, y se confundían con varones.&lt;br /&gt;Esa moda tan extravagante salió de imitar al personaje de una novela que se llamaba La Garzona, de ahí el nombre del pelado. Y daba pena ver como las mujeres caían en ese ridículo. Cuántas melenas bonitas se desgraciaron por esa monería.&lt;br /&gt;Una vecinita nuestra que tenía muy buena presencia, de pronto se me presentó con el garzón. La cabeza más pelada que la del conductor de un tranvía. Le pregunté:&lt;br /&gt;-Cogiste piojos.&lt;br /&gt;-No, Macho, yo cuido mucho mi cabeza.&lt;br /&gt;-Hiciste una promesa.&lt;br /&gt;-Tampoco.&lt;br /&gt;-Entonces te volviste loca.&lt;br /&gt;-Es la moda del garzón, ¿No te das cuenta?&lt;br /&gt;Otra vecina, Carmen, estaba a punto de casarse: pero el novio le había pronosticado que si se cortaba la melena la dejaba. Ella creyó que no lo cumpliría y se repeló. La moda pasó pronto y Carmen se quedó sin novio y sin pelado.&lt;br /&gt;Yo creí que esa moda ya no volvería más, pero por el 50 la ví otra vez. No era tan exagerada y tenía otro nombre (el italian boy): pero era la misma puñetería del pelo a lo macho.&lt;br /&gt;Me daba risa oír que era una moda nueva de Roma. Igualpasó con la minifalda.Las muchachitas creyendo que estaban enseñando lo nunca visto, dándose de modernas, sin saber que ya sus bisabuelas habían pasado por eso.&lt;br /&gt;Las mujeres usaron mucho tiempo unas carteritas metálicas como de malla, que también volvieron a verse no hace mucho.&lt;br /&gt;Por el 18 empezó la pintadera de uñas.&lt;br /&gt;Mi padre no era muy presumido, pero tampoco descuidaba la presencia.&lt;br /&gt;Tenía ropa de fiestar, de cumplir con los muertos, de llevar coches. Una vez le dio por las camisas de percherolas. Venían del tiempo de España y se acabaron en los primeros años de República. La gente de dinero las compraba.&lt;br /&gt;Eran lindas, de hilo, hechas en taller por mujeres que trabajaban como cosedoras. En Pérez y Hermano se fabricaba el hilo para esas camisas. Eran fuertes, duras, por cada lado les hacían un largo hasta abjo, con unos pliegues, y se abrían y se planchaban esos dobleces uno por uno con una paciencia de santo. De santa, porque era tarea que le tocaba a la mujer.&lt;br /&gt;Eran iguales que los trajes blancos, muy bonitos y vistosos, tan elegantes que lo usaban los presidentes, los senadores; pero las mujeres soltaban el alma encima de la tabla de planchar. Había que sacarle brillo a la tela, y esos detallitos se hacían con una planchita chiquita de hierro fabricada exclusivamente para eso.&lt;br /&gt;Las percherolas llevaban delante como una pechera con seis rallas de pliegues divididas tres a un lado y tres al otro, puños duros y botones con cadenita.&lt;br /&gt;La moda iba y venía y el tendero muy contento. De no ser por la moda, debía esperar a que la gente rompiera ropa o engordara para volver al mostrador.&lt;br /&gt;A veces me da por pensar que las modas son inventos secretos de los tenderos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-3291603197604876658?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/3291603197604876658/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=3291603197604876658' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3291603197604876658'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3291603197604876658'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/las-modas.html' title='Las modas'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-3451706261878635286</id><published>2007-11-18T07:49:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:59:04.644-03:00</updated><title type='text'>La Habana de todos los días</title><content type='html'>La Habana de todos los días no se está quieta. Dejas de verla un tiempo y te la encuentras cambiada, pero en el fondo es igualita. A mí me da pasión de ánimo recordarme de La Habana que me vio nacer, la que conocí de niño de la mano de mis padres, la que aprendí con los pies, ya de joven, y aquella que me vio transitar de cochero.&lt;br /&gt;Parece mentira que por ejemplo la calle G haya sido nada más una loma, un lugar a donde la gente venía a sacar cubos de tierra. Y ahora es la gran avenida, con monumentos y paseos.&lt;br /&gt;La calle 23 nada más llegaba hasta 12, y fue el gobierno de José Miguel Gómez quien tiró el puente para Marianao. Se dice y no se cree, fabricaron el puente, pero no la calle. ¿Para qué necesitaba un cochero ese puente sin calle?&lt;br /&gt;Cuando un marchante me pedía ir al otro lado, tenía que coger por la calle 23, dar la vuelta por la fábrica El Cocinero y por Ginebra La Campana, que todo eso se llamaba La Chorrera, y el puente se quedaba como cero a la izquierda, de bonito nada más.&lt;br /&gt;En el reparto Kholy estaba la fábrica de cemento de Nicanor del Campo, que hacía ladrillos colorados. Ahí trabajaban de diez a doce operarios con unos carritos que tenían embudos encima y se movían sobre raíles.&lt;br /&gt;El puente sobre el río Almendares se desatravesaba halando una soga. Los barcos pasaban y con la misma soga, volvían a enderezarlo para que pasara el público.&lt;br /&gt;Cuando el gobierno de Menocal, una compañía se empeñó en hacer la línea de los tranvías en la ruta Playa-Estación Central, que cogía por Carlos III, Zapata, Paseo y 23 hasta el puente, Menocal le dijo a los de la compañía que estaba dispuesto a darles la concesión con tal de que ellos rellenaran la cantera que hay entre 26 y 28 –una furnia de unos 40 metros de profundidad- para que por allí pasara el tranvía.&lt;br /&gt;Convinieron en eso, llenaron aquel hueco, abrieron la línea de los tranvías, también la calle, y en todas esas operaciones corrió mucho dinero.&lt;br /&gt;Esa finca la había alquilado un viejo que tenía un hijo con las piernas muy arqueadas de tanto andar a caballo. Ellos eran los que andaban en todo aquello hasta que la compañía llegó a hacerse cargo del terreno. Pero hasta entonces, un chivo no se comía una yerba sin pedirle permiso a Rosqueta.&lt;br /&gt;Había un puente de madera para los tranvías y otro puente de hierro, el llamado de Pote. Cuando el general Asbert era gobernador unió la calle 21 con la Calzada de Columbia; de ahí nacieron los repartos Kholy, La Sierra, Miramar, Almendares.&lt;br /&gt;Ese puente Pote pudo hacerlo porque todo el terreno era de su propiedad, lo mismo que el Monte de Barreto hacia la costa.&lt;br /&gt;Pote el padre, José López Rodríguez, era el dueño de La Moderna Poesía, y su hijo José López Serrano, compró Cultural S.A., la empresa que imprimía todos los libros para las escuelas, los billetes de la lotería, los sellos de correos y muchos papeles del gobierno.&lt;br /&gt;Los terrenos del Carmelo iban de La Chorrera hasta Paseo, todo eso era campo, fincas rústicas, lomerío. Luego Espino y Trigo empezaron a fabricar, levantaron el pueblo. Después llegaron los tranvías de a caballo, en los que trabajó mi padre.&lt;br /&gt;En tiempos de Concha, vinieron a dar el permiso para hacer ese pueblo de El Carmelo que La Habana ya se tragó. La condición era que le dejaran un espacio a los dominicos para su iglesia y otro para el mercado.&lt;br /&gt;Aceptaron no tocar la manzana de 15 a 13 y de 16 a 18, que era de Alejo Sigler, un sujeto podrido en dinero. Después hubo mucho pleito por esos terrenos, la compañía de Pote, la Hispano-Cubana de Crédito, el gobierno, los curas, y todo el mundo halando para su parte.&lt;br /&gt;Esa torre que tiene un reloj en la Quinta Avenida la mandó a levantar Pote con su dinero, cuando empezó a urbanizarse Miramar. El dijo:&lt;br /&gt;-En esta calle no va a vivir cualquier pelagatos.&lt;br /&gt;Un día se lo encontraron ahorcado, y esa fue una muerte que no estuvo nada clara. ¿Por qué iba a querer morirse un hombre que lo tenía todo?&lt;br /&gt;Potico heredó la fortuna del padre y siguió abriendo brecha. Hizo la empresa que está en Agua Dulce, que se llama Cervantes, y el mercado. Únicamente él con tanto dinero podía levantar esa empresa, porque el terreno era pésimo. Le advirtieron que allí no se metiera a fabricar.&lt;br /&gt;Potico trajo un bando de jamaiquinos que trabajaban como esclavos.&lt;br /&gt;Empezaron a cargar miles y miles de postes y a meterlos allí, uno al lado del otro, palos de 8 a 10 metros de largo, buscando el firme, rellenando la ciénaga con madera, una locura que nada más se le ocurrió a Potico.&lt;br /&gt;Los jamaiquinos tenían mucha experiencia, hicieron ese trabajo de maravilla.&lt;br /&gt;Ponían un martinete, y a darle al palo hasta que se afincaba, y así uno tras otro, para hacer una base firme. Y cuando aquello dijo a no bajar más, ya habían gastado un capital en madera y en jornales. Solamente los palos costaron una barbaridad, porque eran de cedro y caoba, para que no se lo comieran ni la humedad ni el tiempo.&lt;br /&gt;Hoy nadie podría creer que la plaza del mercado lo que tiene de base es un montón de madera rica. ¿Quién puede imaginarse que allí lo que había era un pantano?&lt;br /&gt;Nadie sabe que la esquina de Monte y Arroyo es una mina de maderas finas.&lt;br /&gt;Ese fanguero era propiedad de un catalán de apellido Planiol. El único terreno que tenía vergüenza daba para la calle del matadero y todo lo demás era ciénaga. Precisamente si había puesto allí el matadero era porque no servía para nada más.&lt;br /&gt;Si se pasaba a pie por la esquina de Monte y Arroyo era a expensas de resbalar y caerse; porque la acera lo que tenía encima era una capa de limo verde.&lt;br /&gt;Por ahí pasaba un río, salía del matadero; por eso la calle cogió ese nombre.&lt;br /&gt;Era un río colorado, porque la sangre de todas las reses sacrificadas pasaban por ese cauce rumbo al mar.&lt;br /&gt;La calle Arroyo se llamaba así por eso, un río de agua y sangre, con un olor muy fuerte, que a nadie le gustaba. Iba rumbo a la Alameda de Paula para descargar en el mar de la bahía.&lt;br /&gt;La calzada de Zapata llegaba hasta el Castillo del Príncipe. Le quitaron una parte para rellenar la furnia. De G hasta 29, todo eso, se hizo con el trabajo de los presos, por 25 centavos y dos cajas de cigarros diarios.&lt;br /&gt;Esa Avenida de los Presidentes no se parecía en nada a lo que es hoy, sino que estaba llena de animales, de chivos, gallos, gallinas, hasta vacas había pastando.&lt;br /&gt;Era el campo. Vino a ser calle cuando Gerardo Machado mandó a dinamitar todo ese cascajo.&lt;br /&gt;El habana Libre era Jalisco Park, Coppelia era el Hospital Reina Mercedes y el home del stadium del Cerro estaba en la calle Ayestarán.&lt;br /&gt;De la heladería Ward para allá estaban las berreras de los chinos, terrenos anegados, bajos, y ese palacio de la Finca de los Monos era de Rosalía Abreu, una patriota del tiempo de los mambises.&lt;br /&gt;Rosalía mandó a hacer el palacio después de que se le quemó su casa, y vivió en él hasta que, al morir, casi a los ochenta años, se lo dejó a sus dos hijos y a los monos que tenía en la finca viviendo como en la selva.&lt;br /&gt;Por el año 6 Rosalía dio una fiesta para abrir su palacio. La gente que pudo entrar allí se quedó pasmada. Dicen que las paredes no cogían fuego, que tenía sala de esgrima, billar, salón de baile, ni se sabe cuántos baños y escaleras de mármol. Era la copia de un palacio que había visto en Francia. Le encantó y pagó para que se lo hicieran en Palatino.&lt;br /&gt;Ella tenía más dinero en Francia que en Cuba, pero no era egoísta, repartía mucho dinero de limosna, abrió la escuela de monjas que está por el acueducto de Albear y otra de curas en la calle de Albear.&lt;br /&gt;Su hermana Martha Abreu también hizo muchas obras de caridad, pero en Santa Clara. Se murió a los 78 años, cuando el gobierno de Machado. Su hijo, Pierre, vendió o regaló todos los monos y en su lugar empezó a criar gallos y gallinas.&lt;br /&gt;En el Parque Central estaba Isabel II. Pero cuando se terminó la guerra la pobre mujer fue a parar a los fosos. El alcalde Perfecto Lacaste, que había sido mambí, compró en mil pesos una estatua de la libertad hecha de lata y la puso en lugar de la reina.&lt;br /&gt;Era un desprestigio, ni se sabía lo que parecía todo aquel bulto de chatarra con el escudo de los Estados Unidos. Yo creo que aquella chapucería no le gustó ni a los americanos, quien sabe si creyeron que era una broma.&lt;br /&gt;Por el año 5 el alcalde O´Farril mandó a quitar el adefesio y pusieron a Martí, una estatua salida de colectas y hecha por el mismo escultor del monumento a los estudiantes de 1871,el que está dentro del cementerio de Colón.&lt;br /&gt;En el parque de Ayestarán hay una estatua que yo no me canso de mirar. La hizo una americana de nombre Ana. A ese caballo se le ven hasta las venas, parece que está vivo.&lt;br /&gt;Lo que no dicen las estatuas el pueblo se lo inventa. La que está frente a Palacio –que es el Presidente señalándolo mientras tiene la otra mano metida en el bolsillo- parece estar diciendo:&lt;br /&gt;-El dinero que guardo aquí, me lo llevé de allí.&lt;br /&gt;Los alcaldes, a caballo, los presidentes a pie, el cementerio, un enjambre de estatuas, y frente al malecón, el general Antonio Maceo, con el culo de su caballo apuntando para los americanos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-3451706261878635286?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/3451706261878635286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=3451706261878635286' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3451706261878635286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3451706261878635286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/la-habana-de-todos-los-das.html' title='La Habana de todos los días'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-3731544500648229804</id><published>2007-11-18T07:45:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:49:41.439-03:00</updated><title type='text'>La americana piadosa</title><content type='html'>Yo nunca he sido amigo del maltrato a los animales, el buen cochero no necesita fusta; pero cuando me hicieron el cuento de la americana piadosa, que lo mismo recogía un gato que una yaguasa, me dio por creer que querían engañarme.&lt;br /&gt;Un día me salió de pronto, como una aparecida. Por poco le paso por encima, en la Loma de los Zapotes. Parecía una loca detrás de un carretonero que venía subiendo.&lt;br /&gt;Ese día yo llevaba a un viejito que conocía La Habana mejor que yo y me dijo:&lt;br /&gt;-Esa es Yanet.&lt;br /&gt;-¿De dónde se escapó? –le pregunté.&lt;br /&gt;Al viejito le dio gracia, él también creía que esa mujer tenía algo de loca, le había dado por defender a los animales. Se iba para los lugares más empinados, como ese mismo de la Loma de los Zapotes, se escondía y no tenía paz con los carretoneros.&lt;br /&gt;Las lomas de La Habana eran el terreno de los cocheros. Uno trataba de hacer rodeos, buscar atajos, pero a veces no había otro remedio que partirle de frente. Los caballos ya las conocían y se espantaban. Solo con una buena rienda, y una voz que les diera confianza, metían mano a las lomas como la de Chaple, Jesús del Monte, 10 de Octubre, Luyanó, Potosí o la Loma del Burro.&lt;br /&gt;Había cocheros torpes, más animales que los mismos caballos, que ante una loma difícil querían resolver el problema por la fuerza.&lt;br /&gt;Yanet se agazapaba en las lomas y cuando un cochero o un carretonero trataba de subir a látigo, los insultaba, salía a comérselos, hasta les quitaba la fusta.&lt;br /&gt;Por el año 6 Yanet recorría todos los rincones de La Habana con esa misión.&lt;br /&gt;Se fajaba con cualquiera por defender a un animal. Ella vivía en Picota y San Isidro, ahí tenía su Bando de Piedad. Lo mismo asilaba a un perro sarnoso que a una huerfanita descarriada.&lt;br /&gt;Tenía allí dentro a hijos de presos, a muchachos que andaban sin rumbo fijo por las calles, perros y gatos enfermos y dicen que hasta leones tenía en una finca.&lt;br /&gt;A la hora de la limosna, le daba lo mismo que fuera a una persona o a un animal. Por eso le pagaba a un veterinario que curaba a todos sin discriminación. Se llamaba Pepe ese médico de niños y perros.&lt;br /&gt;Yanet tenía los ojos grandes, siempre andaba con un faldillón y un sombrero con cinta colorada. Como era sorda de cañón, tenía que ponerse una corneta en la oreja cuando quería enterarse de algo.&lt;br /&gt;A mí no me caía mal, porque yo era más amigo de la rienda que de la fusta; pero me parecía un poco extraño que esa americana, en lugar de salir a buscarse un marido, perdiera su tiempo correteándole detrás a los cocheros y carretoneros para defender a mulos y caballos.&lt;br /&gt;Cuando se murió, en el año 31, la enterraron en el cementerio de Colón; y todavía está ahí. A su tumba le dicen El Panteón de la Americana, o La Mujer del Perrito. Es una tumba que tiene su imagen, y a sus pies hay un perrito echado que se llama Rinti.&lt;br /&gt;Todavía hoy hay quien le pone flores a esa losa. Seguro que no es ningún carretonero, sino alguien que quiere más a los animales que a los cristianos.&lt;br /&gt;Cuando yo sé de una persona así, digo: “sus razones tendrá”. El mundo, para que sea mundo, tiene que tener de todo.&lt;br /&gt;Yanet también tenía sus razones. Todo llega a saberse en esta vida. Un día, cuando ya trabajaba en los fotingos, se me acercó un amigo, carretonero de toda la vida y me dijo:&lt;br /&gt;-Macho ¿Te acuerdas de aquella americana que no tenía paz conmigo?&lt;br /&gt;-Sí, me acuerdo, que cuando cargabas tubos para el alcantarillado se pasaba la vida vigilándote.&lt;br /&gt;-Hasta soñando me salía. Pues me puse a averiguar por qué la había cogido conmigo, y ya dí con el misterio..&lt;br /&gt;-Pobrecita, ¿no ves que estaba loca?&lt;br /&gt;-¿Loca? Eso creía yo también, pero a que no sabes de lo que me enteré.&lt;br /&gt;El caso era que Yanet andaba por ahí diciendo que su apellido era Ryder, porque así se llamaba su marido, pero su verdadero nombre era Juanita Ford, prima hermana de Henry, el que se hizo millonario fabricando fotingos, por eso la había cogido con nosotros, porque todo lo que oliera a riendas iba contra el negocio del primito.&lt;br /&gt;Seguro que la muy cabrona, a la hora de comerse un bisté no se acordaba de la pobre vaquita, pero con los coches y los cocheros no tenía paz, porque le hacíamos competencia a los fotingos del primo.&lt;br /&gt;Cuando oí aquello me quedé sin saber qué decir. Más claro ni el agua, pero de pronto me costaba trabajo creerlo. Entonces aquel amigo me enseñó un recorte de periódico donde decía bien claro quién era la loca de las lomas. Esa noche me dio por soñar con fotingos y mujeres, que Macorina y Yanet echaban una carrera en La Ermita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-3731544500648229804?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/3731544500648229804/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=3731544500648229804' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3731544500648229804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/3731544500648229804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/la-americana-piadosa.html' title='La americana piadosa'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7145207093214059198</id><published>2007-11-18T07:39:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:44:54.574-03:00</updated><title type='text'>La religion de mi padre</title><content type='html'>Mi padre fue un hombre de fe. Creyó en los espíritus del bien y del mal. Fue masón, tenía supersticiones y soñaba con milagros; pero no ponía un pie en una iglesia ni oía una misa.&lt;br /&gt;Respetaba a los curas que se daban a respetar, entre ellos tuvo amigos y buenos clientes, pero ninguno lo convenció. Si había Dios, decía él, sería allá arriba en el cielo, no bajo la falda de una sotana. No había nada que volara más a mi padre que una sotana prieta. Decía que los hombres eran todos hijos de Dios, fueran o no a una iglesia, y que los curas eran hombres disfrazados de cuervos.&lt;br /&gt;Dios lo cobra todo y lo paga todo, decía, pero sin necesidad de intermediarios.&lt;br /&gt;No creía en santos de palos, no rezaba; para él ganarse el cielo era ser bueno y honesto, no hacerle mal a nadie, no hacerle trampas a los semejantes, ni maltratarlos de obra o de palabras, ni ofender ni siquiera a un animal si no había razón ni derecho.&lt;br /&gt;A todos los hijos nos hacía ver que nada se adelantaba con ir a la iglesia a pedir perdón, acabar con el mundo, rezar un rosario, y volver a acabar con el mundo. Que tampoco se ganaba la entrada al cielo dándose golpes de pecho con las limosnas y las caridades, ni con ir a las procesiones o guardarse en semana santa o ponerle flores a una virgen y hacer promesas, si después se olvidaba uno de todo, murmuraba de la gente, no respetaba a nadie, ni se compadecía de los otros. Eso no era religión ni creencia, sino hipocresía.&lt;br /&gt;Mi padre estaba seguro de una cosa: si había Dios en el cielo y lo sabía todo y era justo, ya sabría encontrar la manera de premiar a los buenos, aunque no creyeran en sus encapuchados ni entraran a una iglesia.&lt;br /&gt;En la Ermita conocí a un cura que se le antojó convertirme en católico. Un día que lo llevé con el caballo Caramelo a un bautizo en artículo mortis, de regreso empezó con su letanía. No sé qué manera de convencer era la suya: “Macho, que vas a arder toda la vida dentro de una caldera del infierno”, nada más que amenazas y amenazas sin haberle faltado a Dios, aunque él insistía en que sí.&lt;br /&gt;Me preguntaba si había visto alguna mujer en cueros, aunque fuera en sueños, si me había gustado el asunto, si quería volver a verla. Como me vio dudoso, dijo que yo debía ir a confesarme, para que el diablo no se me encarnara. Tanto me asustó con el infierno, que fui y se lo conté a mi padre. Le dije que no era un santo, que seguramente alguna deuda debía tener con Dios, y tenía miedo de que eso me costara ir a las calderas de Satanás. Se quedó un rato pensando y me dijo:&lt;br /&gt;-Si usted cree que debe confesarse, confiésese conmigo.&lt;br /&gt;Mi padre también creía en los espíritus. En la Ermita había amigos de la familia que estaban en eso, se ponían como sonámbulos, cambiaban la voz encarnando a los muertos.&lt;br /&gt;A Carmelina Maceda le bajaba el espíritu de una india; y en Bejucal, había un cartero, Rodríguez, padre de 9 hijos, que tenía una hermana vidente.&lt;br /&gt;Rodríguez se sonambulizó una tarde, le bajó el espíritu de Luís Gonzaga y empezó a pedir que le trajeran una lechuza para el próximo domingo.&lt;br /&gt;Estando yo en el parque de Tulipán en una visita de espiritistas, sucedió que a una mulata muy vistosa se le viraron los ojos en blanco y empezó a entrarle en el cuerpo el espíritu de Lady Godiva, una mujer de la antigüedad que le daba por montar a caballo desnuda.&lt;br /&gt;Cuando le dijeron que yo era cochero, salió a ver el caballo, que era Minuto, pero a ella le pareció uno suyo y hasta el nombre le cambió, y con la misma, a quitarse la ropa, y la gente a salir al patio, a asomarse. Las mujeres diciéndole descarada y los hombres que no, que pobrecita, que no se le podía despertar de pronto, y ella para encima de Minuto como vino al mundo. La pena no me dejaba ni reírme. ¡Qué espíritu más jodedor le bajó a esa mulata! De la casa tuvieron que venir. Se la llevaron con un ataque. Luego se quedó dormida. La espiritista dijo que aquello no había sido espíritu, sino borrachera. Cuando despertó dijo que no se acordaba de nada.&lt;br /&gt;Se cogía mucho a cuenta del espiritismo. A Mercedes, mi mujer, le dio por aprovecharse de la situación. Como yo regresaba muy cansado de trotar por toda La Habana, hablaba dormido, me pasaba toda la noche contando todo lo que había hecho en el día, y con eso Mercedes se hizo pasar por espiritista.&lt;br /&gt;-Ayer fue un día malo, - me decía, así mirándome extraña – tuviste un percance con un marchante, hasta te dieron ganas de meterle un trompón en la tabla del pecho.&lt;br /&gt;Y yo me quedaba pasmado. Mi mujer, de mirarme a los ojos se enteraba de todo. Le cogí respeto. Hasta que un día la descubrí, porque estaba tan apurada, que nada más de oírme soltar el primer resuello acabado de acostar empezó a sonsacarme:&lt;br /&gt;-Dime, Machito, ¿Qué te pasó hoy? ¡Cuéntame!&lt;br /&gt;Y ahí mismo se acabó el espiritismo de Mercedes.&lt;br /&gt;Lo que sí metía miedo era la ceremonia de los mortuorios masones. Cuando se moría un hermano-yo me erizo de acordarme-todo era a oscuras, se daban las manos alrededor del cadáver. Eso nada más lo pasé con la muerte de mi padre.&lt;br /&gt;No se me olvida un día en que mi padre habló de Dios. Fue después del desayuno, salió al patio y viendo como unos chinos manilas luchaban con el rancho que se les caía encima por causa de las varas partidas, los miró, se cruzó de brazos y dijo:&lt;br /&gt;-¡Qué manera de pasar trabajo esta gente!¡Qué bien se ve que Dios no es amarillo!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7145207093214059198?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7145207093214059198/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7145207093214059198' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7145207093214059198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7145207093214059198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/la-religion-de-mi-padre.html' title='La religion de mi padre'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-4069789761731167483</id><published>2007-11-18T07:32:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:38:58.975-03:00</updated><title type='text'>Llegaron los fotingos</title><content type='html'>Mi padre trabajaba los tranvías cuando un asturiano le previno sobre los fotingos. Que de tantos no iban a caber en las calles de La Habana, que nadie iba a querer saber de coches. Parecía mentira que se pudieran mover sin caballos, ni mulos ni yeguas, sino con licor igual que los borrachos.&lt;br /&gt;Un día vi el primero, era rojo y venía dejando un remolino de polvo y tocando fotuto por el camino de La Ermita. Fui con mi padre a verlo de cerca, era de un amigo. Dijo: “¡coño, qué lindo!”&lt;br /&gt;Le pasaba la mano como si fuera el lomo de un caballo. Era rojo vivo y pulido como un espejo. Nos invitaron a montar y salimos de paseo.&lt;br /&gt;Al principio él no se dio cuenta del peligro. Creyó que los fotingueros eran unos cuantos locos aventureros. Toda La Habana se movía a riendas, así había sido durante mucho tiempo y así debía ser. Los fotingos eran un lujo de mal gusto, una moda cara que pasaría pronto.&lt;br /&gt;Un caballo lo compraba cualquiera, pero un fotingo no. Entonces en octubre del año 13, Ford inventó el montaje en serie, y los fotingos empezaron a salir de su fábrica como si fueran longanizas. Lo que le cayó a La Habana fue un aguacero de miles y miles de fotingos de todos los colores.&lt;br /&gt;A los primeros Fords les llamaban Tres Patadas, por que los cambios se hacían con los pies, con un sistema de coy parecido a un imán. No traía indicadores para la gasolina. Si un chofer se descuidaba o calculaba mal, se quedaba botado.&lt;br /&gt;Lo mismo que el cochero no puede arrear con un caballo en ayunas, los fotingos eran animales de cuatro ruedas, que tomaban agua y gasolina, y si no se cuidaban bien, ahí mismito se quedaban plantados.&lt;br /&gt;Las primeras luces que llevaron fueron faroles de luz brillante, muy bonitos, pero que se apagaban de un soplo.&lt;br /&gt;Luego, con el sistema de coy, prendían la luz cuando aceleraban; pero al aguantarse, ahí se quedaban a oscuras de nuevo. Por el año 20 llegaron los acumuladores a salvar la situación.&lt;br /&gt;Para manejar un fotingo, lo primero que se hacía era poner en “marcha” el arranque, o calentar los quemadores si trabajaba con alcohol.&lt;br /&gt;El arranque de los modelos T dejaba a cada rato a algún chofer con el brazo partido, porque de repente se le disparaba la manivela.&lt;br /&gt;Para salir había que pisar el pedal de la izquierda, y con la misma, echar pa´lante la palanca del acelerador. El fotingo empezaba a moverse, uno le iba sacando el pie y él solito cogía impulso. El pedal del medio era el freno, y el de la derecha, la marcha atrás.&lt;br /&gt;Se le iba cogiendo el golpe, de manera que pisando los tres pedales a la vez hacía de freno de emergencia. El problema estaba en que era dos pies para tres pedales, así que lo que valía era la maña.&lt;br /&gt;Las ventanas del Ford tenían unas cortinas por si llovía, pero uno se demoraba mucho en armarlas, y como aquí los aguaceros son de ahora para ahorita, cuando uno daba pie con bola ya había escampado afuera y adentro seguía cayendo el agua.&lt;br /&gt;Los parabrisas y las gomas inflables también fueron inventos muy prácticos, aunque no era fácil cogerle un ponche al Ford.&lt;br /&gt;Traían una latica con los parches, un gato para levantar el fotingo, pero se llevaba media hora el arreglo de la goma.&lt;br /&gt;Si el Ford se paraba en seco, la causa podía ser la falta de gasolina. Para cerciorarse, el chofer tenía que mandar a bajar el pasaje, sacar los cojines, quitar un montón de tarecos y meter una varilla para saber por dónde andaba el tanque. Eso nunca te lo pedía un coche, que era nada más darle pa´lante&lt;br /&gt;Mi padre montaba en el fotingo de cualquier amigo, daba un paseo con él, hacía visitas, pero no le gustaba manejar. Seguía pensando como cochero.&lt;br /&gt;Yo sí cogí el timón. Saber nunca ocupaba lugar. A mí me enseñó Domingo Sotolongo, allí mismo en los caminos de La Ermita, en un Ford T nuevecito. Y como me gustó, por el año 22 saqué la cartera dactilar, que entonces era un título de chofer-mecánico. Sin embargo para el coche no te pedían que fueras veterinario.&lt;br /&gt;La verdad es que no era difícil conseguir la cartera dactilar. Para sacar ese título había que hacerse dos fotos, llevar la constancia de que se tenía más de 18 años y hacer dos exámenes: uno teórico y el otro práctico. Lo mío fue así. Un inspector me hizo tres preguntas:&lt;br /&gt;-A ver, ¿a cuánto hay que ir por la ciudad?&lt;br /&gt;-A siete kilómetros.&lt;br /&gt;-¿Y por las avenidas anchas?&lt;br /&gt;-A doce.&lt;br /&gt;-Cuando llegas a una esquina, ¿qué tienes que hacer?&lt;br /&gt;-Tocar fotuto o corneta.&lt;br /&gt;-Aprobado, arrea pa´l práctico.&lt;br /&gt;Y el práctico era más fácil. Halar por todo Ayestarán, que entonces era una carretera desierta. Una vez que te veía dueño del timón, el inspector decía:&lt;br /&gt;-Para, que ya tú eres chofer.&lt;br /&gt;El negrito Máximo Herrera se hizo famoso corriendo fotingos. Dicen que llegó a montarse en 80 kilómetros por hora. Se metió en la carrera Habana- Pinar del Río, y como era el seguro ganador, cuando andaba ya por Guanajay, un maricón americano lo trancó de mala idea; y de ahí se mataron Máximo Herrera y su ayudante Cubilete.&lt;br /&gt;Por el año 12, yendo Teófilo de chofer y Rosario como mecánico, salió volando la máquina y el chofer fue directo a clavarse a una puya. El palo que lo atravesó de lado a lado estaba para él, porque Rosario también salió volando, pero nada más se partió la cabeza.&lt;br /&gt;Cualquiera se ponía el fotingo de sombrero o se quedaba enganchado en una palma al coger una curva. De alguna manera había que pagar por el progreso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-4069789761731167483?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/4069789761731167483/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=4069789761731167483' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4069789761731167483'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4069789761731167483'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/llegaron-los-fotingos.html' title='Llegaron los fotingos'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-4845495444406825119</id><published>2007-11-18T07:31:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:32:47.735-03:00</updated><title type='text'>Choferes contra cocheros</title><content type='html'>Nunca ligaron bien los coches y los fotingos. De eso, guardo muy malos recuerdos.&lt;br /&gt;Yo perdí una carrera el día que enterraron a Rodríguez, alcalde interino que había muerto en los Estados Unidos y quiso descansar para siempre en La Habana.&lt;br /&gt;El entierro de ese hombre lo hicieron en la primera carroza de motor que se movió en La Habana. Era un invento de camión forrado con paños negros.&lt;br /&gt;Yo venía subiendo de la calle O´Reilly para alcanzar el cortejo por Albear, y en eso se me atravesó un fotingo nuevecito. Al ver aquello que le venía para arriba, el pobre caballo se azoró, se paró en dos patas relinchando. Nunca había visto un fotingo tan cerca, y encima de eso dicen que los caballos ven con aumento. Se asustó tanto el animalito que rompió los arreos, partió la barra del coche, acabó con medio mundo. Se hizo una herida grande. Tuve que ponerle como cuatro pañuelos para aguantarle la hemorragia. Y no contento con todo aquel desastre, el hombre peleaba porque le habían arañado el fotingo y había que pagar por eso.&lt;br /&gt;Yo le dije: “pero ¿ cómo vas a aparecerte así por esa calle? Tú debiste pensar que no estabas solo en La Habana. Esto mismo, que podía venir un coche.”&lt;br /&gt;El caso fue que se me fastidió el viaje. Ese día yo llevaba como pasajero a don Félix Raimundi. Perdí el peso que siempre me daba de propina. El establo perdió el viaje, la ocasión de servir a un viejo amigo de la familia, y lo que es peor, dio que decir. Eso era malo para la fama que, mala o buena, determina los marchantes.&lt;br /&gt;Y lo que son las casualidades. Pasaron como veinte años y me volví a encontrar con ese hombre. Por poco no lo conozco. Ya estaba canoso, gordo, llevaba un brillantón enorme en un dedo. Andaba con suerte, trabajaba de sereno en el Banco Metropolitano. Me lo encontré en esa panadería de La Ceiba que está en Serrano y Santa Emilia. Enseguida lo reconocí. Me acerqué y le dije:&lt;br /&gt;-¿Usted no es el mismo chofer que en la calle O´Reilly acabó con mi coche?&lt;br /&gt;-¡Coño, compadre! –él también se acordó- ¡Así que fue usted el que me arañó el fotingo y se fue como si nada a atender a su caballo? ¡Ni por la Audiencia se portó usted para pagar su deuda!&lt;br /&gt;-No proteste tanto, que ese día fue usted quien más daño hizo, me fastidió el coche, el caballo y la carrera, y encima está reclamando un arañacito.&lt;br /&gt;-Cómo no voy a protestar, a usted lo citaron mil veces a juicio y nunca fue, lo que tiene que hacer ahora mismo espigarme lo que me debe.&lt;br /&gt;-¡Lo que tengo que hacer ahora mismo es romperle la cara para que no se vuelva a meter con un cochero.&lt;br /&gt;Y ahí mismo seguimos la bronca de O´Reilly, después de tantos años, y tuvieron que quitármelo de la rabia que cogí. Yo todavía era un muchacho cuando el choque. Nunca supe que me hubiesen citado a ningún juicio; pero, si me llegan a preguntar, lo que habría dicho era que entre cocheros y choferes no cabía la paz.&lt;br /&gt;Por Ayestarán hubo un accidente de fotingo con araña. El fotingo era un Steward, que para mí fue de los mejores carros que vinieron a Cuba por esa época. Arrancaba por baterías y hacía cien millas por cinco galones de gasolina.&lt;br /&gt;La araña era un cajón para sentarse el cochero, con dos ruedas nada más, parecidas a las que se usan en las carreras de caballos.&lt;br /&gt;Por ahí todavía quedan guajiros que usan esas arañitas con las ruedas de goma. Con ellas se acostumbran los caballos a las faenas del tiro.&lt;br /&gt;El accidente fue por el año 13. Venía el Steward por la calle Ayestarán, que para entonces era una avenida peligrosa, porque a cada momento se aparecía un fotingo a todo lo que daba.&lt;br /&gt;Con la ola de fotingos que estaban entrando, había que orarse y sacramentarse antes de cruzar una calle abierta como esa de Ayestarán.&lt;br /&gt;Ese día la casualidad quiso que Rogelio El Tuerto estuviese por ahí domando un caballo con su arañita. Le estaba dando trote como a las diez de la mañana y le salió de repente aquel Steward que venía de visitar a un enfermo en la quinta Covadonga.&lt;br /&gt;El Steward rojo y blanco mató al caballo, desbarató la arañita, reventó a Rogelio El Tuerto, y después de llevárselo en claro, fue a parar al río. No se metió dentro del agua porque dio con un monte de caña brava que había delante.&lt;br /&gt;Y lo que es la vida, el chofer del Steward salió ileso. Tampoco le pasó nada al que venía al lado de Rogelio en la arañita, Villamil, el mismo desgraciado que nos había envenenado los caballos. Pero al Tuerto lo desbarató.&lt;br /&gt;En el año 16, ahí mismo en Ayestarán, mi hermano Pascasio iba saliendo con el caballo Minuto y lo cogió un camioncito que recogía ropas de tintorería.&lt;br /&gt;Minuto salió muy mal del percance, de ahí fue a morirse al potrero. Un caballo tan noble y venir a morirse por la chapucería de un fotinguero.&lt;br /&gt;Eso se vio desde el principio, que en la misma calle no cabían los coches y los fotingos. En el año 19, si no llega a ser porque toca el pito de auxilio un motorista ,me hubieran dejado muerto allí mismo en Carlos III y Ayestarán.&lt;br /&gt;Me mataban a mí o a otro cochero, o a cualquier marchante, porque se armó una bronca tan grande, que todavía no sé de dónde salieron tantos hierros, tantas piedras y tantos palos, ni de dónde sacamos nosotros tanto resuello para pelear hasta llegar casi a las mismas puertas del cementerio de Colón.&lt;br /&gt;La culpa fue de esos cabrones fotingueros, sobre todo de uno al que le decían Cheo, y su hermano Pancho Ballesteros, que eran enemigos jurados de los cocheros.&lt;br /&gt;Ese día yo había ido a Zaragoza 28, al entierro de una tía del doctor Martínez Corpa, un médico que fue dueño de varias clínicas, de la que está en Reina, la de Nuestra Señora de Lourdes en Mayía Rodríguez, la de San Juan Bosco.&lt;br /&gt;Cuando se dio este entierro, él todavía estudiaba medicina; y su familia estaba en el negocio de los camiones de hielo de La Tropical. Ellos tenían muchas amistades, así que fue un entierro lleno de coches y fotingos, que era como decir el aceite y el vinagre.&lt;br /&gt;Yo me dí cuenta de que la cosa se iba a poner mala, demasiados fotingos y coches juntos. A pesar de todo, yo tenía buenas relaciones con los Ballesteros, por eso, para evitar problemas llamé a Cheo y le dije:&lt;br /&gt;-Vamos a hacer una cosa, vamos a ponernos de acuerdo. Como ustedes traen fotingos y nosotros coches y caballos y el muerto va con caballos, no se presta que los fotingos vayan delante.&lt;br /&gt;-¿Por qué, Machito, porque tú no quieres?&lt;br /&gt;-No es cuestión de gusto, es que los animales se asustan.&lt;br /&gt;-Pues vas a tener que darle tilo a tus caballos.&lt;br /&gt;-No seas burro, Cheo, no ves que si por alguna razón el muerto para y los fotingos paran de golpe, los coches no tienen más freno que las riendas.&lt;br /&gt;-Tú lo que quieres es meterte primero.&lt;br /&gt;Tan fácil que era que nosotros fuésemos pegados al muerto y los fotingos detrás, todo el mundo cómodo y seguro. Eso estaba tan claro que hasta lo entendía un niño. Pero aquel hombre dijo que no.&lt;br /&gt;-Entonces, ¿no nos entendemos?&lt;br /&gt;-A tu manera no, a la mía sí. Y es que aquí va cualquiera, el que caiga, el que le toque, no el que esté a caballo como el muerto.&lt;br /&gt;Y como no hubo razón que lo convenciera, salimos con ese entierro a la buena de Dios. Yo iba mal, encabronado por culpa de la terquedad de los Ballesteros.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a Tulipán, que entonces el tráfico era al revés, lo mismo que en La Rosa, vino mi hermano y me dijo:&lt;br /&gt;-Macho, déjame entrar en la fila.&lt;br /&gt;En primer lugar era un coche de La Ermita, en segundo lugar era un cochero parido por mi madre, pero así y todo le dije que no, que se fuera a formar fila como cualquiera otro, que si se metía, detrás iban a aprovechar los fotingueros, y con ese relajo no se sabía a dónde iba a parar el cuento.&lt;br /&gt;Pero él cabeceó, empezó a meterse, y detrás a meterse los fotingueros; y ahí mismito reventó la discusión, las malas palabras, los insultos y las amenazas.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a Infanta para coger Zapata, ya aquello andaba del carajo para arriba.&lt;br /&gt;No sé quién dio el primer tortazo, pero aquello se puso que parecía una guerra, y era eso, la guerra de los cocheros y los fotingueros.&lt;br /&gt;A mí uno me quiso bajar del coche de un halón. Me rompió la librea; pero con la misma le grité:&lt;br /&gt;-¡Ay, hijoeputa, tú vas a saber lo que es bueno!&lt;br /&gt;Y metí mano a darle ballenazos por el lomo, pero con la parte del hierro, no con la ballena que es para los caballos. No digo yo si me soltaba. Todavía debe estarle doliendo.&lt;br /&gt;Ahí no hubo muertos, porque un motorista empezó a soplar su pito de auxilio hasta que vino la policía a poner orden. El primer policía que llegó fue uno de a caballo. Esa bronca terminó en la Audiencia.&lt;br /&gt;Mi pasajero era Vicente, dueño de un puesto de viandas. Cuando vio aquel enredo le dio por gritar:&lt;br /&gt;-¡Para, Montañés, para!&lt;br /&gt;Luego se atacó de los nervios. Decía que yo había sido el promotor de aquel pleito, que nunca más volvía a poner un pie encima de un coche, que los cocheros éramos más brutos que los mismos caballos.&lt;br /&gt;No le respondí lo que se merecía porque ese día no estaba para hacerle caso a las majaderías de los marchantes, y seguí metiéndole caña a todo el que se me arrimaba. Un piñazo de Pascasio por poco deja tuerto a uno de los fotingueros.&lt;br /&gt;A uno de los Ballesteros lo dejaron desbaratado.&lt;br /&gt;En la primera parada que tuvimos, Vicente se me tiró abajo y me dijo que seguiría a pie, que quería llegar vivo al cementerio, que de ahí en adelante nada más montaría en tranvías, que a La Huerta no volvería a llamar.&lt;br /&gt;Y pasado el tiempo visitó mi casa un pariente de mi mujer y me fijé que tenía la mano echa un garabato. Por curiosidad le pregunté:&lt;br /&gt;-¿Y a esa mano qué le pasó?&lt;br /&gt;-Esa fue una trifulca, vivo estoy de milagro.&lt;br /&gt;-¿Una fiesta?&lt;br /&gt;-No, un entierro. La mano es obra de un cochero rabioso.&lt;br /&gt;-No sería en…&lt;br /&gt;-En el entierro de la hermana de Martínez Corpa. ¿No le contaron cómo se acabó?&lt;br /&gt;El mundo entero cabe en un dedal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-4845495444406825119?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/4845495444406825119/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=4845495444406825119' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4845495444406825119'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4845495444406825119'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/choferes-contra-cocheros.html' title='Choferes contra cocheros'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-7101232047116483110</id><published>2007-11-18T07:14:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:31:49.256-03:00</updated><title type='text'>Las aguas de La Habana</title><content type='html'>Albear tiene una estatua, un parque y dos calles que llevan su nombre; y todavía es poco. La fama se la ganó bien, por poner al servicio del habanero las aguas de sus ríos y manantiales.&lt;br /&gt;Por el tiempo de España Albear inventó un acueducto que hoy todavía sigue en pie. Para llevar las aguas al interior de la ciudad, usó el canal de Vento, un cauce tan bien hecho que únicamente un desastre como el ciclón del 26 logró dañarlo, al desbordarse las aguas del río Almendares.&lt;br /&gt;La Taza de Albear era una belleza, una de las siete maravillas de Cuba. Por esa obra Albear ganó medalla de oro en París. El también tiró muchos puentes por encima de los ríos habaneros, en Luyanó, en Puentes Grandes, el famoso de Alcoy, copia de uno igualito que hay en Alicante, España.&lt;br /&gt;Y por los tantos favores de aguas limpias que le hizo Albear a la ciudad, no digo yo si merecía que le hicieran una estatua. Y hay otra estatua por hacer para aquellos que le dieron a La Habana desahogo para sus aguas sucias.&lt;br /&gt;Antes de que se inventara la primera alcantarilla, todo el mundo cogía parejo, hasta los condes y marqueses tenían que mandar a hacer huecos y tapar sus cacas lo mismo que los gatos callejeros.&lt;br /&gt;El señor Martínez, vecino de un tren de coches que estaba en Valle entre Infanta y San Francisco, tenía como 20 carromatos dedicados nada más a la limpieza de letrinas.&lt;br /&gt;Eran unos carretones halados por mulos, que tenían encima como un embudo de hierro y dos barras, y con eso sacaban el excremento de las fosas.&lt;br /&gt;En el gobierno de José Miguel Gómez, se ajustó el negocio del alcantarillado.&lt;br /&gt;Hicieron planos para ver cuál iba a ser el camino de la mierda, y, a seguidas, empezaron a romper las calles, las aceras. Si había una casa de por medio, también se la llevaban en claro.&lt;br /&gt;Trajeron unos moldes del norte y los montaron en un taller que había en Infanta y San Martín. Allí fabricaban los tubos grandísimos, y después, ¡carretón con ellos!, halados por tres mulos, porque eran pesados. Los iban sembrando en las zanjas, a una profundidad de siete metros, para que no tuviera que ver con nada.&lt;br /&gt;La tubería maestra era tan ancha, que le cabía dentro un hombre parado.&lt;br /&gt;Por esos grandes tubos viajaba la mierda, las aguas de letrinas, los baños, todo el desecho de las casas ricas y las pobres.&lt;br /&gt;Todo eso bajaba para el Muelle de Caballería, se metía por debajo de La Cabaña y desembocaba en la Playa del Chivo, que por los olores le pusieron el nombre.&lt;br /&gt;Don Pancho fue un carretonero que acarreó muchísimos de esos tubos del alcantarillado; y a nadie se le ocurrió hacerle una estatua, ni tampoco a los españoles que vinieron a trabajar al almacén de tubos, o a los que dieron tanto pico y palas y hasta se murieron de fiebres y enfermedades tropicales.&lt;br /&gt;Una vecina de La Ermita se quedó viuda en esa corrida, porque ella y su marido viajaron a Cuba embullados porque las alcantarillas darían mucho que ganar, pero él no rebasó el clima y se murió de tifus.&lt;br /&gt;Ese trabajo era peor que el de hacer acueductos, más peligroso y sucio, y como se ve por las estatuas y los nombres de las calles, menos considerado.&lt;br /&gt;Eso es como el caso de los toros y los toreros. Si Manolete merecía recordarse, ¿por qué no el toro que lo mató en defensa propia y otros tantos animalitos que fueron llevados al sacrificio para divertir al cristiano? De tener dinero sobrante yo le mandaba hacer una estatua al Isleño.&lt;br /&gt;Y volviendo a las aguas de La Habana, las sucias y las limpias, no pueden quedarse sin mención las de la mar, que tanto fresco nos dan en el verano, en las playas que todos envidian; lo mismo que ese malecón, que muchas ciudades quisieran tener.&lt;br /&gt;Debemos acordarnos más de que vivimos en una isla, que si el mismo malecón es bueno como paseo, mejor todavía lo es como madre de pejes riquísimos.&lt;br /&gt;Al final de la calle E estaban los famosos baños, que le decían de Carneado.&lt;br /&gt;Era la mar abierta, pero le habían hecho unas divisiones para que no pudiera pasar el tiburón. Ir a los baños de Carneado un domingo, llegó a ser la mejor diversión habanera.&lt;br /&gt;La Avenida del Puerto se la quitaron a la mar. Todos los escombros de la ciudad fueron a parar allí como relleno. Tanto le quitaron, que antes las aguas llegaban hasta la misma calle San Lázaro.&lt;br /&gt;Ahora le ponen nombres al fenómeno, pero lo cierto es que la mar, cuando se acuerda de esa deuda, viene por lo suyo y arrasa sin miramientos. Cuando pasa eso decimos que la mar se salió de su sitio, cuando lo que hace es regresar.&lt;br /&gt;El primer palo de atracar barco en La Habana fue el de la Machina. Se hizo tan famoso el lugar, que cuando alguien quería echar una maldición bien mala. lo que le venía a la mente era:&lt;br /&gt;-Ojalá te vea colgado del palo de la Machina.&lt;br /&gt;En la mar estaban también los caminos de Cuba, las rutas de los vapores trasatlánticos. Muchos servicios de coches los hice para recoger a alguien que llegaba de un largo viaje o de cruzar el canal desde Miami, que entonces era una aldea comparada con La Habana. También iba a menudo para llevar a marchantes que tenían boletos sacados para viajar a Barcelona, Cádiz, Veracruz. Y no solo era el que llegaba o se iba, sino también sus parientes, que venían a despedirse o a recibir a los viajeros.&lt;br /&gt;Una vez –no quisiera ni acordarme-, de la calle Infanta pidieron para recibir a uno que llegaba en vapor. ¡Las horas que pasé esperando! Hasta que viendo que no quedaba casi nadie, nada más que mi coche, le pregunto al cliente:&lt;br /&gt;-¿Y usted está seguro de que venía en ese barco? ¿No se habrá arrepentido a última hora?&lt;br /&gt;-¿Cómo va a arrepentirse, cochero, si es el capitán?&lt;br /&gt;Salían los barcos y ya no se sabía mucho de ellos hasta que llegaban al otro puerto. Cuando mi hermano embarcó para Santander, en el año 9, en La Habana se corrió que al cuarto día de salir de aquí, se había perdido el vapor.&lt;br /&gt;Mi madre pasó seis días sin dormir ni comer, nada más llorando, y no tuvo vida hasta que salió en un periódico que habían llegado a Cantabria sin novedad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-7101232047116483110?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/7101232047116483110/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=7101232047116483110' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7101232047116483110'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/7101232047116483110'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/las-aguas-de-la-habana.html' title='Las aguas de La Habana'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-4111292586071349101</id><published>2007-11-18T07:09:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:14:16.112-03:00</updated><title type='text'>Tranvías</title><content type='html'>Eran bonitos los tranvías, alegraban las calles, yo llegué a montarlos nada más por dar un paseo de noche. Y siempre les agradecí que por ellos llegaran a conocerse mis padres.&lt;br /&gt;Nunca debieron quitarlos. Eran un adorno en La Habana. Esa fue una de las pocas cosas buenas que nos trajeron los americanos con la intervención. Esto se llenó de carros y líneas. Las oficinas estaban en Reina y Ángeles.&lt;br /&gt;Los tranvías no se metían con nadie, no estorbaban a los coches. Ellos iban por su camino, de su línea no se salían, tenían que venir a chocar con él, o atravesarse para que hubiera un accidente.&lt;br /&gt;Eso sí, para manejar detrás de un tranvía, no le quedaba otro remedio que encomendarse a su suerte y esperar, así tuviera que meterse desde Palatino hasta la Esquina de Tejas detrás de un tranvía.&lt;br /&gt;En la calle 23 raramente había un choque, porque ahí el tranvía paraba en todas las esquinas; y lo que llevaba detrás era una hilera de fotingos haciendo lo mismo, nada más esperando el primer chance para irse adelante.&lt;br /&gt;Una vez iba yo por Obispo y me tocó delante un tranvía. El pasajero estaba apurado, daba con el bastón, se puso impertinente.&lt;br /&gt;-Pero señor –le dije-¿qué quiere usted, que me baje y quite el tranvía de la línea?&lt;br /&gt;-¡A pie llego primero! – me respondió y se fue.&lt;br /&gt;Pero así y todo, yendo por su línea y despacio, de vez en vez atropellaba el tranvía a un entretenido. Ese fue el caso lamentable de Juan Pedro Baró, un hombre muy rico, dueño de una manzana entera en 17 y Paseo. Tenía ingenios, era terrateniente, dueño de muchas propiedades, ¿de qué había que preocuparse con tanto dinero?&lt;br /&gt;Yo no sé en qué venía pensando cuando lo mató el tranvía. En el testamento le dejó a su cocinero una pensión vitalicia de 150 pesos que cuando aquello era dinero.&lt;br /&gt;A cada rato ese cocinero le decía a algún amigo:&lt;br /&gt;-Y pensar que todo lo que tengo se lo debo a un tranvía.&lt;br /&gt;Ingrato. A quien debía agradecérselo era a Baró. Pero lo que es la vida, al poco tiempo a él también lo mató un carro de la misma línea. Lo que el tranvía le dio el tranvía se lo quitó.&lt;br /&gt;Y otro hombre de dinero –el dueño de la Casa de las Semillas en la calle Obispo y del jardín que estaba en Domínguez y Santa Catalina-cuando se murió, dejó por herencia a sus criados jamaicanos que no les podía faltar empleo mientras quedara un centavo de su fortuna.&lt;br /&gt;Pero volviendo al tema de los tranvías: por Palatino pasaba uno que le daba la vuelta a la fábrica de cerveza La Tropical, dejaba a los trabajadores y salía otra vez a la calzada rumbo a La Habana.&lt;br /&gt;Había otra línea, Cerro-Muelle de Luz, que pasaba por la Aduana y por un puente elevado de hierro y madera que daba paso a los camiones de los muelles.&lt;br /&gt;En los meses de verano se repletaban los tranvías de la línea Playa-Estación Central. Gracias a esa línea de tranvías la calle 23, que moría en J, llegó hasta donde es hoy.&lt;br /&gt;Había línea de tranvías a Luyanó, Jesús del Monte, Lawton, Malecón, Vedado, en toda la ciudad había rutas. En algunas calles viejas todavía se pueden ver los rieles sembrados.&lt;br /&gt;Cuando más contentos estábamos con los tranvías otro cambalache de los políticos y los millonarios le dio paso a aquellas guaguas enormes, blancas, que les decían “las enfermeras”; y fue la Compañía de Autobuses Modernos, con guaguas de la marca inglesa Leyland la que acabó con ellos.&lt;br /&gt;Esas guaguas no estaban hechas para La Habana, se montaban encima de las aceras, acababan con los postes de las esquinas, y cuando a un chofer le tocaba meterse por un barrio de calles estrechas con esos monstruos ingleses, hasta de&lt;br /&gt;la Reina Isabel se acordaba.&lt;br /&gt;La competencia de las guaguas con los tranvías fue cosa de mucho tiempo.&lt;br /&gt;Las primeras guaguas fueron de madera, propiedad de Pedro Antonio Estanillo, haladas por unos mulitos chiquitos, pero fuertes, traídos de México.&lt;br /&gt;Por el año 27 vinieron los auto – car  americanos de dos cilindros. También hubo guaguas de dos pisos, otras sin techo; y por el año 28 vinieron unos Mack  rojos. Los choferes de estos carros usaban gorra militar y guantes blancos.&lt;br /&gt;Debieron haber dejado al menos un carro del tranvía como recuerdo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-4111292586071349101?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/4111292586071349101/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=4111292586071349101' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4111292586071349101'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/4111292586071349101'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/tranvas.html' title='Tranvías'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-5917631743678497973</id><published>2007-11-18T07:06:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:09:40.025-03:00</updated><title type='text'>Mercedes</title><content type='html'>A mi mujer la conocí en el año 18, cuando se mudó para el callejón de San Martín, que iba de Infanta a Ayestarán. No se me olvida que en la puerta de esa casa había una palma. Digo conocerla de trato, porque de vista ya la había mirado bastante cuando vivía en el mismo callejón nuestro que llegaba a La Ermita.&lt;br /&gt;Por una mojada grande, a su padre lo mató una pulmonía. Era un hombre fuerte y saludable, pero esa enfermedad no la pudo resistir, tal vez porque no estaba bien alimentado. Algunos vecinos dijeron que aquello no fue pulmonía, sino influenza.&lt;br /&gt;Ellos vivían en la pobreza, solo del sueldo que ese hombre ganaba dando pico y pala en Obras Públicas. Mercedes tenía 16 años, era la mayor y más bonita de las hembras. Tenía un hermano de 17, y Virginia, una hermana de 14, la única persona que he visto en toda mi vida comer pan con palmacristi como si fuera mantequilla.&lt;br /&gt;Mercedes me llamó enseguida la atención. Yo cada vez que pasaba por su casa tenía que mirarla. Y ella se dejaba mirar, como quien no quiere las cosas.&lt;br /&gt;Los dos sabíamos que nos caíamos muy bien.&lt;br /&gt;Eso lo supo todo el mundo. Mis hermanos pasaban con sus coches por el callejón y, si la veían asomada, por fastidiar, le gritaban:&lt;br /&gt;-¡Adiós, cuñadita!&lt;br /&gt;Y ella se reía. Entonces eso llegó al padre y se puso a averiguar cuál de los hijos del Montañés estaba enamorando a la hija. Y estando en esa vigilia, el pobre, tropezó con la muerte.&lt;br /&gt;Había tanta pobreza en esa casa, que cuando el padre murió, guardaron las velas de ese día y, a la mañana siguiente, las vendieron para otro muerto, porque necesitaban el dinero para comer.&lt;br /&gt;La madre también estaba enferma, y con eso del marido se puso peor. Así fue como estío se los llevó del callejón de La Ermita a vivir con ellos, para esa casa del adorno de palma en la calle de San Martín.&lt;br /&gt;Fue en ese velorio de su padre donde pude acercarme y hablar con ella por primera vez. De ahí en adelante comenzamos a tratarnos y a enamorarnos, hasta que un día le dije que habíamos nacido el uno para el otro y lo mejor sería casarnos.&lt;br /&gt;Aceptó y la boda fue el 21 en la Iglesia de los Catalanes, esa que mudaron piedra a piedra para Río Cristal. Se puso muy linda Mercedes para ese día.&lt;br /&gt;A veces ella me llega en rachas de recuerdos de aquellos tiempos felices; y la veo joven, alegre, con sus vestidos nuevos, riéndose, con el pelo largo que le llegaba hasta las nalgas, suelto como si se echara encima una manta.&lt;br /&gt;Ella fue mi única y primera novia, me dio una familia muy bonita que ya va por biznietos. Se me murió en el 94 y todavía la estoy extrañando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-5917631743678497973?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/5917631743678497973/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=5917631743678497973' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/5917631743678497973'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/5917631743678497973'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/mercedes.html' title='Mercedes'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-1980766545166132931</id><published>2007-11-18T07:01:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:06:40.084-03:00</updated><title type='text'>Cochero de otro establo</title><content type='html'>La vida no es siempre como uno la encarga, y un día, por desavenencias con mis hermanos –que no voy a detallar porque no vienen al caso- decidí irme de La Ermita y no trabajar más en el establo del Montañés.&lt;br /&gt;Cuando él lo supo, aunque le dolió, respetó mi decisión. Fue en el año 21. Me encontré con Pino, que estaba organizando un establo, y le dije:&lt;br /&gt;-Si necesitas cochero aquí me tienes.&lt;br /&gt;Pino acababa de comprar los coches de La Viajera, que estaba en Árbol Seco y Benjumeda, buenos coches que habían sido de palacios, y los de El Caballo Criollo, un establo de La Esquina de Tejas.&lt;br /&gt;El pobre Pino, y hasta yo mismo, no nos dábamos cuenta de que aquella gente estaba liquidando sus negocios porque los coches iban perdiendo la pelea contra los fotingos.&lt;br /&gt;Pino me dijo que para empezar podía quedarme como peón y si llegaba a faltar algún cochero, subiría al pescante por tres pesetas y las propinas.&lt;br /&gt;Empecé ayudándolo a montar su establo. Fuimos a la residencia de los Conill a comprarles las mantas y las ropas de los cocheros. Y tanto lo ayudé que me fui ganando su confianza.&lt;br /&gt;El sabía que yo no era nuevo en los coches, me dio un Vis a Vis con tres caballos y empecé a dar los viajes. Me mortificaba trabajar para otro establo mientras en La Ermita aumentaba el desorden, pero no tenía más salida.&lt;br /&gt;Un día se murió un niñito. Se llamaba Emilio. Tenía 3 o 4 días de nacido y yo lo había bautizado en artículo mortis. Entonces Pino me dijo:&lt;br /&gt;-Vámonos al entierro de ese niño por la tarde.&lt;br /&gt;Yo agarré mi Vis a Vis y empecé a engancharle la yegua. Entonces vino Pino corriendo que no daba más.&lt;br /&gt;-¡Esa yegua no, Machito, que es muy rabiosa! ¡Esa no sirve para entierros!&lt;br /&gt;-¿Entonces para qué sirve, Aurelio? ¿Para qué la compraste? ¿Para engordarla en los potreros o para que hale los coches?&lt;br /&gt;-¡Tú no enganchas esa yegua!&lt;br /&gt;-¡Pues sí la engancho, que para eso soy el cochero!&lt;br /&gt;-¡Lo que rompa ella lo pagas tú!&lt;br /&gt;-¡Lo pago!&lt;br /&gt;Yo me puse en candela. Si por esas cosas me había ido de mi propia casa, ¿cómo iba a aguantárselo al tal Aurelio Pino? Si no era con esa yegua no salía con ninguna.&lt;br /&gt;Cuando arrancó el entierro me dio unos volíos tremendos. Ya yo me veía pagando averías, ¡pero la dominé, carajo! ¡cómo no iba a dominarla! Regresó mansita al establo, y Pino sin querer creerlo.&lt;br /&gt;El tenía su parte de razón, pero no toda. Si ese caballo se portaba mal, podía romper a patadas los cristales de la carroza, que valían carísimos. Yo no podía pagar aquello, así que Pino me mataba si no lograba manejar la yegua.&lt;br /&gt;Ese animal había sido de Bernabé García, un guajiro altísimo y pendenciero que tenía las oficinas en Infanta y Zapata y los coches en un local de la calle Valle. Nunca pudo enganchar esa yegua a un coche suyo, ninguno de sus cocheros la pudo sacar a la calle, así que por eso la vendió.&lt;br /&gt;Yo la llevé a ese entierro, y tenía que pasar por necesidad por frente al negocio de Bernabé García. Estaba sentado allí en un banquito, echado hacia atrás, con el sombrero de castor en la rodilla. Paró la cabeza cuando vio la yegua. La reconoció enseguida y se levantó a preguntarle a uno que estaba cerca:&lt;br /&gt;-¿Quién es ese muchacho?&lt;br /&gt;-El hijo del Montañés.&lt;br /&gt;-¡Ah, carajo!&lt;br /&gt;Se quedó bobo mirando.&lt;br /&gt;-Y yo que vendí ese animal porque no me servía para los coches. Ahora veo que quien no servía era el cochero.&lt;br /&gt;Yo seguí enganchando esa yegua a los coches a pesar de su mala fama. Pino muy contento, porque ya la daba por desahuciada. Pero un día me llamó muy serio para decirme que había hablado con mi padre y que le había prometido devolverme a su establo. Yo volví porque se trataba de mi padre.&lt;br /&gt;La yegua difícil siguió dándole dolores de cabeza a Pino. Unos días después de yo dejarla, se le plantó a un cochero en el puente de Villariño.&lt;br /&gt;Había que verlo. Con bota, chaleco y fusta, ¡qué vergüenza de cochero! Tuvo que bajar del pescante y sacar al animal del trance a pié, en medio de la burla de la gente.&lt;br /&gt;Un día paso por donde habían llevado a enterrar a un hijo de un carbonero y empiezo a ver una rueda por aquí, otra rueda por allá, un coche boca abajo, el desastre. Y cuando miro al culpable de aquel destrozo, me encuentro con la famosa yegua de Pino, relinchando y pateando muy campante, como diciendo, “cualquier cochero no me hace jalar un coche”.&lt;br /&gt;En el carnaval del 23,  monté el último coche de mi vida, un Break amarillo, para pasear a la reina del carnaval del parque Havana Park. Yo decía: “no está mal, con esta belleza me despido, lo que empieza bonito debe acabar bonito.”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-1980766545166132931?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/1980766545166132931/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=1980766545166132931' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/1980766545166132931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/1980766545166132931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/cochero-de-otro-establo.html' title='Cochero de otro establo'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1751136269758611340.post-889233201576211262</id><published>2007-11-18T07:00:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T07:01:06.796-03:00</updated><title type='text'>Todo se acabó</title><content type='html'>Un día llegaron los agrimensores y empezaron a medir toda la finca.&lt;br /&gt;-¿Para qué hacen todo eso? –preguntamos.&lt;br /&gt;-Bueno, es que por aquí el presidente Machado quiere construir una avenida, y esa casa la parte en dos.&lt;br /&gt;-¡Eso está por ver! –dijo mi padre creyéndose en derecho.&lt;br /&gt;-En enero –dijeron ellos- y si tiene duda pregúntele a don Averoff.&lt;br /&gt;Averoff era el dueño de aquellas tierras, y aunque no era un santo, le había encomendado a su apoderado, Alejo Mir, que devolviera los fondos a cada inquilino y encima les regalara la casa que habitaban para que las mudaran de allí como pudieran, porque empezando el año 27,  la Loma de los Catalanes debía quedar limpia.&lt;br /&gt;Alejo Mir se calló la boca, siguió cobrando los alquileres mes tras mes, no nos regaló las casas, mucho menos devolvió los fondos. Lo que hizo fue huir con todo ese dinero embolsillado.&lt;br /&gt;La avenida de Rancho Boyeros venía de todos modos rompiendo casas, potreros, lo que se le pusiera delante. Era una gran vía que necesitaban los fotingos, y partió en dos, tal como lo habían pronosticado, el establo de La Ermita.&lt;br /&gt;Una noche, mientras preparábamos la dichosa mudada, mi padre me dijo:&lt;br /&gt;-Se acabó el establo, se acabaron los coches, se acabó tu padre.&lt;br /&gt;Yo tenía 30 años y él 63.  No pudo con tanto. Cuando vino a darse cuenta ya no había establo, sino garajes, sobraban los veterinarios y los talabarteros y los marchantes preferían hacer sus diligencias en carros modernos, rápidos y a la moda.&lt;br /&gt;Nada más quedaron algunos cocheros recalcitrantes dándole vueltas al Prado, haciendo piqueras de hambre, ganándose al desespero los centavos. Malanga y Alma Mía fueron los cocheros famosos que más duraron. Iban a buscar americanos y se los llevaban al Sloppy Joe´s Bar y a los barrios de putas.&lt;br /&gt;Malanga se puso más viejo que su coche, ya no podía con él. Alma Mía murió por la mano de un fotinguero irresponsable. Estaba dormido en el pescante de su coche y vino el chofer a hacerle la broma de tumbarlo. Le partió la columna vertebral. Lo mató.&lt;br /&gt;Estaban de malas los cocheros. Yo sabía que todo eso venía caminando desde que vi el entierro de Rodríguez el del Ayuntamniento, cuando sacaron aquel carro negro. Yo dije: “se jodieron los coches fúnebres”. Cuando vi subir a ese muerto por todo Obispo y sin caballos, ¡qué coche iba a seguirlo! Ese entierro de fotingos fue el aviso del fin.&lt;br /&gt;Yo iba detrás de Cirilo, del establo El Almendares. Iba entretenido, pensando en todo lo que se nos venía encima. En eso me salió un fotingo y no pude parar.&lt;br /&gt;Hirió al caballo y me partió las barras. Viendo aquellos destrozos, pensé en mi padre y me dieron ganas de llorar, porque era su mundo lo que estaban enterrando ese día.&lt;br /&gt;Lo mismo que los fotingos mataron a los coches, los camiones a los carromatos, las guaguas a los tranvías, las placas a los techos de viga y losa, el cine al teatro y los aeroplanos a los vapores, así mi padre se vio en ese espejo.&lt;br /&gt;Se quedaba las horas pensando. Le dio por acordarse de todos los malos tiempos que le había tocado vivir al llegar de España, los malos ratos que pasó en los tranvías, todo lo que luchó y trabajó hasta conseguir levantar su propio establo.&lt;br /&gt;Un amigo vino a consolarlo, le dijo que todavía tenía chance de abrirse paso, que se asociara a otros, que en la unión estaba la fuerza, y los tiempos que venían eran de unir capitales.&lt;br /&gt;-Hazte mi socio -le dijo con la mejor intención.&lt;br /&gt;-Socio he sido de mi mujer y de mis hijos –le respondió enmontañado – y nada más con ellos y para ellos trabajo.&lt;br /&gt;Cuando ya no tenía fuerzas para empezar de nuevo, vendió todo lo que tenía y le compró 20 vacas a un tal Robaina. Mi padre no era vaquero como Pepillo el decano de La Ermita, y como todo tiene su arte, las vacas no se le aclimataron, se le fueron muriendo una detrás de la otra. Tuvo que vender la finca para pagar las deudas. Se quedó sin nada, se le enfermó el corazón de tanto sufrimiento.&lt;br /&gt;Durante un año lo atendió el doctor Pagés. Cuando lo ingresaron, mi madre fue a ver al médico.&lt;br /&gt;-A mí con la verdad, doctor Pagés, no me engañe…&lt;br /&gt;-Juana, no te voy a engañar. Al Montañés no le quedan más que tres días.&lt;br /&gt;Estaba en el pabellón García Muñón, el primero a la izquierda entrando por Jesús del Monte. Mi madre no se iba de su lado, y al tercer día él la obligó a que se fuera a descansar un rato en casa.&lt;br /&gt;-Se acabaron las trasnochadas en el sillón, hoy te vas a descansar.&lt;br /&gt;Lo dijo de una manera que engañó a mi madre. Y ella se fue porque lo vio muy vivo y alegre. Creyó que estaba mejorando, que el médico había exagerado. A las nueve Juan Aedo, el mayordomo, le advirtió al jefe de serenos:&lt;br /&gt;-Goyo, al Montañés no le apagues las luces, y la visita que se vaya cuando quiera.&lt;br /&gt;A las once mi padre se despidió de sus amigos.&lt;br /&gt;-Ya han jodido bastante, déjenme descansar.&lt;br /&gt;Se había pasado la noche haciendo chistes, metiéndose con todo el mundo, más contento que nunca. Pero por dentro iba la cuenta de los tres días.&lt;br /&gt;Esa noche había ido a verlo Angelito, un masón que trabajaba en la American Steel. Fue el último en despedirse.&lt;br /&gt;-Tú no te vayas.&lt;br /&gt;-No jodas, Montañés, que mañana tengo que levantarme a las cuatro.&lt;br /&gt;-Es que esta noche me muero, Angelito.&lt;br /&gt;-Tú no te mueres hoy, pero mañana yo sí tengo trabajo.&lt;br /&gt;-Está bien, vete, pero cuando llegues a tu casa, avisa a la mía, porque yo voy a estar ya en capilla ardiente.&lt;br /&gt;Y cumplió su palabra.&lt;br /&gt;Mi padre tuvo un entierro de muchos coches. Fue el más triste que vi en toda mi vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1751136269758611340-889233201576211262?l=elcochero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcochero.blogspot.com/feeds/889233201576211262/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1751136269758611340&amp;postID=889233201576211262' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/889233201576211262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1751136269758611340/posts/default/889233201576211262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcochero.blogspot.com/2007/11/todo-se-acab.html' title='Todo se acabó'/><author><name>Norma Segades - Manias</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_YJrCc7ftHpk/Sv9iUhb0nSI/AAAAAAAADCg/dHOn8yJgsXI/S220/zznormaenmex723.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
